¿A quién le conviene un periodista muerto?

Una de las premisas de Julio Scherer durante su vida ha sido: “Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”, frase que tomó relevancia cuando la revista Proceso publicó una con “El Mayo” Zambada, efectuada por él mismo.

 

Siguiendo la lógica descrita por Anabel Hernández en su libro “Los señores del narco” esa entrevista se pudo haber dado derivado de los siguientes hechos.

 

a) Personal de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) salen a marchar en protesta por la corrupción de sus altos mandos, estructural e institucionalmente eran parte de la PGR, en la realidad obedecían a gente cercana a Genaro García Luna.

 

b) El día 19 de Octubre de 2009 agentes federales detienen al “Rey” Zambada, hermano de “El Mayo”, se dice que en una suerte entre traición por los malos tratos a los agentes y agentes honestos que cumplían con su labor, además de policías capitalinos llevando a cabo su deber. Antes de la detención el “Rey” habría pedido auxilio a Edgar Bayardo, personaje cercano a García Luna, aquél nunca habría acudido al llamado.

 

c) El día 4 de Noviembre de 2009, días después de la detención del “Rey”, en un supuesto accidente aéreo muere Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos, ambos personajes de “primer nivel político”. Explosivo C4 en el avión. “El Mayo” habría afirmado: “por eso tengo comprado al gobierno”. Mouriño era el pago por la detención de su hermano.

 

d)  El día 21 de Noviembre de 2009, 17 días después de la muerte de Mouriño, supuestamente se suicida en una casa de seguridad Jesús Zambada, testigo protegido, hijo del “Rey” Zambada, y sobrino de “El Mayo”; habría sido detenido junto con su padre un mes antes.

 

e) El día 1 de Diciembre de 2009 es ejecutado Edgar  Bayardo, testigo protegido de la PGR, ex funcionario de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, supuesto protector de gente del Cartel de Sinaloa y quien no acudió al llamado del “Rey” cuando se le pidió, personaje muy ligado a García Luna.

 

d) En Abril de 2010 la revista Proceso publica una entrevista que concedió “El Mayo” a Julio Scherer.

 

FUENTE: http://lacolumna.files.wordpress.com/2010/04/scherermayo.jpg

 

Todos estos hechos llevaron a que sucediera lo imposible, un capo de la mafia le otorgaba una entrevista a un periodista.

 

No podía ser, se suponía que esos narcos mataban a los periodistas, los homicidios a raudales de estos profesionistas era cosa de esos gángsteres.

 

La entrevista parecía decir: “Sigamos con este juego de delaciones y muertes, y yo puedo hablar” con firma de “El Mayo” Zambada, con destinatarios en el gobierno y las cúpulas de poder.

 

Si era de esa manera, entonces ¿a quién le conviene la muerte de un periodista?

 

La pregunta vuelva a la palestra ante el asesinato de la corresponsal de la revista Proceso en Veracruz, Regina Martínez.

 

Su homicidio no fue un hecho casual, ni el garbanzo de a libra, ni una tentativa de robo o robo, como de primera instancia justificó el gobierno de Veracruz.

 

Su muerte fue la de las ejecuciones sistemáticas contra personas que subvierten el discurso del poder, desenmascaran las lógicas de esos sistemas perversos de control social.

 

En especial, la de Regina Martínez, no es una muerte tan simple, no, es una muerte elaborada, ejecutada con toda intención, es cercana, todo homicidio por asfixia tiende a mostrar una cercanía victima-victimario, aunque esta no sea real, de manera general el agresor asume una posición de superioridad con su víctima. Verla y sentirla morir, acallarla, implica mucha violencia y muestra poder sobre el cuerpo de esa persona.

 

El asesinato de un periodista no puede inscribirse solo en la descomposición de un país, de una sociedad o de un gobierno.

 

El asesinato de un periodista corta de facto los lazos de comunicación de una sociedad con sus formas de gobierno, con “las estrategias de poder”, ya que ellos siempre tan omisos y nosotros siempre tan ignorantes nos vemos en la imperiosa necesidad de tener la certeza de nuestro devenir, esa certeza la suelen dar los periodistas, deconstruyen el discurso, dicen lo que aquellos callan.

 

No los comunicadores, esos seres pusilánimes que desde trincheras cooptadas pretenden imponer la realidad de sus consorcios, se supeditan al dinero, al capital, son “chayoteros”. Desde sus oficinas de lujo olvidan andar a pie como los periodistas que piensan “al andar se hace camino”.

 

La muerte de un periodista no solo es silenciar su palabra, sino también es mandar un mensaje triangulado, te digo Juan para que entiendas Pedro: “prohibidos los discursos contra el poder”.

 

¿Quién jaló el gatillo? ¿Quién la mató? Eso puede ser lo de menos, cualquier joven sicario, cualquier aprendiz de matón, cualquier político hijueputa. Lo importante es que esa muerte la ejecutó ese hato de criminales que está en el poder, que hipócritamente dicen que se harán valer de la ley; yo tampoco les creo.

 

El asesinato de un periodista no solo desenmascara a los políticos, a los delincuentes, desenmascara a sus propios “jefes”, esos medios de comunicación “que mienten callando tanto como mienten diciendo”, según Eduardo Galeano.

 

La muerte de un periodista les conviene a los tiranos, a los dictadores, a los gobernantes quinta, a los mafiosos (que no a los delincuentes insignificantes, que no leen, sino a los que organizan de forma legal-ilegal sus crímenes), que intentan arrancar la palabra, imponer el silencio, unificar los criterios de opinión, sino alcanza la plata que sobre el plomo.

 

Muerte, muertes, las de los periodistas, que son como una alegoría, metáfora, como el asesinato de Regina Martínez, donde el victimario-Estado-poder ejerce su brutalidad-barbarie sobre la víctima-cuerpo-sociedad-sujeto.

 

Aun así: Hoy ellos están muertos, sin embargo, “hermanos, no morirá la flor de la palabra”.

 

Enrique Zúñiga       @Zuva16

 

 

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