Mentira

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Quejas por el cubrebocasMagdalena Montiel / Cuartoscuro

Veo a muchos “adultos” cuestionar las reglas, intentando ser más astutos y evadir la norma

Esta crisis (pandemia por Coronavirus) me recuerda la época de cuando cursaba el nivel secundaria, donde no le encontraba sentido a la regla de andar con la camisa fajada, el zapato lustrado y el cabello corto, “natural, claro”.

Es la regla y estamos formándoles carácter”, decía la prefecta y no había más que discutir; bueno, eso hacían mis compañeros, yo por lo general pretendía ganar el debate, pero entonces la maestra elevaba su tono de voz:

―“Castellanos o te cortas el cabello o no entras, y le mando reporte a tu mamá”.

Hoy después de varios años creo que aprendí la lección.

Aunque a la distancia como estudiantil de secundaria, veo a muchos “adultos” cuestionar las reglas de la autoridad, intentando ser más astutos y evadir la norma. Quizá es lo que le falta a este país, disciplina y carácter.

No quiero que me mal entiendan, y si es así qué importa… pero la escuela en aquellos años era un mejor complemento de formación, en el que por mero ejercicio de aprendizaje se cuestionaban las creencias, las ideas y se formaba criterio; no se trataba de obedecer ciegamente, era cuestión de carácter. De manera muy sutil y con todo y las carencias de la escuela pública, nos explicaban que la vida podía cuidarse siguiendo las reglas y que la función de la autoridad era protegernos por medio de límites. ¡LIMITES!

¡Qué risa! Los mexicanos se jactan, lo dicen y lo cantan, sobrios y borrachos:

'Con dinero y sin dinero

Yo hago siempre lo que quiero

Y mi palabra es la ley'.

Y sí, creyéndose los muy poderosos, los mexicanos siempre hacen lo que les viene en gana, pues su palabra es ley.

En México todos se quejan de portar un cubrebocas, porque la autoridad se lo pide, pero su misma ignorancia lo hace tomar de manera casi religiosa esa pastilla milagrosa que le recomendó la comadre en el LadyMulti o VenTas, ¡qué ironía, pobre país!

Con esta crisis sanitaria solo pueden suceder dos cosas.

a).- Nos forma “a la mala” como una mejor sociedad; y

b).- Por la buena, dándonos cuenta de que nuestra vida puede proteger a través del respeto, prevención y seguimiento oportuno de las reglas.

La nueva normalidad… ser mejor ser humano.

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