Columnas

Ingeniero Forestal, habla inglés y con 35 años gana sólo 8 mil al mes

Ingeniero ForestalEspecial

"Cuántos Cecilios no habrá en este México de tantas cosas injustas"

Irreverente

Les platico: se graduó con las mejores calificaciones de su generación en la Universidad Indígena Autónoma de México.

Fue uno de los líderes operativos del Inventario Nacional Forestal y de Suelos, que se levantó en el país en el año 2011 y hoy tiene a su cargo el cuidado, el riego y el mantenimiento de un rancho de 60 hectáreas, productor de aguacate en Xalisco, Nayarit.

Comparte esa responsabilidad con cuatro jornaleros, de los cuales me insistió que no es su jefe, porque aunque en el organigrama parece que sí lo son, el ingeniero Cecilio Jiménez Romero los trata como iguales.

Me los encontré a él, a su esposa Indira López González y a su risueño hijo, Juan Ángel de 3 años y medio, sentados los tres en una peculiar banca de la plaza frente a la Catedral de Tepic. Peculiar porque tiene en el centro una figura vaciada en bronce de un hombre viendo sonriente un celular.

En serio, eran los únicos que utilizaban tapabocas entre el gentío dominical de este tradicional paseo dominical de la capital nayarita.

Juan Ángel también traía el suyo pero se lo quitó para lucir su sonrisa en la foto que les tomé después de platicar con ellos.

Cuando le pregunté a Cecilio por su trabajo me respondió: “no lo va a creer, pero soy ingeniero”.

Y dirigiéndome a Indira -su esposa- le respondí: “cómo no le voy a creer, si tiene una pinta de ingeniero que se le distingue a 100 metros”. Obvio, le dije esto cuando a prudente distancia les pedí que -nomás para otra foto- se quitaran momentáneamente los cubrebocas.

Columnista y familia del ingenieroEspecial

Y así, de su timidez inicial, éste ingeniero mexicano de 35 años que tiene un sueldo de 8 mil pesos mensuales, pasó rápidamente a una interesante conversación sobre su trayectoria desde que era estudiante en su natal Atonalisco, el Nayar, Nayarit.

El talento brilla en sus ojos y aunque me dijo que le agradece por su trabajo a Dios y a su patrón -que es de Zapopan- creo que merece una suerte mejor.

Desde el cercano poblado de Xalisco, viajó con su esposa y su hijo en un camión que de tanta parada que hace, se lleva una hora y media o más para moverse hasta Tepic.

Su domingo -y su economía- no da para más que una vuelta por el centro alrededor de la Catedral, una modesta comida en el mercado, unas golosinas para el “tranquilito” de Juan Ángel y de vuelta a la casa.

Cuando este artículo haya sido publicado, ya tendrá un montón de horas de haberse levantado y de estarle dando al rancho, cuidando los aguacates que ya están listos para comercializarlos.

Indira se habrá tomado con él la taza de café con que lo acompaña todas las mañanas antes de despedirlo en la puerta y de hacerle la señal de la bendición a sus espaldas para que le vaya bien y regrese a ella y a su hijo también con bien.

Y como aún no amanece, después de darle un beso a su marido, volverá a su cama a arropar de pasada a Juan Ángel, porque las noches y las mañanas aquí en Nayarit son frescas, tirándole a frío.

Después, mientras Cecilio está en faena, ella a ayudar a tener la casa limpia, ordenada y bien administrada para que los 8 mil pesos al mes les sigan alcanzando para vivir.

Durante nuestra charla, en ningún momento les escuché quejarse de la situación. Aún con el tapabocas puesto, adiviné la apacibilidad del sus rostros. Más bien les vi agradecidos por tener vida, salud y trabajo.

Fui yo quien le pidió a Cecilio sus datos profesionales con la intención de publicarlos y ver si alguien de entre mis lectores, tiene un puesto que compense de mucho mejor forma el talento y la preparación de este ingeniero mexicano.

Entonces, le pedí permiso para hacerlo, y con una sonrisa leve en forma pero gigante en su pensamiento y en su corazón, me dio las gracias. Cuando me despedí de ellos, un halo con los colores del arcoiris coronaba la cúpula más alta de la Catedral.

Había tomado esa foto mientras caminaba hacia la plaza donde me los encontré. Además de las que les tomé, envié esa al celular de Cecilio y al sonreírse cuando las vieron todas, quise darle al momento algo de misticismo.

“Es que va a hacer frío a la noche”, le dijo quedito Indira a Cecilio.

CAJÓN DE SASTRE

“Qué linda historia nos acabas de platicar. Cuántos Cecilios no habrá en este México de tantas cosas injustas y tantos que creen merecerlo todo haciendo alarde de lo que hacen desde la seguridad de un sueldo que a veces ni merecen”, dice lrreverente mi Gaby.

PD: Cecilio Jiménez Romero.

Celular: 311 372 4579

e-mail: [email protected]

Facebook: chilo Jiménez