September 22, 2019 18:22


La renuncia de Urzúa y la necesidad de que AMLO “suelte” a su gabinete

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La carta de renuncia de Urzúa, además, revela un creciente conflicto entre los grupos y los personajes en la cúspide del gobierno de la 4T.Internet

La renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a juzgar por las reacciones, fue totalmente inesperada y provocó la mayor sacudida de la Cuarta Transformación hasta el momento. El titular de Hacienda es el jefe del gabinete económico y el baluarte de la marcha de la economía mexicana, por eso su renuncia tiene un efecto telúrico que se multiplica en el actual contexto de incertidumbre económica. Los principales indicadores de la economía mexicana apuntan a un crecimiento marginal en 2019 y 2020, lo cual mina de forma severa los proyectos del gobierno de AMLO. En este escenario, la salida de Urzúa suma desconcierto y preocupación al teatro de la Cuarta Transformación.

La carta de renuncia de Urzúa, además, revela un creciente conflicto entre los grupos y los personajes en la cúspide del gobierno de la 4T. Duros contra blandos, neoliberales contra progresistas, revolucionarios versus moderados, son las dicotomías que todos los días llenan los espacios en los periódicos, los noticiarios, las redes sociales. En el bando radical se suelen ubicar, entre otros, a Rocío Nahle, Irma Eréndira Sandoval, María Luisa Alcalde, Manuel Bartlett, Raquel Buenrostro, María Luisa Albores, Paco Ignacio Taibo, Alejandro Encinas, Horacio Duarte, Gabriel García, Ricardo Monreal. En el bando de los moderados, desfilan Alfonso Romo, Olga Sánchez Cordero, Marcelo Ebrard, Gerardo Esquivel, Esteban Moctezuma, Graciela Márquez, Alfonso Durazo y, hasta hoy, Carlos Urzúa.

La división en bandos no es inédita ni necesariamente mala en un gobierno. Los problemas comienzan a crecer cuando las contradicciones distorsionan o inhiben decisiones estratégicas, cuando los enfrentamientos desbordan ámbitos irreductibles como, en el caso de la renuncia de Urzúa, la economía y la Hacienda pública nacionales. Cuando los distintos funcionarios sienten que tienen vía libre para jugar a la política en ámbitos de competencia distintos a los que formalmente ocupan: la de Energía en Hacienda, el de CFE en la Fiscalía, el de Relaciones Exteriores en Migración, el de Seguridad en Gobernación, la de la Oficialía Mayor en todos lados. Estas dinámicas generan inercias que suelen tornarse incontrolables y propiciar enormes distracciones de tiempo y recursos para volver a poner orden.

Desde luego, la carta de Urzúa también alerta que, en el gabinete económico de la 4T existen casos de conflicto de interés y políticas públicas instrumentadas sin conocimiento de la materia. Esto no es menos grave, porque, de ser cierto, se estaría incubando un formidable caldo de cultivo para prohijar nuevas formas de corrupción e impunidad, dos de las bestias negras contra las que el Presidente López Obrador ha empeñado su lucha histórica.

Los motivos de Urzúa, constituyen un hecho que debería marcar un punto de inflexión en la realización de la Cuarta Transformación. El Presidente tiene prisa, quiere cambios a fondo, pretende transformar el régimen, y no le falta razón cuando dice que, si no se hacen así las cosas, los poderosos intereses oligárquicos pueden recuperarse y frenar la 4T. Sin embargo, la lección de la renuncia de Urzúa podría consistir en reconocer que, recordando a clásicos como Maquiavelo, Montesquieu y Max Weber, la legitimidad del Príncipe requiere una gran dosis de efectividad, el gobierno requiere una base burocrática profesional que sepa conducir los cambios a alta velocidad, los cambios de régimen en tiempos de paz necesitan apegarse a la Ley si se quiere construir un nuevo Estado de Derecho, democrático y social.

Los cambios profundos que plantea López Obrador, tanto en la política económica como en la política social, sobre todo su apuesta porque lo social no siga subordinado a lo económico, generan innumerables resistencias. Dado que la oposición política está noqueada y no reacciona a la paliza de las elecciones de 2018, las resistencias y el conflicto están ocurriendo en el seno mismo del gobierno de la 4T. No es sencillo gobernar y disciplinar equipos, por más que se cuente con un liderazgo tan poderoso como el de López Obrador; es complicado encauzar las naturales discrepancias al interior de un gobierno, por más que el Presidente tenga una legitimidad casi absoluta.

Pero la renuncia de Urzúa abre la oportunidad para que el Presidente López Obrador ponga límites y responsabilidades claras a los integrantes de su equipo de gobierno, que aplique su inmenso poder para que las contradicciones internas produzcan energías y tendencias transformadoras en lugar de rupturas y riesgos de inoperancia, como lo han alertado Carlos Urzúa y, hace unas semanas, Germán Martínez.

México necesita una transformación profunda que cambie radicalmente las prioridades nacionales, para que, los que nunca han tenido nada, que son la inmensa mayoría, encuentren oportunidades para crecer, desarrollarse y proteger su dignidad. Cambiar para que los que siempre han tenido casi todo encuentren límites en sus afanes concentradores de riqueza, para que se desarticulen las estructuras del saqueo y la impunidad, para que se redistribuya la riqueza nacional. López Obrador ha manifestado toda la vida que eso es lo que quiere hacer desde el Poder, pero hoy más que nunca necesita echar mano de su gran olfato político y dejar que sus colaboradores actúen públicamente y apuntalen su 4T no solo con la pasión que distingue al Presidente, sino también con una gestión pública de calidad.

El gran estallido que provocó la renuncia de Urzúa tiene múltiples causas, y tal vez una de ellas apunte a que, al acaparar la palabra y el imaginario de la 4T para sí solo, el Presidente López Obrador quita voz pública y visibilidad a sus colaboradores, orillándolos a actuar en las sombras, a crear bandos e impulsar agendas debajo de la mesa, a invadir ámbitos de competencia ajenos y a abrirle la puerta a intereses que, supuestamente, no tendrían cabida en la Cuarta Transformación. Esa es una de las principales lecciones de la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda: nadie, ni Juárez, gana la batalla solo, se necesitan colaboradores reconocidos, respetados y con capacidad de resolución que, de ser necesario, se sacrifiquen por el Líder. 

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