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No vivimos del aplauso, y ahora menos

¿Qué medidas está considerando para nosotros, Doctora Sheinbaum?Especial

 ¿Qué hacemos después si todos estamos prácticamente desempleados ahora?

En diciembre del año pasado, un contingente de artistas se reunió para exclamar la frase “No vivimos del aplauso”, que pretendía evidenciar la falta de pagos por parte de la Secretaría de Cultura, a tan solo unos días de terminar el año. Afortunadamente, no me encontraba dentro de esa lista, pues tuve la suerte de haber recibido el pago por mi trabajo en septiembre del 2019 por la obra Rentas Congeladas, muy pertinente para un momento como el que hoy vivimos. Quiero explicar, con este ejemplo, cuál es el proceso que vive un artista, especialmente en el aspecto económico. En febrero realicé una audición para el proyecto dirigido por Mario Espinosa Ricalde. Cuando uno se prepara para esto comienza el trabajo, sin tener la certeza de si serás elegido o no.

Fui elegida en este proceso de selección para formar parte de la obra por lo que durante marzo y abril comenzamos los ensayos de lunes a viernes, además de la primera semana de mayo en la que trabajamos de lleno para el estreno que fue el sábado 11 de mayo. Esta obra contaba con el apoyo del INBA para el pago de nómina de actores para las 20 funciones que se realizaron más un pago representativo por ensayos.

El tabulador de pago está basado en los años que llevas laborando como artista, que en mi caso es de 6 a 10 años. Este pago incluye el tiempo dedicado a ensayos que fueron alrededor de 50 días, más otros 20 de función, es decir, aproximadamente 70 días de trabajo de los cuales mi pago por día fue de quinientos pesos, lo que asciende a una media aproximada de $10,000 pesos por mes durante marzo, abril, mayo y parte de junio.

Hay un compromiso y amor absoluto al teatro que nos lleva a seguirlo haciendo, lo complicado es que llevarlo a cabo implica mucho trabajo que cancela a veces la posibilidad de participar en otros proyectos para percibir más ingresos, en los audivisuales, por ejemplo.

Sin embargo, en nuestra amada ciudad monstruo, ¿para qué alcanzan diez mil pesos mensuales? Por supuesto que es mucho más del salario mínimo, pero si a esto le sumamos el retraso de pagos y las condiciones laborales del artista escénico (no prestaciones laborales entre las que destacan el seguro médico, aguinaldo, vacaciones, etc) el panorama es aún más difícil. Además, cada que termina un proyecto estamos prácticamente desempleados, nuestro trabajo es buscar trabajo. En el ejemplo que expongo, mi pago salió en septiembre, es decir tres meses después de finalizarlo, estamos hablando de un proceso que inició de alguna manera en febrero cuya remuneración llegó siete meses después por lo que el ingreso ya está comprometido en gastos que uno ya debe, siempre haciendo maromas entre préstamos de familiares o amistades, bancarios o manejo de tarjeta de crédito donde los intereses crecen sin parar.

Este ejemplo es en una circunstancia normal e incluso afortunada porque trabajamos muy cobijados por el productor y director del mismo, en buenas condiciones laborales y nuestro pago no estuvo sujeto a taquilla, es decir nuestro ingreso no dependía de tener público pues ya estaba asegurado, porque ese panorama es aún más terrible, y no estuve en las mismas condiciones de los artistas que al final del año seguían sin tener pago. Ahora que el Coronavirus nos está atacando sin piedad ¿cómo reactivaremos la economía de los trabajadores de las artes después de la contingencia?

La situación que vivirán los trabajadores de la cultura tras la encrucijada en la que nos sumerge el COVID-19 es alarmante precisamente por la precariedad en la que nos ahogará. Si bien, otros sectores de la población están sufriendo el mismo impacto en sus ingresos por la cuarentena, que responsablemente es lo correcto ya que sin salud no hay nada, el desempleo y la falta de recursos podrá subsanarse al menos de forma un poco más rápida que en nuestro rubro. Con esto no demerito la terrible situación que otros viven y que más que nunca debería hermanarnos, pero es claro que esto pone otra vez en debate temas que siguen siendo alarmantes para los que nos dedicamos al arte y cultura, pues tendremos una crisis económica muy grave en la que nos será difícil, incluso, solventar los gastos relacionados con las necesidades básicas: vivienda, alimentación y el pago de servicios.

