Candidatos presidenciales. El discurso y el método

El amor, la pureza, la diferencia y la verdad, son palabras que adquieren nuevo sentido en el contexto de las campañas presidenciales en México y surgen a partir de los discursos que pretenden convencer al votante de que las narrativas que la estrategia de campaña dicta al político en cuestión, tiene su justa correspondencia con los hechos que avalan sus promesas de campaña. 

En el fondo, es un asunto de congruencia. 

Por eso, el esfuerzo mediático se centra en desmentir esas palabras pivote que dan forma y fondo a un candidato: “Yo soy diferente”, “yo no soy político, soy ciudadano, soy puro”, “yo soy amoroso” o “yo cumplo y digo la verdad”. 

¿Y es así? 

La pureza. Gabriel Quadri de la Torre

 

El candidato de la lideresa magisterial, Elba Esther Gordillo, sostiene que es puro en más de un sentido. No es político, no conoce a Elba Esther (“es una mujer admirable”, dijo) y de llegar a la Presidencia gobernará sin compromisos ni prebendas a sus mecenas políticos. Eso dice él. 

Sin embargo, es evidente que a 35 días de la elección, este señor ha jugado a favor del candidato del PRI y en contra de los candidatos del PAN y del PRD. Baste observar la dinámica del primer debate y sus declaraciones posteriores acerca de “las coincidencias” que observa entre su plataforma de gobierno y la de Enrique Peña Nieto.

 

 

Publicidad oficial. El discurso

 

La realidad.

 

La diferencia. Josefina Vázquez Mota

 

La mayoría de los mexicanos, desconfiamos de las encuestas. En este momento, se afirma en base a éstas que la candidata del PAN va en franco descenso en la intención del voto y esto se debe a la debilidad con la que ha proyectado su imagen, a lo endeble de su discurso y a la vaguedad de sus respuestas en entrevistas que le hubieran podido redituar amplios márgenes de credibilidad y fuerza.

Más de un analista político ha comentado acerca del slogan “diferente” de la señora Vázquez Mota. No tiene sentido. No comunica nada y confunde a quien espera mucho más de la candidata del partido en el poder.

La nueva estrategia de ataque a la lideresa magisterial es un arma de doble filo. Desafortunado el timming de la ex secretaria de educación, quien ahora sí denuncia lo que en su momento no solamente avaló, sino que legitimó al ser cómplice del modus operandi establecido entre el presidente Felipe Calderón y la profesora Elba Esther Gordillo. Como todos los políticos, la señora Vázquez Mota apuesta por la desmemoria de los votantes. A los maestros, eso no se nos olvida.

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Seguimos esperando... 

El amor. Andrés Manuel López Obrador.

En un giro inesperado a su discurso, proclama el amor antes que la denuncia y la reconciliación antes que la provocación. En un país donde la impunidad es la norma y no la excepción, se propone en amor en lugar de la ley y el perdón como sustituto de la justicia. Es por eso que a más de uno desconcertó el nuevo discurso del candidato de las izquierdas.

Comentario aparte merece su acercamiento a Televisa, en consonancia a su discurso de paz y amor. A 35 días de la elección, ahora el discurso se centra en el cambio verdadero. Y es que el país, estamos de acuerdo, necesita un parteaguas que detone un nuevo y mejor modelo de país, donde la educación deje de ser rehén de los sindicatos, de los gobernadores y de los presidentes de turno.

Hay muchas razones para estar indignados, para protestar, para tomar las calles, pero también existen otras formas de lucha mucho menos estridentes: la atención a la familia, a los estudios, a los adultos mayores, a los niños, a quienes más lo necesitan. La política es sólo una forma de lograr el cambio y este es de todos.

 

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La verdad. Enrique Peña Nieto.

 

Ese es justamente el talón de Aquiles del candidato del PRI y de toda la maquinaria detrás de él: la verdad. “Te lo firmo y te lo cumplo” (¿?) y “yo sé honrar la palabra”, tienden a ser considerados más como mantras que el mismo candidato repite para convencerse a sí mismo que demostraciones de lo que será un buen mandato de llegar a la presidencia de México.

Todos los candidatos, sin embargo, adolecen de la misma enfermedad. Apuestan como buenos políticos por la desmemoria, la ignorancia y la indolencia de un pueblo que ya no da para más. La resilencia mexicana está peligrosamente al límite. Los políticos, todos, quienes persiguen el poder por el poder mismo, algunos más populares que otros, deben ser vigilados escrupulosamente al arribar al poder. Todos sin excepción.

 

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