Pensar en la lucha en contra de la discriminación racial es aceptar un destino lleno de dificultades, en parte por nuestra cultura sumergida en la indiferencia y en parte por las voces que gritan la imposibilidad de cambiar las cosas: “así ha sido siempre”, “nada habrá de cambiar”, “cambiar eso es peligroso”.

Hace unos meses usé como ejemplo, para denunciar esta situación, un pequeño lugar en Oaxaca donde la discriminación llegaba al punto de permitir el acceso a extranjeros y no a oaxaqueños ni oaxaqueñas.

 https://www.sdpnoticias.com/nacional/2018/02/20/oaxaca-racista-el-caso-del-after-patio

Lamentablemente algunas personas (que no lectores porque evidentemente no leyeron con atención la nota), redujeron el problema del racismo oaxaqueño a una rabieta porque no pude entrar a un antro. Demostrando, nuevamente, que el tema sigue siendo incómodo pero ignorado. Tuve que meterme con el espacio de la pequeña burguesía local para atraer la atención al respecto de la crisis de trato humanitario que se vive en esta ciudad, reflejo del país.

Una de las consecuencias de mi nota fue recibir, indirectamente, amenazas sobre seguir escribiendo en contra del lugar so pena de recibir una paliza. “Ten cuidado” fue una frase recurrente de personas cercanas a mí. Esto confirma que el tema molestó. Me alegro. Sócrates fue nombrado Tábano de Atenas (el tábano es un insecto que pica caballos, sobre todo en las patas volviéndose sumamente incómodo para los animales), yo quisiera volverme el Tábano de Oaxaca. Seguir alzando la voz para que no vuelva el racismo ni en un solo lugar, que la ciudad vuelva a la ciudadanía y no solamente al turismo.

Reducir el asunto a una revancha me parecía ridículo, mi rencilla no es contra un nido de ilegalidad y música electrónica de “célebres” DJ’s locales; mi compromiso es más grande, es contra la actitud que parece que el pueblo ha asumido como normal: el hecho de que oaxaqueños discriminen oaxaqueños. No tengo tiempo para luchar contra un grupo de adolescentes defendiendo sus espacios adolescentes, tengo la pasión para luchar contra todos los lugares, todas las personas que tengan actitudes discriminatorias. Y por esta causa me parece más loable seguir alzando la voz.

Citando a Maya Angelou: “You may shoot me with your words,/  You may cut me with your eyes,/ You may kill me with your hatefulness,/ But still, like air, I'll rise”. Les aseguro una cosa: no tengo miedo de proponer nuevas vías para la reconfiguración del status quo en Oaxaca.

Apelo, nuevamente a las AUTORIDADES, las cuales no solamente deben sancionar todos los espacios comerciales donde se discrimina y donde las prácticas de discriminación racial son parte de la dinámica de acceso, deben clausurar estos lugares al ser verdaderos puntos de fomento racista y de indigno ataque a la población que tiene la libertad de transitar y de accesar a cualquier lugar que se encuentre dentro del territorio que habitan. Si logramos que Oaxaca regrese a la población Oaxaqueña, quizá México también sea devuelto a los mexicanos. Si seguimos con la política de sumisión ante los extranjeros, si en aras del “impulso turístico” estamos dispuestos a sacrificar  nuestra propia cultura, entonces no hay diferencia entre los racistas norteamericanos y los racistas oaxaqueños. Cada acto de discriminación que las autoridades sigan permitiendo es una confirmación concreta de que el dinero está por encima de la dignidad humana y que la tibieza de actuar refleja miedo o, peor, colusión.

Cada acto de esta naturaleza que la ciudadanía permita, aplauda o ignore voluntariamente, es un acto de complicidad con el racismo. El silencio es otra arma del racismo. Alzar la voz, sin importar las consecuencias sociales o repercusiones (como el trágico suceso de no poder ser bienvenido a alguno de esos lugares) es mucho más honroso que seguir perpetuando estructuras de poder que oprimen y que siguen oprimiendo. Seamos congruentes, digamos NO AL RACISMO en ninguna de sus expresiones.

Si un lugar tiene dinámicas racistas para el acceso, tales como cobrar una botella a cambio de una mesa, impedir el acceso a oaxaqueños y privilegiar a los extranjeros, deja de asistir. Habla con tus amigos y amigas de otros países para que dejen de asistir, explícales que el tema del racismo está presente y lastima a la población.

Si un lugar trata mal a las personas que piden dinero por las calles, si el personal maltrata verbalmente a una persona indígena o a una persona en situación de calle, deja de consumir en ese lugar.

Si una autoridad se rehúsa aceptar o atender a una persona por motivo de su forma de vestir, hablar, de actuar, entonces denuncia a la autoridad.

No vamos a cooperar con el mal. No vamos a pactar con quienes siguen defendiendo una superioridad racial absurda en nuestro tiempo y en nuestra ciudad tan diversa.

No vamos a consumir en los lugares con actitudes racistas.

No vamos a ceder.

No vamos a rendirnos hasta que el último rincón de la ciudad esté libre de discriminación racial.

No al privilegio blanco.

No al encubrimiento de actos racistas.