Siempre decimos que la gasolina en México es muy cara, pero todos estamos dispuestos a consumirla casi sin importar su precio.

Hace una semana el valor de este combustible fue elevado en 34 por ciento para la modalidad, supuestamente, de mayor calidad sin que ese factor afectaran los niveles de venta de las 11 mil 400 gasolinerías existentes en el país y, si tomamos en cuenta el potencial existente en el país, es posible que paguemos hasta el triple de su valor con tal de alimentar a los casi 40 millones de vehículos que circulan a lo largo y ancho del territorio nacional.

Precisamente ese potencial, colocado casi con letras de oro en la Reforma Energética, dio paso a la entrada de capital privado a la comercialización de combustibles, un tema tabú hasta hace unos años que le permitió a Pemex constituirse en un monopolio, no solo en la producción de hidrocarburos sino especialmente en gasolinas y diésel.

Cuando menos desde hace 80 años varias generaciones de mexicanos no hemos visto en nuestros caminos una marca de energéticos diferente de Pemex.

Pero esa historia terminó. Con la apertura económica, se rompieron mitos y llegó la competencia. Inclusive, este año ya se establecieron condiciones para que empresas privadas disputen a Pemex el mercado de los combustibles, no solo en términos de calidad en el servicio sino quizá hasta en precio. Recordemos que la Secretaría de Hacienda, en función de la Reforma Energética, estableció condiciones para que las gasolinas ya no se comercialicen en condiciones monopólicas. Su valor ya puede ser fijado en función de la oferta y la demanda.

En el norte y en Yucatán ya hay gasolinerías con nombres diferentes a Pemex, los consorcios privados ya hacen presencia y los extranjeros han mostrado su interés en el mercado mexicano. Cómo no, si el potencial es todavía del triple de lo que actualmente representa.

Así, British Petroleum (BP) ya anunció su decisión de instalarse en la Ciudad de México, el mejor mercado posible. Y para alcanzar los mejores beneficios, estableció convenios  con la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) capitalina para desarrollar las condiciones de seguridad y certeza que se requieren para el debido funcionamiento de sus Estaciones de Servicio, al amparo de la Reforma Energética.

El objetivo que se plantea la petrolera es desarrollar junto con la policía de la Ciudad de México de previsión de riesgos para la inversión privada.

La jugada que parece audaz, es lógica y sensata para construir las condiciones de certidumbre que siempre busca el capital.

Esto también lo visualizó el consorcio regiomontano FEMSA que hará valer el conocimiento y presencia adquirida con las tiendas OXXO que revolucionaron el concepto de la “tiendita de la esquina” en un esquema de comercialización moderno y oportuno.

En la lista de entrada al bolsillo de los mexicanos también está anotada la estadounidense Gulf, que ya dijo que quiere estar en México en la disputa de la venta de gasolinas y lubricantes.

Ahora ¿qué hay detrás de ese interés global por el mercado mexicano de los combustibles, además de la ciega voluntad de consumir gasolina casi al precio que sea para los millones de vehículos que circulan en el país?

De entrada, falta de transporte público, aunque hay muchas razones más.

Pero en realidad los incentivos fiscales inherentes a la Reforma Energética y que, en un esquema de libre competencia, despertaron el apetito de los inversionistas.

Se puede considerar que en el esquema de la economía de mercado, todos los países para poder ser competitivos tienen acceso internacional a precios similares del petróleo. Pero son los impuestos nacionales los que encarecen y cuando aplican subsidios, el precio final muestra las diferencias de precios de los combustibles.

Eso explica que los países más industrializados mantengan precios más altos, mientras que los países más pobres o los países productores y exportadores de  petróleo, con economías equilibradas, mantengan precios significativamente reducidos. La excepción ha sido Estados Unidos, en donde el precio de la gasolina es bajo. Caso contrario es México, donde la dependencia y la ineficacia de la estructura económica nos coloca en una situación en la que los hidrocarburos que producimos no alcanzan ni para sostener el déficit presupuestal y tenemos que hacer importaciones, no sólo de combustibles sino de marcas y capitales.

Ojalá la competencia cambie los parámetros.

@lusacevedop