Viviendo en el país de las maravillas

Las paradojas e inconsistencias del discurso oficial y la aplastante realidad que se vive en México

Vivimos como en Suiza, México es el primer mundo. Nuestra democracia se ejerce cual reloj, todo exacto y preciso. 

La corrupción no existe, al igual que la pobreza, son mitos geniales. 

Los camposantos son aposentos donde dignamente lloramos a nuestros muertos, las fosas clandestinas son inventos perversos, eso es de culturas bárbaras y desalmadas. 

Aquí nadie se pierde ni es “levantado”, no es un desaparecido; las desapariciones forzadas son mentiras creadas por familias que no aceptan que el “perdido” se fue con otro (a). 

Nuestros servicios públicos son un honor, sea salud, seguridad, educación; son perfectos. 

Aquí nadie muere de hambre, ni de bala, ni de omisiones médicas, ni por la falta de acceso a hospitales, muere porque el destino y dios así lo quisieron; era hora de irse. 

Los periodistas viven tranquilos, la libertad de expresión es una ganancia social, todos dicen lo que quieren sin temor a que se les dañe. No hay periodistas muertos, ni exiliados, ni comprados. 

El conocido como “chayoteo” no se da, la libertad de prensa es un valuarte de nuestros medios. 

Los jóvenes no son sicarios, ninis, halcones, suicidas, basura social, parias, adictos, maquiladores, servidores de fast food. Por supuesto que no, nuestros jóvenes viven en un mundo de ensueño, fantasía de las “democracias bananeras”. 

Nuestros viejos viven con pensiones de lujo, su vejez es similar a la de las potencias mundiales, acompañados de programas sociales eficientes y eficaces, nada de populismo ni limosnas. 

El desempleo es el pretexto de los que no quieren ser productivos, se la quieren pasar en la fiaca, no son emprendedores, si no encuentran que pongan su changarro. 

Nuestros gobernantes no viven en una realidad etílica, ni de diazepam, no son perversos, ni psicópatas, no compran elecciones, ni violan la ley, son servidores públicos honorables que con creces se ganan el representarnos. 

Frente al espejo de la realidad somos refractarios, la burbuja en que vivimos es nuestro refugio, esclavos de un poder que logra que besemos sus cadenas. 

Niños atrofiados y maltratados, exiliados de la cultura y la educación, aunque vayan diariamente a clases. 

Jóvenes escindidos frente a la realidad, la realidad real y la realidad virtual, unos viven los estragos, los otros sobreviven en la asepsia, ambos desconocen el mundo del otro. 

Adultos acostumbrados a la podredumbre, miedosos, la vida se les escurre, se les fue sin ser nadie, sin hacer nada, pero así fueron y son felices. 

Eso, aquí no pasa. 

Aquí nada es lo que aparenta. Inconformes, revoltosos, disidentes, subversivos, son los sombrereros locos, desquiciados-exiliados de la realidad bonita. 

La realidad bonita es la de los uniformes, conformes, parsimoniosos, callados, reyes y reinas del país de las maravillas. Viven en la realidad irreal, de cuento, de historias de amor y finales felices. 

Todo aquí es maravilloso, nada es confuso ni difuso, quien no lo piense así es un idiota. 

La bruma, la imposibilidad, la derrota, están fuera del discurso de autosuperación. Somos campeones en todo, por ejemplo: en tráfico de drogas. 

Por el otro lado luchar, luchar y luchar, son palabras proscritas, desfases temporales de un discurso arcaico, con tufo a comunismo-rojillo-revoltoso. Eso no es algo feliz. 

Este país es maravilloso, no hay otro como él. Opino que todos los que no estén de acuerdo con nuestra realidad que se vayan, sí, no puede ser que con su odio y negatividad anden por la vida. 

“El cambio somos nosotros”. “Veamos para adelante”. “Seamos una crítica constructiva”. “Aceptemos las imposiciones para así buscar crear un mejor país”. “No seamos disidentes, seamos constructivos”. “La  mayoría decidió”. “Es irresponsable hablar de insurgencia”. 

Sí, la verdad sí, de hueva toda esa gente conflictiva y violenta. Insultan y son violentos verbalmente, cero que ver con la violencia del poder, esa es inocua; la diatriba siempre será más dañina que el hambre, las ilegalidades, la corrupción, la muerte. 

Algunos hasta se atreven a marchar y protestar, son unos vagos, borregos, ignorantes. Inconformes con todo ¿Van a volver a cerrar las calles?  

Mal por ellos, por eso a mí me encanta vivir en este país de las maravillas... 


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