Olga Sánchez Cordero y su nueva narrativa

ley bonilla
Olga Sánchez Cordero.Especial.

Olga Sánchez Cordero se siente bien en esta nueva narrativa de la Secretaría de Gobernación.

Durante muchos meses la comunicación social de la Secretaría de Gobernación, y de la adecuada exposición de la titular, Olga Sánchez Cordero, más que opaca, era casi inexistente. No había una estrategia de comunicación. La comunicación social de la Segob ha pasado de querer ser persuasiva –“el Estado como responsable de los ciudadanos, en detrimento de la libertad de éstos”– a informativa, es decir, “el derecho del público a la información”.*

Regularmente Sánchez Cordero dice lo que piensa, ahora piensa lo que dice. La secretaria de Gobernación se apropia de una agenda setting que va de la mano del presidente Andrés Manuel López Obrador. Su operatividad es ahora visible en portadas de la prensa tradicional y digital, también en la comentocracia.

Los “deslices” son inmediatamente atajados con “declaraciones desplazantes”. Un ejemplo. Sobre la emboscada de Aguililla, en Michoacán (donde murieron 13 policías), y para su infortunio, Olga declaró: “Yo creo esto ya fue una circunstancia que se dio como la que se dan todos los eventos en el país, todos los días, a todas horas, en todos los lugares del país. Este es el tema”.

Decir que la sacaron de contexto siempre suena a argumento endeble, injustificable, aunque la masacre de Iguala después le haya dado la razón. La mala prensa que tuvo la secretaria de Gobernación fue atajada por su posterior declaración acerca de que el país ya está listo para una presidenta. Preciso:

 

Te lo digo de una vez, yo me descarto; tengo 72 años, al terminar este sexenio tendré como 78 años, más 6, tendría 84. Pienso que hay mujeres jóvenes y muy bien preparadas y capaces, que podrían sin duda llegar a ser presidente de este país. Por ejemplo, la jefa de Gobierno, la secretaria de Bienestar, de la Función Pública, son candidatas reales; los otros partidos políticos también podrían tener candidatas, ya estuvo Josefina Vázquez Mota, incluso Patricia Mercado, que hizo un buen papel como candidata, o Cecilia Soto.

 

López Obrador, en una mañanera, celebró la libertad de Sánchez Cordero, como la de cualquier ciudadano, para expresarse políticamente e hizo énfasis al explicar la propuesta de género. ¿Quién siguió el tema de la inseguridad y los sucesos de Aguililla involucrando la desafortunada frase de la secretaria? Nadie. La incipiente crisis mediática fue resuelta.

Ahora, con el renunciado Carlos Romero Deschamps, la figura de Sánchez Cordero creció porque se impuso la percepción de que quien operó su salida fue Olga con la venia de Andrés Manuel que, por cierto, nunca iba a recibir a Romero Deschamps. La percepción lo es todo, o casi todo. Y la comentocracia difundió esta percepción, desde Joaquín López-Dóriga hasta Salvador García Soto.

Olga Sánchez Cordero se siente bien en esta nueva narrativa de la Secretaría de Gobernación. Ah, por cierto, todo lo anterior coincide con la llegada de Omar Cervantes a dirigir la comunicación social de la secretaría.

* Comunicación y política. Gilles Gauthier, André Gosselin y Jean Muchon. Gedisa Editorial, p. 259.   

0
comentarios
Ver comentarios