Columnas

Real Política. ¿La unidad nacional?

La fortaleza política no está en las marchas.Internet

 

Las utopías son deleznables, no sólo por irrealizables sino porque desdeñan la realidad, la razón y la inteligencia. La unidad nacional no se construye mediante convocatoria, ni menos desde la ocurrencia del círculo rojo; es necesario algo más profundo, algo que con verdad haga que los ciudadanos rasos asuman la soberanía que está oculta bajo la sumisión a la que los poderes fácticos los han sujeto desde hace mucho tiempo.

La gente de la calle, sabe bien que antes de buscar el desagravio por las ofensas del exterior, es indispensable el desagravio frente a las acciones del interior: corrupción, pobreza extrema, inseguridad, pésimos servicios, distribución infame del ingreso y la riqueza nacionales, una clase política patito y voraz, una lumpenburguesía no comprometida con el País y una intelectualidad acomodada al poder político.

La fortaleza política no está en las marchas, está en los votos que den el golpe de timón que México requiere para hacer frente a los cretinos de dentro y de fuera, el respeto político hay que conquistarlo con el poder que dan los votos en las urnas y con la responsabilidad que asuma una nueva generación dispuesta a no sujetarse a los vicios inherentes al ejercicio del poder; parafraseando a Maquiavelo, un nuevo Príncipe que ponga coto a la barbarie doméstica y a la que viene del norte.

No nos insultan por gusto o por desprecio, nos insultan desde el exterior porque somos débiles, inofensivos y cobardes. Porque la sumisión de nuestros representantes ante el poder de la potencia vecina, es el fruto de la corrupción y la irresponsabilidad en asumir la política exterior como manda la Constitución; una política internacional abandonada y entregada al vecino del norte desde ya más de 18 años.

Se equivocan quienes piensan que Donald Trump y los supremacistas blancos que lo apoyan, son nuestro principal problema nacional. El problema central, como el de los polacos de 1939 frente al ejército alemán, es el de un gobierno incapaz y timorato, cuya incompetencia lo hace dudar entre enfrentar la vorágine económica que se nos viene desde el exterior y desafiar su caída electoral en los procesos de 2017-2018.

Por eso, la verdadera manifestación pública no está en la asamblea dominical que levanta muros de cartón contra racismo gringo, sino en la cotidianeidad que repudia a un gobierno que ha perdido toda legitimidad y cuya mascarada está a la vista de todos: la corrupción como nunca antes.

La coyuntura obliga a la sociedad civil a transformar a su sociedad política, la actual ya dio de sí, está en pleno estado de caducidad. La Nación demanda una nueva arquitectura institucional y nuevos actores que se asuman en la actual era en que vivimos; las viejas costumbres políticas están más que rebasadas. No hay de otra, es vital salir a votar en 2017 y 2018, para sacarlos del poder. La Nación lo requiere, el futuro lo demanda.