Lo único que hemos perdido, es el miedo

Hace un año recibí una carta de Karen Ángel Sosa, una hermosa muchacha, sobrina mía. Me sorprendió que siendo intrépida como es y viajante frecuente por el país y por otras partes del mundo, me dijera que ella y su madre, eran presas del miedo. De pronto no entendí de qué me estaba hablando, jamás les había escuchado algo parecido. Pero sentí al través de su carta, que su ánimo estaba violentado y pensé, que unas palabras mías podían aligerar un poco su pena. Me puse a escribirle una carta que a continuación reproduzco, porque lo que estamos viviendo hoy, confirman las razones de los miedos de Karen. Lo hago convencido de que los planteamientos de #YoSoy132, están poniendo, ante los ojos de la Nación, algo que nadie se había atrevido a decir con todas sus letras y que hoy, es mucho de lo que mueve nuestra conciencia

Supongo que nadie ignora que vivimos una descomposición social. La vida pública y privada la han degradado los gobernantes y las mafias que padecemos. Karen, su hermano y seguramente miles de jóvenes, les gustaba acampar a la orilla de los lagos, de los arroyos. Me consta que ella, Erik y otros amigos, caminaban por los cerros y cañadas que vieron parir a los integrantes de esta familia. Como campesinos hicimos de esas veredas, los espacios vitales de nuestros andares juveniles. En esas crestas y barrancos aspiramos el aire limpio y transparente que nacía de esos recovecos agrestes. Era un placer levantarse temprano para ir ordeñar a las vacas. Por desgracia hoy, un puñado de cuatreros de la política nos ha arrebatado todo eso y más. Ya no se puede andar por caminos ni carreteras. Rancherías, pueblos y ciudades se han convertido en lugares donde anida la inseguridad, la violencia y la muerte. Todos los días sabemos que jóvenes, hombres y mujeres, han sido levantados por no se sabe quién o han sido cruelmente asesinados. Pero, dicho esto, ¿cuál es la liga que mis lectores encuentran con la carta? Aquí la explicación

“Hoy me entero que en tu espacio  se apagó la luz, que la oscuridad se apropió de tu ánimo, que te sientes sola y que tienes miedo a los atropellos del hombre, que tienes temor de quienes sin ética y mínima misericordia, echan a sus  gorilas a golpear y humillar a la gente. Entiendo además, que has descrito  un fenómeno social angustiante, repetido por todo el país y enormemente cierto. Estamos viendo que nuestra sociedad está empeñando su futuro a funcionarios ineptos, cobardes y mediocres, que solo infunden miedo y hacen de la  impunidad su modus operandi. Pero parte de lo que nos pasa, mi hermosa Karen, es culpa de nosotros. Como sociedad hemos permitido que millones de mujeres y hombres apenas sobrevivan al hambre, al desempleo, a la mediocridad, sin sufrir ninguna alteración emocional. Hemos permitido que los rufianes dirijan este país sin manifestar de manera suficiente la necesidad de construir otro mejor, para no quedarnos solo con nuestro encabronamiento. Por las calles de México han sido quedados cincuenta  mil cuerpos de niños, mujeres y hombres que fueron asesinados por los criminales y por los cuerpos militares, y no hemos levantado la voz como se debe para exigir justicia. Han asesinado y violado derechos humanos a maestros, intelectuales, a mujeres y a hombres de la cultura, y sus centros de trabajo y nosotros, la gente, apenas hemos denunciado estos terribles atropellos.

Ya hubo tiempos en que los poetas percibieron que la violencia puede crecer si la fuerza salvaje del poder no se denuncia y se para a tiempo. Bertolt  Brecht puso el dedo en la llaga cuando reclamaba a la sociedad que fuera sorda y muda ante la prepotencia y el crimen que estaba cometiendo el nacismo alemán. No hubo protestas de muchos cuando los SS se llevaban a la muerte a los líderes y a personas del pueblo. Cuando los mismos esbirros vinieron por los últimos, ya no hubo nadie que protestara. Algo de esas noches de terror estamos empezando a vivir. Digo empezando, porque los “dueños del poder” hoy están exigiendo que haya leyes para proteger a los esbirros y al Estado para seguir en la impunidad, atropellando y matando, en lugar de hacer leyes para proteger a los ciudadanos. Estamos huérfanos de todo, excepto del poder que subyace en nosotros cuando aprendamos a tomar decisiones que le cambien el rostro al país.

Yo tengo claro que tu miedo, mi querida sobrina, es un miedo colectivo, social. Comprendo tu angustia y tu soledad porque en la pregunta de Efraín Bartolomé, poeta atropellado por los gorilas de Peña Nieto y de Marcelo Ebrard, éstos no le respondieron de si ¿Realmente estamos tan solos? ¡Sí creo que hoy lo estamos porque hay millones de sordos y mudos que no reaccionan ante las injusticias. Necesitamos pasar de la inseguridad y la violencia que vivimos, a un Estado de bienestar, de trabajo, de paz y de equidad. ¡Es urgente hacer de México un país habitable!

Quisiera compartir tu angustia diciéndote que pronto esto puede cambiar. Pero no será como resultado de milagros inexplicables ni de dádivas que nos avienten los que hoy detentan el poder. Tendrá que ser resultado de nuestro trabajo, de nuestra participación y de abrazar un Nuevo Proyecto de Nación. Conozco tu posición sobre estas cuestiones y eso, mi hermosa sobrina, es la parte principal de mi mensaje. Vamos a lograr cambiar a México y todos, en su nivel y en sus posibilidades, llevaremos  prendido en la conciencia el orgullo de saber que hicimos del miedo y del hambre, la catapulta que impulse el cambio para darle a la nación un rostro diferente. A eso aspiro y a eso te llamo, a trabajar por el cambio para salir del espanto y del terror que hoy sufrimos tú, tu madre, yo y millones de mexicanos. Dejemos atrás nuestros miedos y demos el paso que nos falta por darnos organización, desarrollar nuestra conciencia y librarnos de los imbéciles que nos gobiernan. En las manifestaciones contra la imposición, en las calles y plazas de México  pude ver que miles y miles de jóvenes rebeldes están contra la imposición, contra el fraude electoral y contra los corruptos. Ya no queremos una sociedad gobernada por una bola de delincuentes, vividores  y prostitutos de la democracia. Como miles, tú, tu madre y yo, hicimos nuestro el grito de #YoSoy132. ¡Ese grito hoy recorre el país! Habla de que “mucho nos han arrebatado, pero lo único que hemos perdido, es el miedo”    

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