Me queda claro que seremos los últimos en poder sanear la crisis anunciada porque nuestra actividad, erróneamente, no es considerada como relevante y en términos económicos será de las últimas en reactivarse. Sin embargo, en estos momentos de cuarentena ¿cuáles son algunas de las actividades que más realiza la gente? Consumir arte, es decir, leer un libro, escuchar música, ver películas y, en algunos casos, ver danza o teatro grabado, mismas que ayudan a abrazar el alma con esperanza en momentos de soledad, crisis y desolación.

En la Ciudad de México la gentrificación es cada vez más clara y contundente. El pago de alquiler es demasiado elevado, aún compartiéndolo con otras personas, por lo que los ingresos se destinan a cubrir las necesidades básicas sin tener oportunidad de ahorro, aspecto fundamental para afrontar crisis como esta.

Entre algunas de las preocupaciones que más resaltan, y en el mejor de los casos, es que tenemos lo necesario para solventar los gastos durante el mes de abril ¿Qué hacemos después si todos estamos prácticamente desempleados ahora? ¿Cómo afrontar mayo mientras se reactiva nuestra actividad, si es que sucede? ¿Qué pasará con los que esperaban pagos que ahora están detenidos pues las áreas administrativas han dejado de laborar? Hay compañeros que por esta última situación, ni siquiera podrán solventar los gastos de la cuarentena pues al parar las áreas administrativas, tanto del sector público como privado, los pagos programados están varados y no hay certeza de cuándo sean liberados. Aún cuando se reactive nuestra actividad, vamos a tener un rezago económico grave pues los gastos no dejarán de correr y estaremos contracorriente para lograr un punto de equilibrio.

Productores tanto de teatro comercial como de teatro independiente tomaron la responsable decisión de parar las obras alrededor del 15 de marzo, antes que fuera anunciado de manera oficial, porque si bien nuestra labor tiene el fin de incidir en la gente, también tenemos un compromiso con su seguridad y bienestar aunque nos implique desempleo. Otro de los rubros en los que trabajamos muchos de los que nos dedicamos al teatro es a las producciones audiovisuales, que también se detuvieron y pospusieron hasta mayo, o incluso después, dejándonos sin ese ingreso.

Creo que el señor presidente está lleno de buenas intenciones con acciones y comentarios muy desatinados. Si bien cabe reconocer que, como lo mencionó, existen fondos extras de alrededor de cuatrocientos mil millones de pesos gracias a las acciones que ha ejercido contra la corrupción, también es urgente saber cómo podrá ayudarnos esto, pues el escudo protector no nos servirá para pagar los gastos que, por supuesto, no paran: alquiler, impuestos, alimentación, créditos bancarios o cualquier tipo de créditos y pago de servicios. Dudo que a mi arrendador o a los bancos les interese que les pague con el escudo protector. ¿Están tomando en cuenta a los artistas para la crisis que viene, señor presidente? ¿Qué medidas está considerando para nosotros, Doctora Sheinbaum? #Quédateencasa es muy pertinente, pero qué pasará si me quedo sin casa, eventualmente. Y no, no soy de sus detractoras pues voté por ambos. No es fácil estar en sus zapatos en estos momentos, pero deben demostrar que así como la población está correspondiendo tomando las medidas adecuadas, ustedes harán lo propio.

Otro tema que nos causa incertidumbre es lo que sucederá con los apoyos fiscales como EFIARTES pues dadas las circunstancias no sabemos qué pasará con la convocatoria que comienza en abril. No tenemos la certeza de las medidas que tomarán las empresas para afrontar la crisis y de qué forma estas podrán afectarnos.

Sé que no hay respuestas claras pues es una época de total incertidumbre para todos incluso a nivel mundial, pero también tengo la certeza que seremos los últimos en ser tomados en cuenta porque parecería que la medida de sana distancia es algo constante hacia nosotros: los artistas a distancia y de lejitos. Las terribles condiciones laborales demuestran este distanciamiento por parte del Estado al no procurar que los artistas puedan trabajar dignamente al ejercer su profesión, lo que ha sido una constante en la historia de nuestro país. Lo menos sano, en condiciones de salud normales, es distanciar a la sociedad del arte y cultura, no solo porque es un derecho del ciudadano sino porque, como el mismo presidente lo mencionó en su primer informe de gobierno, es una herramienta fundamental para la reconstrucción del país -como muestra la labor que se ha realizado en el teatro penitenciario- el restablecimiento de la paz y generar un bienestar pues puede sanar heridas profundas. Como lo señalaba Bertolt Brecht: «El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma».

Berenice Mastretta

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