Me agradó ver, en el título de una columna de Federico Arreola -en la que realiza una defensa de Peña Nieto y Angélica Rivera sobre la nueva polémica en la que están metidos y que se conoce hoy gracias al extraordinario trabajo de investigación de Aristegui Noticias y Proceso-, el nombre de Enrique VIII y leer la argumentación sobre una de sus esposas, Anna Bolena, pues de inmediato me refirió, más que a la tragedia en torno al feminicida inglés, a la ópera italiana de Gaetano Donizetti, Anna Bolena, estrenada en 1830, en Milán, Italia. Y qué buena ocasión para hablar, en vez de más de lo mismo, política, sobre un poco de arte y cultura, en este caso de la ópera.

El argumento central de “Proceso y Aristegui contra EPN y Angélica Rivera ¡por su boda religiosa! ¿El fantasma de Enrique VIII?” (SDPNoticias.com; 06-02-16); el texto de Arreola, es que ambos medios de noticias -al documentar las argucias y las trampas para anular la boda católica de Rivera con José Alberto Castro, primer marido, y así proceder al capricho de matrimoniarse por la iglesia con el entonces gobernador de EdoMex, en plena maquinación para llegar a la presidencia de la república, al exhibir la complicidad entre el político de Atlacomulco y Norberto Rivera para utilizar y defenestrar a un sacerdote de sus funciones para proceder a la nulidad, entre otros datos no menores (como que Ratzinger y Francisco han sabido de la injusticia contra “el sacerdote de las estrellas”)-, no sólo practican el deporte de atacar gratuitamente a Peña y su esposa, sino que lo hacen defendiendo la decadente figura del matrimonio católico y “…lo hacen nada más para buscar echarle a perder a… Peña Nieto las reuniones con el papa Francisco que pronto llegará a México”. En texto posterior, el periodista considera que con esta información al fin se han presentado los borrachos a la boda Peña-Rivera; tarde, pero han llegado los aguafiestas; porque no hay boda que no eche a perder un borracho.

Me parece que Arreola se sobre exalta y crítica incorrectamente a una estupenda investigación y a la magnífica información ofrecida por la misma, ya que en realidad esta jamás se plantea la defensa del matrimonio católico. Esa idea debe de estar fuera de discusión pues no es la materia de dicha investigación. Lo que esta procura es mostrar el mecanismo de corrupción y el fondo político para la realización de esa boda religiosa. Mecanismo que pareciera ser una marca en torno a la figura del encargado del ejecutivo, como mostrara la otra investigación de Aristegui y su equipo sobre “La casa blanca de Peña Nieto”; llámesele “conflicto de interés”, si se quiere, como eufemísticamente gustan llamarle.

A mí lo que me interesa destacar es lo que señala Arreola en torno a Enrique VIII; cito:

“Proceso y Aristegui habrían llevado a la hoguera a Enrique VIII

“√ Es conocida la historia de Enrique VIII de Inglaterra al que los ritos católicos no le permitieron disolver su matrimonio con Catalina para casarse con Ana Bolena.

“√ Enrique VIII tuvo que crear una ley especial para separarse de Catalina.

“√ Nació así la iglesia anglicana.

“√ Aristegui y Proceso, señora y señores de la Santa Inquisición y defensores de la pureza del matrimonio católico, habrían quemado vivo a Enrique VIII.”.

Me parece una exageración poner la labor de Aristegui y Proceso como la de inquisidores. Pero lo cierto es que con toda seguridad la primera en agradecer la quema del rey habría sido Ana Bolena, pues no habría sido decapitada por la lujuria de Enrique (seguramente lo habría agradecido también Catalina Howard, quinta esposa del interfecto, prima de Ana y también decapitada).

Sin embargo, si no hubiera sido por el crimen de Enrique VIII, no existiría Anna Bolena, la ópera de Gaetano Donizetti. El género belcantista de la ópera tampoco hubiera atestiguado la gloria de la única diva moderna del género, María Callas, quien desempolvara y reviviera la ópera al encarnar a la reina con un estruendoso triunfo en la Scala de Milán en 1957; escena de Luchino Visconti y en la batuta, Gianandrea Gavazzeni.

El tema atrajo a Donizetti pues Bolena representó una ruptura política y religiosa en el poder internacional así como una injusticia y tragedia personal. Al ser negado el divorcio por Roma (nada de trucos en este caso), Enrique inventó una ley para divorciarse de su primera consorte, Catalina de Aragón, y casarse así con la incauta Ana. Crearía asimismo, como ya está dicho por Arreola, la iglesia Anglicana. Sin embargo, lo que recrea Donizetti es sobre todo la intriga del rey y la trampa en que hace caer a la víctima, su esposa, quien antes de ser degollada a temprana edad acusada de traición e infidelidad, cae en raptos de demencia (al compositor le encantaba el tema de la locura, lo consagró en la célebre ópera Lucía di Lammermoor; ¡y él mismo moriría loco a los 50!), que en la ópera son los momentos de mayor lucimiento vocal e histriónico de la soprano y que Callas elevaría casi a la perfección por su magistral interpretación.

Curioso, mientras el tema de Enrique-Ana ha dado para una celebrada ópera, el caso Enrique-Angélica se parece, una y otra vez se ha dicho al menos desde 2010, al de una telenovela. Y es natural, todo en torno a la pareja ha estado acechado por la televisión. Y quien parece tener muy claro el asunto que, insisto, nada tiene que ver con una defensa del matrimonio católico sino con los procesos irregulares en torno al caso tratado –es decir de una boda a la mexicana- es la hermana del primer esposo de “La Gaviota”, quien antecediera a Enrique, el productor José Alberto Castro. Esto es lo que Verónica Castro dijo a la revista Hola respecto la supuesta falsedad del primer matrimonio (citada por la investigación presentada por Aristegui Noticias; “El Expediente Secreto de la Boda Peña Nieto-Rivera”, 06-02-16): “¿Ahora resulta que se casaron de mentira…? ¿Ahora resulta que somos una bola de idiotas los que estuvimos aquel día? ¿En qué, en una función de payasos o de circo…? A lo mejor, todo se arregla con dinero o con una relación buena con el posible futuro presidente de México…”.

P.d. En fin, tal vez convenga escuchar un poco de Anna Bolena en extraordinaria interpretación de María Callas. Para quienes quieran, en vivo y en 1957, la escena de la locura; aguantar hasta el final, porque incluye la briosa, exigente y brillante cabaletta, “Coppia iniqua”: https://www.youtube.com/watch?v=pkMf_aaxfz4