La emergencia de AMLO como líder de MORENA, del propio partido político, de los espacios político-electorales ganados en solo dos años dentro del escenario nacional, su inicial activismo en los EUA, sus nuevas posibilidades de triunfo en la elección presidencial de 2018, han modificado la correlación nacional de fuerzas en la sucesión presidencial y provocado un reacomodo general de las fuerzas políticas, un probable nuevo agrupamiento de ellas, de las alianzas posibles, pero mucho menos hasta hoy, de  conceptualizaciones ideológico-programáticas, es decir, estamos adentrándonos en el proceso descrito en México con una dosis muy significativa de pragmatismo político. Por ello, consideramos sustantivo el esclarecimiento ideológico de uno de sus protagonistas centrales: el propio AMLO, que no necesariamente es el de MORENA.

Hay una variedad de caracterizaciones ideológicas de la praxis política de AMLO y de él como líder político, de su visión del presente y  futuro  (más allá de estigmatizaciones sin utilidad para discutir). Todas coinciden en cuatro puntos: es nacionalista, es populista, es socialdemócrata, y otra más nos dice, que es un hombre de izquierda (el populista y el socialdemócrata pueden ser considerados de izquierda, genéricamente, aunque al interior de dicho espectro, hay vertientes derechistas o cargadas a posturas propias de la ideología de derecha), y un criterio más, que afirma -y hay quienes lo sostienen aún hoy- que es un líder mesiánico, es decir, que tiene una visión religiosa de su liderazgo político al considerarse un redentor social, pero, finalmente, nos dicen, es “mesiánico y populista” a la vez. Agregaré otro criterio matizado de un viejo amigo que lo considera dentro de una corriente política surgida en el siglo XIX mexicano, luego de consumada la independencia, llamada "nacionalismo popular".

Sin embargo, no podemos dejar de considerar su condición personal de “hombre de Fe”, o como le dijo en su carta al Papa Francisco, de “cristiano” (no católico), y que plasmó con cierto detalle en su discurso del inicio de la campaña del 2012 sobre lo que denominó "La República del Amor", como ideal político para el futuro de México.

Cuatro premisas de partida: es el líder social más importante del último cuarto de siglo mexicano; es continuador como líder de la insurgencia cívico-electoral encabezada por Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas en 1987-88; él se ha asumido siempre como un político de la izquierda, genéricamente entendida (en ello, el consenso social es casi unánime), y su praxis política es congruente con dicha postura en general.

Además, ha manifestado también siempre, su identificación plena con el proceso revolucionario de 1910-17 (ha llegado a decir que restaurará la Constitución original emanada de Querétaro el 5 de febrero de 1917), y con líderes como Francisco I. Madero (más enfáticamente con él que con Villa o Zapata, por ejemplo, aunque toma el nombre de su movimiento y partido del periódico “Regeneración” del Partido Liberal fundado por los hermanos Flores Magón, la corriente más radical del proceso de derrocamiento de la dictadura de Porfirio Díaz, de tipo Anarquista, a pesar de llamarse “Partido Liberal”), y sigue siendo el único opositor que puede derrotar al grupo oligárquico en el poder (por lo menos hasta el momento y desde una ideología política diversa), en una contienda electoral limpia o con un voto masivo a su favor, e introducir como gobernante, elementos programáticos heterodoxos, distintos, a los predominantes en la actualidad, en un programa de gobierno futuro. El tema del combate a fondo a la corrupción, que es una postura pluri-clasista y sociológicamente multi-sectorial, es una bandera central en sus discursos y de su movimiento político.

Como podemos darnos cuenta, todo esto junto es muy complejo y hasta contradictorio, lo cual indica que no es fácil definir ideológicamente a AMLO, sus posturas socio-políticas, económicas y culturales (incluso, más allá de desplantes ideológicos tácticos o de los énfasis en discursos de coyuntura en momentos especiales), así lo determinan. Intentaremos, no obstante, adentrarnos en dicha problemática con objetividad.

Si nos preguntáramos, por ejemplo, sobre la ideología de Fidel Castro, diríamos con precisión que en dicho líder hay dos etapas claras: el nacionalismo de izquierda (la lucha desde la Sierra Maestra, el “movimiento rebelde M-26 Julio”, y en poco más de los dos primeros años de la revolución), y el marxismo-leninismo de 1962 hasta su muerte. No olvidar a Barak Obama autodefiniéndose como “populista”. Sin comparaciones entre líderes, en el caso de AMLO no es tan claro ese universo ideológico por la mezcolanza.

SOBRE LA IDEOLOGÍA

El tema de la conceptualización y el debate histórico sobre la ideología, es amplísimo. No podemos abordarlo aquí. Mencionaremos sólo algunos aspectos esenciales:

En términos generales, una ideología política conforma para quien la sustenta y ejercita, un juego ético de ideales, principios de distinto tipo (económicos, políticos, etc.), valores, que forman un cuerpo más o menos o muy coherente de teorías, doctrinas, mitos o símbolos propios de un movimiento social, institución, de una clase social o una serie de grupos sociales diversos cuyos intereses confluyen en ella, lo cual, explica cómo piensan y proyectan que debe organizarse y funcionar la sociedad y el poder. Por ello, las ideologías políticas se materializan en plataformas de principios, programas políticos y culturales para construir o desarrollar un cierto Orden Social. Una ideología política, por lo tanto, prefigura cómo el poder debería constituirse, funcionar y distribuirse con la sociedad, a cuáles intereses sociales debe convocar y qué fines debe concertar para tomar el poder y gobernar poniendo en práctica su programa político.

