Los polvos de la ira (*)

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El 9 de octubre del 18 publiqué un artículo en el que afirmaba que AMLO era un animal político de las plazas públicas. En este texto se contienen dos cuestiones muy importantes: el contacto con grandes sectores del pueblo, su fuerza principal del presidente, y la idea de que en estos espacios la confrontación política con la burguesía la daba por abajo, por arriba, pero desde abajo. Esta es la diferencia entre quienes atienden los asuntos desde las esferas burocráticas, desde sus pequeños cotos de poder, y el presidente que siempre está en contacto con la población. No entender estas cuestiones básicas es lo que está llevando a los críticos de todos los signos, a inventar derrotas y entreguismos por parte del gobierno federal. Hablan sin mayor fundamento de que el acuerdo firmado entre el gobierno de EU y el de México es “un conflicto entre una burguesía imperial y una burguesía dependiente” que no hay que avalar “con gritos de Viva México” O sea….. ¡Hay que aplaudir el simplismo!

¿Cuáles son los argumentos de las personas que afirman que el gobierno de Trump “dinamizó al gobierno mexicano al son que quiso y lo colocó, objetivamente, como factor incidente en las próximas elecciones en Estados Unidos, …que el 5 % en los aranceles no se aplicaría, pero fue manejado como chantaje, ante el cual el gobierno mexicano respondió sólo a la defensiva, no manejó temas como la diversificación comercial, la aplicación recíproca de tarifas, el tráfico de armas de EU” ¿Es esto lo que ha despertado la “ola patriotera, lo que no favorece el avance del movimiento popular, lo que oculta los esenciales y estructurales problemas de los trabajadores mexicanos” ¿Es esto verdad? ¿O son afirmaciones a base de supuestos que no pueden comprobar los críticos por sistema?

A estos señores nada les acomoda, no hacen otra cosa que afirmar que todo lo que hace el presidente y quienes lo apoyan, solo sirve al capitalismo dependiente. Piensan que el 84% de los que se pronuncian a favor de estas políticas somos una bola de ignorantes y de estúpidos que no sabemos distinguir las políticas que sirven a la gente y  las que sirven a la burguesía imperial. ¡Se equivocan! Los que hablan y piensan así es por resentimiento y amargura, no digieren que un demócrata sin pretensiones teóricas, pero con gran conocimiento de las necesidades del pueblo y de la política, les haya enseñado cómo se gana a la gente. En cambio, sus críticos no han estado a la altura de las circunstancias.

Es obvio que estos señores respiran por la herida. No le acreditan ni le acreditarán ningún éxito al gobierno. Seguirán montados en sus frustraciones y seguirán haciendo una política ajena a los intereses del pueblo que dicen representar. No son casuales sus derrotas, su alejamiento de los sindicatos, de los amplios sectores de la población. El pueblo los está colocando en la marginalidad política, no influyen ni crecen en los espacios donde trabajan los obreros y los campesinos. No están de acuerdo con la cancelación del aeropuerto de Texcoco, con el de Santa Lucía. Están en contra del Tren Maya, con el transpacífico, con la regulación de los salarios de los funcionarios públicos, hicieron una gran alharaca contra la Guardia Nacional, hablaban y siguen hablando de que se está militarizando el país. Criticaron la suspensión de los apoyos a las mafias que traficaban en las estancias infantiles, y ahora, en el colmo de su insensatez, hablan de que el gobierno de la república se dobló ante las políticas arancelarias que Trump intentó aplicarles a los productos mexicanos destinados al mercado de los Estados Unidos.

Dice Trump que hay acuerdos secretos entre los gobiernos de EU y México y que en el momento adecuado los dará a conocer. Ya ha sido exhibido por el WP de que el papelito que muestra es el mismo del que ha informado el canciller de México, La locura de Trump es capaz de esas y otras invenciones. Lo que sí sostengo, es que en el acuerdo bilateral todo ha sido informado, no hay nada oscuro ni nada que confirme las críticas de personas y grupos de uno y otro signo

Y no se trata de aplaudir, como algunos erráticamente afirman. Se trata de analizar objetivamente lo que estaba y sigue estando atrás de las amenazas arancelarias y políticas del presidente de los Estados Unidos. Hay que dejar a un lado los polvos de la ira y aplicarse en la construcción de esa fuerza a la que le apuestan los cambios de los que hablan de manera recurrente. Hay que ponerse a organizar a los trabajadores en lugar de andarse batiendo en guerritas simuladas. El enemigo de los quejosos no es el gobierno de AMLO. Su verdadero enemigo es otro y de él no hablan ni para bien ni para mal. ¡Lástima, Margarito!

(*) El título de este artículo es de un capítulo del libro El otro México de Ricardo Raphael

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