En cuanto a la vida privada de los políticos, el punto está en dilucidar, 1) si debiera ser conocida por el público, 2) si la misma es exhibida en beneficio del bien ciudadano o para dañar al objeto en cuestión, es decir, si se trata de “guerra sucia”.
1. El primer punto queda saldado cuando se considera que toda figura expuesta al público está asimismo expuesta sin excepción al escrutinio social. Entonces no importa realmente si su vida privada debe o no ser conocida, de todas maneras es muy alta la posibilidad de que lo sea. No es materia de ética sino de tiempo. Quien no desee verse asimismo en la posible turbulencia del escándalo, deberá guardarse en casa o bien ser un puritano auténtico, un ermitaño, un asceta.
2. Cuando se sabe que un político o candidato a una posición tan importante como la presidencia la república tiene graves problemas personales con el alcohol, la drogas, es un ratero o un asesino, o tiene una enfermedad mental o terminal, bien importante es que se sepa en favor de la nación. Cuando esos problemas remiten a la vida familiar y a la alcoba, es muy probable que su exhibición se deba a la curiosidad social o la llamada guerra sucia. Es inevitable pues que la figura pública, el político, enfrente turbulencias.
Durante un viaje aéreo acabo de ver La Conquete (The Conquest, 2011), la película de Xavier Durringer que narra el ascenso al poder del presidente de Francia, el derechista Nicolas Sárkozy, su ambición, su afición por las cámaras, por la mediatización de su persona, para ganar posiciones. En 2007, cuando las encuestas le favorecían, Cécilia, la esposa por veinte años, quien ha sido su asesor y guía, quien ha compartido su ambición, lo abandona por el millonario Richard Attias justo antes de las elecciones. Los adversarios filtran el rumor con intención de reducir su ventaja en las encuestas, pero el futuro presidente francés lo detiene a tiempo al reconocer en entrevista pública que él como todo ser humano está expuesto a las vicisitudes de la vida, etc. Logra así incluso la simpatía del público. Y logrará algo más, que la exmujer esté presente con él el día de la elección aunque después lo abandone nuevamente y se divorcien tres meses más tarde. Lo que sucedió aquí es lo que los columnistas llaman “control de daños” por anticipado.
Cuando Monica Lewinsky prodigó de felaciones a Bill Clinton, el escándalo al parecer no afectó a nadie a final de cuentas, excepto que se vea el triunfo de George Bush como un beneficio parcial resultado del hipócrita puritanismo republicano que hizo de este episodio un acontecimiento internacional. Todos están contentos hoy, Bill, George, Hillary, y hasta Mónica.
Que Peña Nieto haya declarado que tiene hijos regados, es una manera de actuar a la Sárkozy (con quien comparte lo mediático asimismo), anticipándose a la “guerra sucia” que se asegura le espera de parte del panismo para bajarlo en las encuestas (ese panismo calderonista guiado por el perverso español Antonio Solá, instigador criminal del “peligro para México” contra López Obrador en 2006). Ya se anuncia también un libro sobre sus deslices y otros detalles.
No sabemos si el candidato del PRI tendrá la fortuna del exmarido de Cécilia Attias. Por lo pronto, la guerra que se ha hecho Peña Nieto a sí mismo con su incultura y su incapacidad frente al micrófono, no le ha bajado sino pocos puntos; eso es lo que dicen los encuestadores y los columnistas zalameros. Veremos.
P.D. Tráiler de La Conquete, 2011. Selección oficial del Festival de Cannes:
