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  Once Varas. Hay que voltear a ver nuestras escuelas

Miguel Riquelme afirmó que la idolatría a Columbine sería una de las causas del tiroteo en el colegio de TorreónAndrea Murcia / Cuartoscuro

Miguel Riquelme Solís, se quiso ir por la facilita culpando a los videojuegos

“Entre acoso, corrupción e incompetencia sigue paro en Prepa 7 de la UNAM”, leo en SDPNoticias el encabezado de una nota que señala: “alumnos de la ENP 7 señalaron que el paro de labores comenzó en noviembre pasado por casos de corrupción, incompetencia y acoso sexual en la escuela. El último diálogo no prosperó”.

En mi Monterrey querido, entre octubre y noviembre del 2019 se registraron siete amenazas de violencia en diferentes escuelas, desde primaria hasta preparatoria, públicas y privadas.

Y también acá sigue fresco en la memoria el lamentable hecho del 2017, cuando un alumno del Colegio Americano del Noreste mató a su maestra de un tiro en la cabeza, en pleno salón de clases.

Mientras tanto, el gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme Solís, se quiso ir por la facilita culpando a los videojuegos, en cuanto a los lamentables hechos de Torreón del viernes pasado, en los que en el Colegio Cervantes, un alumno abrió fuego contra sus compañeros, y dos maestros para luego presuntamente suicidarse.

Está bien lo de endurecer las medidas de vigilancia en las escuelas, al menos en lo que pasa el fervor de los hechos en Torreón.

Pero el trabajo con nuestros niños y adolescentes ni comienza ni termina ahí.

El enemigo está en otra parte y me parece que tiene que ver más bien con el abandono y menosprecio al que muchas veces sometemos a nuestros menores.

Lo digo como padre de familia: mi orgullo, de muchas formas, son mis hijos y el mayor de ellos es un exitoso ingeniero en sistemas que desde los 4 años, más o menos, se hizo aficionado a los juegos de computadora y que de ahí sacó su vocación, bien explotada.

La solución de Riquelme me recordó el viejo chiste, que a lo mejor muchos me van a calificar de mal gusto en estos momentos, cuando un tesorero de pueblo le preguntó al alcalde que a qué dedicaban lo poco que quedaba en las arcas municipales, al final del trienio, si a mejorar la escuela o a darle una manita de gato a la cárcel.

“Mire, mi lic, por la escuela ya pasamos, así que mejor arregle las celdas, porque a lo mejor ahí acabamos”, contestó el alcalde.

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