Golpe en Bolivia, referendo en México

marcelo evo
Evo fue recibido cálidamente por el canciller EbrardTwitter

El modelo de Evo se confeccionó a lo largo de sus 14 años al frente del poder presidencial

El ejemplo de Bolivia puede repercutir negativamente en las aspiraciones de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Tendrá que buscar un diseño institucional y no de un solo hombre, si no quiere tener el destino de Evo Morales, o mantener su régimen por la fuerza como en Venezuela y Nicaragua.

 

¿Qué hay detrás de la deposición de Evo Morales y las implicaciones para Morena y el presidente AMLO?

Situaciones que poco o nada tienen que ver con el debate sobre su asilo político en México, lo cual, como ya lo comentamos, es un asunto que responde a una larga tradición diplomática de México y que lejos de afectar al presidente López Obrador, lo fortalece.

Las repercusiones tampoco están en el debate de si Evo Morales fue un buen presidente, basados en que durante su mandato de 14 años hubo crecimiento económico y combate a la pobreza.

Más allá de todo esto, existe una realidad. Su renuncia obedeció a varios factores que hoy flotan en toda Latinoamérica. Evo perdió popularidad y legitimidad frente a la población, derivado del agotamiento del modelo adoptado.

El modelo fue similar al de Venezuela y Nicaragua, tanto en lo político como en lo económico, al erradicar la vida institucional e imponer un estilo de corte personal. En lo económico, expropiar las empresas del sector primario y convertir a Bolivia en mono-exportador.

El modelo de Evo se confeccionó a lo largo de sus 14 años al frente del poder presidencial. Fue el primer presidente indígena en 2006 y, tras una reforma constitucional, fue elegido nuevamente en 2010 y en 2014. Para acallar las presiones de su reelección, en 2009 promulgó otra Constitución que establecía un límite de dos mandatos continuos de cinco años. Pero no la respetó y en 2016 convocó a un referéndum para tener otra oportunidad en las elecciones de 2019.

Lo que nunca esperó fue que ese referéndum saliera contrario a sus intereses reeleccionistas: los votantes rechazaron la propuesta de una cuarta postulación.

Así que no respetó el referéndum y, en 2017, el Tribunal Constitucional dictaminó que el límite de dos períodos para el mandato presidencial es una violación a los derechos humanos y autorizó la candidatura de Evo. Esto le permitiría contender en 2019 para un nuevo periodo presidencial que concluiría en 2025.

Considerando el fallo del Tribunal Constitucional, Evo se inscribió en noviembre de 2018 como candidato del MAS, para las elecciones de octubre pasado.

Después de que se registró, el 6 de diciembre de 2018, cientos de personas marcharon para reivindicar el referéndum y exigir la inhabilitación de la candidatura de Evo. Así transcurrió el año, con protestas contra la reelección.

Incluso las comunidades indígenas bolivianas lo cuestionaron. Nelo Yarari, líder de Carmen del Emero, comunidad indígena tacana en la Amazonia boliviana, señaló que la regla era que los líderes sólo pueden ser reelegidos una vez.

Como era previsible, Evo llegó a las elecciones sin el respaldo social. En las elecciones del pasado 20 de octubre logró 47.08% de los votos, y el opositor Carlos Mesa 36.51%; una diferencia mayor a 10%, que evitaba la segunda vuelta.

El problema fue que la elección se llevó a cabo bajo procedimientos sumamente irregulares, similares a los del PRI en la elección de 1988, que permitió el triunfo de Carlos Salinas con triquiñuelas instrumentadas por Manuel Bartlett, quien además de ser secretario de Gobernación era presidente de la Consejo Federal Electoral (CFE), por lo que se le recuerda por su famosa caída del sistema, alteración de paquetes electorales, falsificación y reposición de actas de cómputo distritales.

En Bolivia fue similar. Manipulación del sistema informático; interrumpió durante casi 24 horas el escrutinio electrónico sin ofrecer explicaciones; existencia de mil 575 actas en el cómputo final, con un aproximado de 350 mil votos, en el último 5% de votación, lo que permitió a Evo incrementar el promedio de votación en un 15%, mientras Mesa cayó en una proporción prácticamente igual, y la existencia de actas físicas con alteraciones y firmas falsificadas que impactaron en la integridad del cómputo oficial.

A pesar de haber metido mano al proceso no le alcanzó para revertir la pérdida de popularidad, obtuvo 47% de los sufragios, frente a 61% que logró en 2014 y no pudo contener la molestia de los ciudadanos.

A partir de ahí se desataron protestas y movilizaciones de la población. Amplios sectores de la sociedad rechazaron los resultados.

Las movilizaciones fueron creciendo e incluso se internacionalizaron, y países como Colombia, Perú, Brasil y la Organización de Estados Americanos (OEA) exigieron la realización de nuevas elecciones. Las protestas rebasaron al presidente Evo, por lo que tuvo que entrar el Ejército y el presidente se vio obligado a dimitir.

 

Latinoamérica, el experimento

Pareciera que Latinoamérica se ha convertido en el laboratorio de alguien que pone en juego dos modelos de política y de economía, pero las presiones a los países del continente son cada día más fuertes. Si se presionó duramente a un país como Chile de corte más liberal, al grado que pusieron en duda la estadía de su presidente, la respuesta se dio en Bolivia, donde ahí si cayó Evo Morales.

Por otra parte, después de la caída de Evo, derechistas brasileños tomaron la embajada de Venezuela en ese país y la respuesta se dio minutos después en protestas en Bolivia en contra de la recién juramentada presidenta interina.

 

¿Quién mueve los hilos?

Los problemas de Bolivia y el debate en el sur del Continente repercuten en México y en la 4T.

En México no se reconoce que el problema boliviano fue por la pérdida de seguidores de Evo, derivado del hartazgo de sus políticas y de la concentración del poder. En México existen señales de un modelo similar, con la revocación de mandato, la concentración de la economía en Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el rediseño institucional concentrando el poder en el presidente.

En México se está siguiendo el mismo método de focalizar los Poderes en la persona del presidente, así está sucediendo con el Poder Judicial, el Instituto Nacional Electoral (INE) y como ya lo hicieron con la Comisión Regulatoria de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y en estos últimos días con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

En la administración de AMLO se está buscando un rediseño institucional, similar a los de Bolivia, Venezuela y Nicaragua, tal como lo han expresado en sus textos “académicos” personajes como John Ackerman y su esposa, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval.

La democracia se sustenta en sus instituciones y en la competencia política. La debilidad institucional de una nación acarrea más problemas que beneficios y la coloca en condiciones de vulnerabilidad hacia el exterior. Hoy América Latina parece no tener libre albedrío.

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