En órbita. ¿Qué mosco les picó en Quintana Roo?

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Algo no cuadra. Durante las últimas semanas son más recurrentes los supuestos diagnósticos de zika en recintos hospitalarios públicos y privados, pero los números oficiales de la enfermedad trasmitida por el mosquito “Aedes aegypti” son admirablemente bajos. Temiblemente bajos.

Quintana Roo no puede estar lleno de mentirosos hipocondriacos. Porque aun cuando han incrementado los “casos oficiales”, resulta que alguien tiene un conocido o sabe de otro padeciendo los síntomas confirmados por un especialista, aseguran.

Pero la Secretaría de Salud informó que al cierre de la semana 35 suman 52 en Quintana Roo; es decir, apenas 1.5 por semana, por lo que el estado ocuparía el séptimo lugar de 20 con este virus, según el Sistema de Vigilancia Epidemiológica.

Para ponerlo en dimensión, conviene la lista: Veracruz reporta 680, seguido de Chiapas con 547; Oaxaca con 429; Tabasco con 100; Yucatán con 76, y después de nuestra entidad, Campeche con 22. Los demás tendrían pocos.

Dichas cifras no se creen por un aparente “secreto a voces”, que no obstante nadie ha podido desvelar con el rigor que amerita una denuncia de esa envergadura. Tal vez por eso salen por la tangente: “debe ser dengue o chikungunya”, dicen con desdén, minimizando virus igualmente letales.

Autoridades y laboratoristas han explicado que la serie de análisis complica la comprobación, aunque quienes alzan la voz ven en esa circunstancia una conveniente demora. Y tienen cierta razón, ya que el problema será “de otros”.

Lo criticable, en tal caso, es que en una coyuntura de transición política las maletas de los responsables de la salud y de otras áreas ya están hechas, con todas las herramientas adentro para no combatir la propagación. “Ni fumigaciones se han visto”, advierten aquellos que recuerdan temporadas en que vehículos de Sesa recorrían las ciudades dando más tranquilidad.

Quizá aún no haya culpables, pero sí irresponsables. Cuando se activó la alerta por zika, hace ya varios meses, desplegaron una estrategia preventiva para blindar la imagen del destino turístico, pero hoy apenas hablan de una problemática en alza.

Se entiende que es prioritario cuidar la imagen, pero no se vale cuando el costo puede ser grave. Ya lo pasamos con la pandemia de influenza, cuando en todo el mundo tomaban precauciones, menos aquí, por el “qué dirán” los visitantes.

Para colmo, la situación tiene agravantes: Primero, que afecta a embarazadas, causando microcefalia y problemas del cerebro, más otros que la medicina sigue estudiando debido a la posible mutación.

Segundo, que puede trasmitirse vía sexual, y como Quintana Roo es el estado con mayor número de adolescentes embarazadas (según estadísticas de septiembre del Inegi), el drama podría ser peor.

A ello sume que no hay vacuna para prevenirla ni medicamento para tratarla. Por lo mismo, el Estado debe tomar cartas en el asunto y declarar con honestidad. Que “canten” los que puedan, aunque no deban.

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