Llega el esperado pragmatismo de la izquierda

Con la vorágine poselectoral que está provocando Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a través de la impugnación político-mediática del resultado que le salió negativo de la elección presidencial, la izquierda mexicana que se aglutina en busca de una supervivencia con posibilidades de interlocución, no atada al destino de su ex candidato presidencial.

Para propósitos electorales la coalición Movimiento Progresista, empieza ahora a tomar su rumbo, mismos que parece no coincidirá con el de AMLO.

Presintiendo el fracaso del del Juicio interpuesto por AMLO, y por ende, de cuál será la resolución del Tribunal Electoral, que no podrá ser otra que declarar la validez de la elección y que Enrique Peña Nieto será Presidente Electo, los principales grupos al interior del Partido de la Revolución Democrática (PRD), están dando señales muy claras de que reconocerán el veredicto de la máxima autoridad jurisdiccional en la materia.

Se perfilan dos grandes corrientes que aglutinan a las principales tribus perredistas, la de los “chuchos” o Nueva Izquierda y la de los “bejaranistas”, que serán justamente las que definirán las principales posiciones partiditas. En este momento, las coordinaciones de los grupos parlamentarios, que todo indica se las repartirán entre las mismas, en la Cámara de Diputados, un diputado muy experimentado con buenas relaciones con los “chuchos” y los bejaranistas, y el güero Javier González Garza, en el Senado de la República, por los afines al bloque que encabeza Rene Bejarano y Dolores Padierna.

Los mensajes para deslindarse de AMLO y de sus seguidores más radicales, son cada vez más frecuentes y consistentes, señalando claramente que no lo seguirán en un posicionamiento radical e intransigente, para el caso muy probable, de que el Tribunal Electoral le dé un revés en su determinación final de la contienda presidencial.

Y por supuesto que en lo absoluto estarían dispuestos a renunciar, a las posiciones ejecutivas en gobiernos estatales, Miguel Ángel Mancera, Graco Ramírez y Arturo Núñez, así como  municipales que ganaron en la misma elección, como tampoco a las importantes bancadas que tendrán en ambas Cámaras del Congreso de la Unión.

Es un pragmatismo, aplicación sin temor de lo que indica la real politik,  de la izquierda que tiene sustento en la realidad jurídica y política. Pero además, con la responsabilidad de capitalizar y representar los 16 millones de votos que recibió la izquierda el pasado 1 de julio.

Seguramente que AMLO se quedará únicamente con el respaldo de los grupos más radicalizados que le siguen ciegamente, integrados principalmente en el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) y algunos cuadros de los Partidos del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC).

De tal suerte que entre “chuchistas” y “bejaranistas” se dará la disputa  por las posiciones de poder en el principal partido de la izquierda mexicana, pero por la actitud que han mostrado, tal parece que no tendrán problemas para relanzar los fuertes liderazgos que también tienen. Como por ejemplo en la persona de Marcelo Ebrard o el nuevo y vigoroso de Miguel Mancera o Arturo Núñez Jiménez.

El pragmatismo que se construye es sin duda, el de una izquierda mexicana contemporánea. Una actitud política de congruencia con una realidad nacional que, simplemente, no volvió a favorecer a AMLO en su aspiración presidencial.

Chuchos, bejranistas, amalios, y en su momento Beto Anaya y el títere de Luis Walton, de MC, se plegarán a lo que la ciudadanía reclama ya con fastidio.

Que se deje llegar con limpieza al ganador, Enrique Peña Nieto, y a preparase los izquierdistas para sus siguientes batallas.

El DF, Tabasco, Morelos y muy importantes bancadas en el senado y en San Lázaro para la izquierda, bien valen una Misa.

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