Por todo ello, no es pertinente omitir este aspecto sustancial en un análisis de la lucha por el poder, ni tampoco en los análisis políticos en cualquiera de sus vertientes, salvo que se presuma –con razón o no- el consenso social sobre dicha ideología referida a un grupo social, partido o actor político importante, lo que parecería ser el caso de AMLO, pero no es tan sencillo el asunto, porque no es lo mismo “los lugares comunes” que el análisis más preciso en su complejidad. Decir que él es de “izquierda” esclarece poco, que es “populista” o “nacionalista” también, dadas las distintas acepciones de ello. De izquierda, nacionalista, populista, socialdemócrata, y cristiano militante (escuchémoslo decir que inspira su lucha en ideales de dos sacerdotes insurgentes, Hidalgo y  Morelos), es mucho todo junto. Dice también, que se inspira en “Benito Madero Cárdenas”. Esta amalgama ideológica ¿tiene que ver en lo complejo que es el trato político con él?

LAS IZQUIERDAS DE HOY

Partimos de cuatro premisas centrales: no hay neutralidad ideológica, ni fin de las ideologías, y éstas últimas hoy difícilmente se expresan en términos “químicamente puros”, se han inter-penetrado entre sí (antes, también sucedió), en algunos casos más que en otros, además, de estar vigente la división fundamental de los espectros políticos nacionales: la izquierda y la derecha, sin estigmatizaciones para ninguna.

La diferencia fundamental entre una ideología de izquierda y otra de derecha o conservadora  es el tema de la desigualdad social existente, cómo la explican, y el rango de importancia que le dan al tema dentro de su ideología política, para que tal desigualdad desaparezca o se preserve, e incluso, crezca. Por ello, los movimientos de izquierda se asocian indefectiblemente al cambio social de fondo (como rupturas o procesos evolutivos) contra las profundas desigualdades de las sociedades contemporáneas, pero también, en la ampliación progresiva de los derechos que permitan influir en la conducción y decisiones del Estado, es decir, en un marco libertario, no dictatorial, y manteniendo en lo sustantivo dicha identidad, fuera de una simbiosis con la derecha, con sus grupos sociales impulsores y beneficiarios de dicha desigualdad social. Salvo que se renuncie a las banderas originarias, fundantes. En tal supuesto, el movimiento se vuelve uno de tipo político por ocupar el poder, pero no por el cambio social. La diferencia: el programa de las transformaciones.

La izquierda política se divide en diversas ramas político-ideológicas, sobre los principios mencionados y otros. Las cuatro vertientes fundamentales son: la izquierda democrático-reformista; la izquierda revolucionaria; la izquierda cristiana (dentro de ella, está el Evangelismo como praxis sociopolítica desde una doctrina religiosa) y la izquierda nacionalista. El populismo (desde el ruso al latinoamericano), tiene también una vertiente de izquierda (y otra de derecha), así como, una corriente de neopopulismo. Pero no hay consenso en que sea propiamente una ideología.

Muy probablemente, omitiendo a la “izquierda revolucionaria”, al “populismo de derecha” y al neopopulismo, todas las demás vertientes izquierdistas ocupan un cierto espacio en el pensamiento y praxis ideológico-política y programática de AMLO.

Esta praxis política de las diversas expresiones de la izquierda, materializa sus formas y contenidos sociales concretos conforme a dos factores gravitacionales: el contexto histórico y las particularidades nacionales, como elementos diferenciadores.

La ubicación  específica dentro del espectro político de las izquierdas, tiene que ver con tres cuestiones fundamentales: cómo y con quiénes (socialmente) se organizan para luchar por el poder (composición social del partido o movimiento); cómo y por qué medios pretenden llegar a ocupar el poder del Estado; y qué programa se proponen aplicar,  así como, quiénes serían sus beneficiarios sociales y políticos principales. Ello, hacia el interior de sus espacios nacionales y hacia la esfera internacional.

¿Será que las dificultades políticas para el entendimiento y praxis conjunta con AMLO-MORENA (cuando no se acepta o no conlleva la incondicionalidad política que lo facilita todo), es lo que puede explicar, aunque sea parcialmente, dichas dificultades, dadas las ideologías convergentes  de distinto signo político presentes en él?, porque esto impacta y marca directamente los términos del ejercicio de su liderazgo. Ante esta complejidad, se está respondiendo con un muy alto grado de pragmatismo y subjetivismo político que deja intacta la problemática de la ideología política frente al poder, frente a la actual hegemonía neoliberal. No olvidar que la lucha fundamental por el poder es la lucha ideológico-cultural. En tal sentido, la disputa política es construcción hegemónica siempre, no determinismo. Es articulación de una nueva voluntad general para hacer algo distinto. Desde las izquierdas, democratizar al Estado y distribuir la riqueza. Ello, “frente a la ley de hierro de las oligarquías”. Cancelar la alteridad es en el fondo aceptar el fin de las ideologías. En el rechazo de esto, AMLO lleva la delantera con mucho, aunque con una estrategia confrontante, difusamente en lo ideológico y con inconsistencias programáticas

Seguiremos bordando sobre esta temática sustancial.