¿2012, una batalla perdida?

La estrategia priista fue exitosa y el exito de la maquinaria electoral contundente.

Las grandes hazañas llegan después de haber sorteado un sin fin de batallas, algunas de ellas con victorias que alimentan la confianza de saber que las cosas se han hecho bien; pero otras, con derrotas que permiten identificar los errores propios y los aciertos o estrategias del adversario.

Así será recordada esta elección, como una batalla más hacia la gran hazaña que los mexicanos merecemos y esperamos. Para algunos, este 2012, tendrá un sabor de victoria, especialmente para los partidarios y militantes del PRI porque su estrategia a fin de cuentas dio los mejores resultados. Del Revolucionario Institucional, debo reconocer especialmente su capacidad de organización, ellos mejor que otro partido supieron desplegar a un número sin precedentes de promotores del voto hacia sus candidatos de elección popular y especialmente hacia el Lic. Enrique Peña Nieto.

Al hacer este reconocimiento, no significa que esté de acuerdo en la manera en la que se promovió el voto a favor del candidato presidencial tricolor o hacia algunos otros candidatos del mismo partido. Personalmente conozco muchos de los mecanismos que utilizaron para fomentar el voto a su favor y a pesar de que algunos no fueron los más éticos ni legales posibles, les funcionó.

El PRI comenzó la construcción de esta elección hace más de 6 años, a través de redes ciudadanas, empresariales, políticas y legales. Ellos apostaron por todo y no dejaron de lado ningún detalle porque se rodearon de algunos de los mejores en su ramo. Invitaron a su proyecto a expertos en imagen pública, se allegaron de grandes asesores políticos, tenían de su lado el trabajo de buenos mercadólogos políticos y además se aliaron con el gran poder de México: Televisa. Ese medio de comunicación puso al servicio del PRI su mejor contenido operativo para promover a un partido que hasta el 2006 agonizaba por el gran descrédito que tuvo en las últimas 4 décadas. Los priistas se rodearon de los “mejores”, hasta de aquellos que son los mejores en corromper, aunque eso jamás se comprobará ya que como los más hábiles, no dejaron que nadie los asustara.

Ese fue el PRI de este 2012, un PRI perfecto. Y no, no soy ni cerca un priista adulando al partido, mucho menos me deslumbra el trabajo que hicieron. Si digo que fue perfecto, es porque todo les salió conforme a su delineado plan. Pocos fueron los detalles que se les escaparon, solo tropezaron en aquellos terrenos no controlados, en donde su candidato denotó la fragilidad y tibieza que le caracteriza.

De ellos, quienes están a unas horas de celebrar su victoria, aprendí mucho en esta derrota que también siento mía. Me duele aceptar todo esto, me duele analizar las estrategias que utilizó el PRI. Pero creo firmemente que si la ciudadanía quiere ser el fundamento de esa hazaña anhelada por el pueblo de México, debe prepararse con mayor vocación para enfrentarse a ese PRI. Creo en la sabiduría del pueblo mexicano y en que cada día estamos trabajando para que los mejores estemos de este lado.

Quiero también agradecer al que considero el mejor líder social que hoy tiene México. Gracias a Andrés Manuel porque con su pasión por México, su entereza política y especialmente con sus defectos, despertó más conciencias de las imaginadas. Despertó nuevamente toda clase de sentimientos y su legado ahí quedará, a pesar de que nuevamente la historia le negó el lugar que sin duda le gustaría ocupar.

Esta vez siento que los anhelos de muchos mexicanos están defraudados, pero nuestra pasión, disciplina y educación serán la base para convertirnos en el motor del México justo que todos deseamos.

A todos aquellos que como yo sienten que se perdió una batalla, les suplico que no se rindan, no se desanimen y especialmente mantengan la frente muy en alto, porque nosotros pudimos errar en nuestra estrategia, pero jamás lo hicimos con la finalidad de lastimar a nuestra amada nación, cosa que algunos “victoriosos” si tienen en mente.

Y sería poco objetivo no reconocer a aquellos que de buena voluntad votaron por el  PRI, PAN o cualquier otro. No importa el color por el que votaron, importa la convicción y el amor por México porque estoy seguro que esos de buena voluntad, en su trabajo diario harán lo mejor por nuestro país.

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