¿Qué papel puede jugar México al frente de la OMC?

AMLO y Jesús Seade
AMLO y Jesús SeadeGraciela López / Cuartoscuro

En caso de desmoronarse, tendría consecuencias nefastas para la economía global, especialmente para México.

La pregunta que da título a este artículo surge luego de escuchar el discurso pronunciado por el presidente López Obrador durante su encuentro con Donald Trump, en Washington.

Más allá de las anécdotas históricas y las cautelosas frases para describir la compleja vecindad entre naciones profundamente asimétricas, o de los elogios almibarados para el inquilino de la Casa Blanca, resulta especialmente notable que el mandatario mexicano centrara su discurso en la importancia del T-MEC como el elemento indispensable para revertir la pérdida de la presencia de América del Norte, una “de las regiones económicas más importantes del planeta”.

“En 1970, la región representó el 40.4 por ciento del producto mundial y que, ahora, esta participación en la economía global ha bajado a 27.8 por ciento”, 50 años deficitarios que con el nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, se revertirá este desequilibrio mediante “una mayor integración de nuestras economías”.

Y el argumento salta porque a la par de promover la consolidación de un bloque económico abiertamente neoliberal con preferencias para las tres naciones y en contra de otras, el gobierno mexicano también pretende asumir la dirección de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que es, paradójicamente, el sistema multilateral para el libre intercambio de bienes y servicios, y por eso llama la atención el cruce de posturas.

Si bien la OMC pasa por la crisis más profunda de su historia que amenaza su viabilidad y la del multilateralismo, que, en caso de desmoronarse, tendría consecuencias nefastas para la economía global, especialmente para México.

El organismo ha resuelto las disputas comerciales de los 164 países que lo integran mediante el Mecanismo de Solución de Controversias y de su Órgano de Apelación que, entre otros mecanismos de negociación multilateral, ha promovido la revisión de las políticas de intercambio.

La OMC ha beneficiado comercialmente a Estados Unidos con 87 mil millones de dólares, a China con 85 mil millones, a Alemania con 66 mil millones y a México con 57 mil millones de dólares en los últimos dos años, también ha impedido que los bloques comerciales prevalezcan en el mundo y, con ello, ha frenado la hegemonía del bloque estadounidense, la del asiático o del europeo.

En noviembre de 2019, la secretaria de Economía de México, Graciela Márquez, había difundido el raro interés del gobierno por iniciar una reforma integral a la OMC a partir de tres líneas de acción.

Primero, con la transformación del Órgano de Apelación (OA), actualmente paralizado y que es indispensable para la solución de controversias. En segundo lugar, fortalecer a los órganos ordinarios para garantizar el cumplimiento de las obligaciones contraídas por los países; y en tercer lugar, mejorar los trabajos de negociación de la organización, especialmente en materia de pesca y desarrollo sustentable, así como comercio electrónico para armonizar las reglas de la OMC a las nuevas formas del comercio mediante plataformas tecnológicas.

El sistema que busca el libre comercio se creó mediante una serie de negociaciones comerciales, o rondas, celebradas en el marco del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés).

Si bien las primeras rondas se centraron en reducciones arancelarias, otras barreras y el desmantelamiento de preferencias, en negociaciones posteriores se abordaron otras cuestiones, como las medidas antidumping y las barreras no arancelarias. Con la Ronda Uruguay, entre 1986 y 1994, nació la OMC, golpeada por las naciones más poderosas, especialmente por Estados Unidos.

Con su crisis actual que llevó a la renuncia del director general, Roberto Azevedo, el gobierno de la 4T encontró la ocasión propicia para formalizar su plataforma de reforma y propuso a Jesús Seade como candidato, con el virtual apoyo de Estados Unidos que, coincidentemente, ha simpatizado con las tres líneas de reforma lanzadas por nuestro país para revitalizar a la OMC.

Ante un escenario global de iniciativas unilaterales y proteccionistas que han planteado guerras comerciales de las que México no se ha desligado, es de celebrar que nuestro país manifieste también su compromiso en favor de un Sistema Multilateral de Comercio funcional y transparente.

Eso, siempre y cuando no sea por interpósita persona, vecino, socio o nación “amiga”.

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