Columnas

En los gobiernos autoritarios, centralistas y conservadores, el presidente en turno tiene a los secretarios de Estado como simples “ejecutores”.

“Vamos a hacer una política exterior no protagónica, no queremos ser ‘candil de la calle y oscuridad de la casa’. La mejor política exterior, es la interior”. AMLO.

En los gobiernos autoritarios, centralistas y conservadores, el presidente en turno tiene a los secretarios de Estado como simples “ejecutores” de sus indicaciones. En México quien hace y deshace es el compañero presidente y camarada mas la cancillería no es la excepción, AMLO conduce los hilos de la política exterior del país.

Su política tiene dos ejes: primero fue el sometimiento a Donald Trump y al eje asiático Rusia-China; el segundo es asumir el liderazgo de los gobiernos populistas de izquierda o derecha de América Latina.

La vista de Argentina

Así se demostró en la reciente visita del presidente de Argentina, Alberto Fernández. AMLO dejó a un lado su discurso demagógico de no intervención y pactó con su similar de Argentina la creación de un eje que impulse los intereses latinoamericanos.

Esta alianza la viene gestando desde el día uno de su gobierno, cuando a su toma de posesiónarribaron los integrantes de su club: Evo Morales, Nicolás Maduro, Cristina Fernández, Juan Orlando Hernández y Jimmy Morales, Lenin Moreno, Iván Duque, Martín Vizcarra y Miguel Díaz-Canel con quienes se configuró un bloque apoyado de una u otra forma por Donald Trump o Rusia y China.

Una de sus primeras decisiones en materia de política exterior generó gran confusión en el contexto internacional cuando no asistió a la reunión del G20, con el pretexto de atender la crisis del huachicoleo. En cambio, envió una carta donde planteaba la necesidad de atender con premura la violencia, inseguridad, los daños al medio ambiente y los flujos migratorios. Una posición ambigua y vaga frente a las 20 economías más importantes del mundo.

El servil de Trump

Con esta acción dejó clara su posición de sumisión ante el gobierno de Donald Trump y de hacerle el trabajo sucio frente a las principales economías del mundo, principalmente en temas como energía, medio ambiente y telecomunicaciones.

Nunca en la historia un presidente de México se había comprometido tanto con un mandatario estadounidense como lo hizo AMLO con Donald Trump.

La única salida de AMLO al exterior ha sido para reunirse con Donald Trump en Washington lo que marcó su alineación: "Usted no nos ha tratado como colonia, al contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente. Por eso, estoy aquí. Para expresar al pueblo de EE. UU. que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto".

Y afirmó: 

“Nosotros, por geopolítica, tenemos que buscar entendernos con Estados Unidos”.AMLO.

Pero AMLO no sostuvo esta afirmación cuando Joe Biden llegó a la Casa Blanca y fue el último mandatario en reconocer su triunfo.

Posteriormente retó a Washington al ofrecer asilo a Julián Assange y ante la toma violenta del Capitolio convocada por Trump, el camarada guardó silencio con el argumento de no intervenir en asuntos de otros países. Sin embargo, cuando se trató del proceso electoral de Bolivia, intervino, juzgo y actuó en favor del expresidente Evo Morales.

Un desaire más a Joe Biden ocurrió luego de la primera conversación telefónica que sostuvieron, si bien se dijo que fue “cordial”, no pasaron ni dos días cuando el compañero presidente, con toda falta de tacto diplomático, se comunicó con el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, para agradecer su apoyo en torno a unas vacunas que, hasta la fecha, no han llegado.

Y lo peor, casi a diario en su mañanera acusa a Estados Unidos de “acaparar” las vacunas en perjuicio de los países latinoamericanos y nuevamente volver a agradecer el apoyo de Putin.

AMLO y Donald Trump se entendían perfectamente en temas comerciales y de interpretación del T-MEC, sobre todo en temas de energía, contratos laborales y del regreso de los monopolios privados y estatales.

Si bien, el espíritu del T-MEC radica en una alianza regional de libre competencia y en fortalecer la región Norteamérica, la política de Donald Trump y AMLO, totalmente contraria, avanzaba sin beneficios para México y Estados Unidos.

La política energética de Donald Trump y AMLO se basaba en hidrocarburos y no en energías limpias; se privilegiaban los monopolios estatales en lugar de la competencia; Se negaba el cambio climático en lugar de impulsar políticas medioambientales. Se puso freno al cambio tecnológico en telecomunicaciones y se promovió la desaparición de los organismos autónomos. Todo esto generó alarma y en México las repercusiones ya se empiezan a notar con la salida de importantes inversiones y el inició de un proceso de acumulación de demandas legales por incumplimiento del T-MEC.

¿Quien es el aliado?

Lo anterior pone a México en franca controversia contra Estados Unidos, pero AMLO lo aprovecha para acusar a las empresas extranjeras de iniciar los litigios, y así recurrir a su vieja e infalible fórmula: hacerse la víctima ante el “imperio”, y de paso. para buscar el cobijo de China y Rusia.

Así, mientras AMLO demagógicamente se envuelve en la Bandera para hacer campaña, la política interior en materia de economía, seguridad, energía, empleo, deuda y gasto “hacen agua”, pero, desde la lógica del presidente, lo que está muy mal es la política exterior que nos hace dependientes y vulnerables.

Un mito más, porque la fórmula para evitar al imperialismo, no sólo el yanqui, sino el ruso o el chino, no es el autoritarismo ni un nacionalismo mal entendido, es la democracia.