22 de octubre de 2021 | 18:22
Opinión

    ¿Eres un hombre mandilón?

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    Ser un hombre mandilón no tiene absolutamente nada de malo.


    Primero especifiquemos cual es la definición de la palabra mandilón, hombre demasiado amable con su pareja, afectuoso, portador orgulloso de un delantal, complaciente al hacer lo que sea con tal de ver feliz y contenta a su pareja… que lo mangonea su vieja pues.


    Estos serviciales seres suelen ponerse el típico delantal para cocinar de vez en cuando, lavar los trastes, planchar la ropa, hacer el mandado, y demás actividades en las que colaboran complacientemente.


    Algunos de estos hombres sufren al ser encasillados como “mandilones” por sus amigos, quienes hacen mofa de la vida que decidieron llevar.  Diciendo frases como "eres un calzonazo", “te pegan las agruras”, “te pega tu vieja”, “tú mandas, no te dejes”.


    Otros sufren porque  quieren, ya que efectivamente son presa de malos tratos, gritos, a veces hasta golpes (zapes y pellizcos), patadas bajo la mesa, miradas asesinas, ofensas en público, etc., pero ellos así son felices, sumisos pero felices.

     

    Algunos síntomas para saber si TÚ o alguien que conoces es un  “varón domado” son:

    Tu mujer te escoge la ropa, vez alguna novela, la que sea (Soy tu Fan también en novela), masajeas los pies de tu amor cuando llega cansada del cafecito, escoges el color de tu mandil, conoces a las vecinas y hasta cotorreas con ellas, sabes a qué hora pasa la basura, el gas etc.

     

    Dices alguna de estas frases:

    “Si voy, pero deja le pegunto a mi domadora”.

    “No soy mandilón, me gusta verla feliz, que es diferente”.

     “No soy mandilón soy hogareño”.

    “No soy mandilón, sólo hago lo que dice mi mujer”.

    “Espera, sólo me quito el mandil y llego”.

     

    Estos hombres merecen un altar, pues promueven la solidaridad, la unión de la pareja y sobre todo ayudan a formar un equipo (que es muy distinto)... a darse la mano en cualquier situación. La época de las cavernas ya pasó, en una pareja los dos deben ayudarse y repartirse las tareas.

    Consejo:

    Sí te sientes mandilón, lo eres.

    Sí te preocupa ser mandilón, corrígelo.

    Sí te gusta lo que haces, síguelo haciendo.

    Sí lo haces a fuerza, medita y toma una decisión.