Es cierto que por la incertidumbre del Covid-19, los mecanismos que serán propuestos por el INE para establecer las reglas de campaña en el proceso de 2021, están en vilo. Sin embargo, esta semana hubo dos efectos que pueden coadyuvar predominantemente a favor del partido del presidente. Una, evidentemente, se había pronosticado que destapándose el caso Lozoya estallaría la bomba mediática que impactará directamente al PAN y PRI, quienes fueron los arquitectos, con el beneplácito del PRD y el Pacto por México, para empujar la reforma energética.

Ahí imperó un clima clientelar que trastocó las más altas esferas del poder. Con ese panorama desencadenado, evidentemente Morena agrandará las posibilidades de conquistar terreno en demasía en 2021. No hay duda que la factura que pagarán panistas y priistas tendrá un costo político que se verá reflejado en las encuestas de opinión. Asimismo, esa lógica da mayor certeza al conocer los pronósticos que vienen ratificando el paso preponderante de Morena en algunos estados. Para comprender más esta situación, hay que recordar que el partido que llevó al presidente a Palacio Nacional está viviendo un momento clave en los 15 territorios donde habrá transición del Ejecutivo.

De hecho antes de comenzar a destapar el caso de Lozoya, Morena venía alimentando una enorme ventaja en la percepción, seguido de los índices altísimos de aceptación de Andrés Manuel López Obrador, que es su máximo exponente; aun así, la organización de un Bloque Amplio Opositor anticipadamente había generado desconfianza en la población por la metamorfosis ideológica que gestará PRD, PAN y PRI.

Pero más allá de un BOA, los testimonios probatorios que en teoría vayan presentándose servirán de evidencia, si es que existen, para robustecer el enorme desprestigio de dos marcas institucionales, como PAN y PRI. Asimismo, si la información es sumamente valiosa del modo que se ha venido esbozando, tendrá un desenlace que impactarán el resultado final de las boletas en 2021; es incuestionable no adelantarnos porque prácticamente la previa de los comicios ha dependido del hecho de que las características del caso de Emilio Lozoya inclinarán, con precisión, el terreno a Regeneración Nacional y se reducirán poderosamente en la oposición, al grado de contrarrestar los actos peyorativos que, más allá de un partido político, han exacerbado a los mexicanos.

Sin embargo, no podemos soslayar que la vulnerabilidad de la oposición se verá mermada porque ha destacado la lucha contra la corrupción y el manual clientelar, que durante décadas fue un lastre para los mexicanos. Esa enorme loza la cargarán PAN y PRI en el 2021. El voto, quizá, será razonado y seguramente Morena vivirá un fenómeno similar al 2018, en el que la sociedad salió a decidir un cambio tras el hartazgo generalizado que se engendró en la cultura del neoliberalismo. Bajo esa lógica, el gran perdedor del escenario a posteriori provocará más detractores en una oposición sombría y débil, que ha mostrado signos de desesperación y ansiedad.

Asimismo, esto nos confirmó que Morena está en una fase clave para ratificar el proyecto de nación que ha comenzado a desterrar los capítulos más penosos y denigrantes de la corrupción: un veneno silencioso que trastocó las más altas esferas del poder y lastimó a millones de mexicanos que con escepticismo fuimos espectadores.