50 años de la masacre en la Plaza de las 3 culturas en Tlatelolco. Se dice fácil, pero con varios de los actores de esa fecha histórica ya fallecidos y el revisionismo histórico de la derecha recalcitrante a todo lo que da, es tiempo de reflexionar sobre esta fecha histórica.

Si, el monopolio del poder del Partido Revolucionario Institucional se resquebrajó con esa matanza de estudiantes pacíficos hace 50 años ordenada por Gustavo Díaz Ordaz, pero la estructura y el poder del dinosaurio, su carne y sus huesos, vaya, tardó medio siglo en pudrise, en colapsar por completo.

A la transformación del partido “revolucionario” en vil gerencia neoliberal y privatizadora, le siguió un interregno de falsa “transición” del PAN, que más bien fueron 18 años de co-gobierno del PRIAN. Es sorprendente la capacidad de este partido en reinventarse, del viejo PRI “revolucionario”, al PRI “moderno” de Salinas al “Nuevo PRI” de Peña Nieto.

Pero a fin de cuentas, hasta la capacidad de maquillar y cambiar de discurso eventualmente acaban y los resultados de las interminables décadas del PRI en el poder ahí están: menos del 16.5% de las preferencias electorales en las más recientes elecciones. El electorado habló y vituperó al partido responsable de Tlatelolco, Acteal, Ayotzinapa y muchas otras masacres y desgracias.

Si, el dinosaurio ya casi se va y a 5 décadas de una matanza orquestada por un presidente del PRI y ejecutada por un sistema a la usanza del PRI, eso es motivo de alegría. Pero es nuestro deber, en memoria de los cientos de estudiantes masacrados en Tlatelolco hace 50 años, que esa forma de hacer la política jamás regrese al poder. Nunca más.