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Los 60 mil créditos de 25 mil pesos que se prometen para apoyar la recuperación de las empresas, no son nuevos, iniciaron sin éxito el año pasado.

En Contexto

Con la serenidad que debe marcar el reposo, la revisión del programa de recuperación económica presentado hace varias semanas por Tatiana Clouthier, la nueva secretaria de Economía, no garantiza pautas disruptivas para el necesario crecimiento del país que sufrió un dramático desplome en 2020 por la irrupción de la pandemia y aunque ya veníamos mal no mejora el panorama para este año.

Apoyado en 4 ejes simbólicos, no es distinto al modelo puesto en marcha al inicio del gobierno por su antecesora Graciela Márquez. 

En el discurso ofrece, en primer lugar, atender el mercado interno, empleo y empresa; como segundo eje aparece el fomento y facilitación de la inversión; el tercero es comercio internacional y como cuarto elemento propone la regionalización de los sectores del país, que es una nueva vertiente de la descentralización.

El esquema no es novedoso, a pesar de su importancia. Se inscribe en los lineamientos del Plan Nacional de Desarrollo y quizá lo notable es que se incorpora la posibilidad de que los cuatro ejes se puedan mover en función de las necesidades nacionales y las circunstancias que vayan imponiendo los mercados globales en términos de intercambio de bienes y servicios como financieros, lo que llama la atención porque se hacen alusiones a la necesidad de aptar inversiones nacionales y extranjeras.

Hasta ahí, el planteamiento parece impecable y necesario, dadas las deterioradas condiciones del país en materia de producción, consumo, inversión y empleo formal, que son pilares para el desarrollo y bienestar nacional. Pero el mismo discurso que, si bien presenta un amplio repertorio de lo que se pretende hacer para que los gobiernos municipales estatales y el federal ofrezcan condiciones favorables para el emprendimiento, no dice nada sobre las indispensables revisiones en materia hacendaria (ingresos y gasto), porque en el país no hay recursos monetarios suficientes, además de recomponer la seguridad jurídica, que todo lo encarece y complica la posibilidad de trabajar con certidumbre.

El programa, en consecuencia, resulta más electoral que la política pública que esperaba el país ante la adversidad sanitaria.

Por ejemplo, los 60 mil créditos de 25 mil pesos que se prometen para apoyar la recuperación de las empresas, no son nuevos, iniciaron sin éxito el año pasado y si bien su orientación ofrece beneficios para las micro y pequeñas empresas, no les da luz para asegurar su permanencia en el mediano o largo plazo porque, además, no se establecen condiciones para eslabonar cadenas productivas con las medianas o grandes compañías. La apuesta está en la informalidad.

Tampoco se involucra a la banca comercial con tasas de interés competitivas y solidarias. Sus réditos y comisiones siguen alejados de la realidad productiva nacional y al amparo gubernamental. La banca de desarrollo, que podría ser una catapulta para impulsar una consistente política pública para remontar la crisis con objetivos claros, sigue echada a los pies de lo que indiquen las decisiones políticas desde Palacio Nacional.

A ello se suma la inexistente ausencia de estímulos federales para la producción de bienes y servicios, distintos a los que se otorgan a Pemex, la CFE o a las Fuerzas Armadas como constructores y encargados de logística, sin hablar de los programas de rentabilidad propagandística y electoral. Nada hay en el programa de reactivación de programas de licitación en materia de medicamentos o infraestructura por parte del gobierno federal

La intención del plan de reactivación es que el T-MEC sea el que resuelva los problemas económicos del país y que la generación de las indispensables oportunidades para la ciudadanía, lleguen casi como por arte de magia.

No se refleja en el programa que tan solo en el T-MEC existen temas laborales, de competitividad, energéticos, de resolución de controversias que requerirán una atención técnicamente sólida que no se perciben en el equipo de subsecretarios y que tampoco se resolverán con la figura netamente política de Tatiana Clouthier.

Para su nueva etapa, la Secretaría de Economía exigía de un perfil de liderazgo con reconocimientos en asuntos de política industrial, de comercio interior y exterior, desarrollo de mercados, competencia económica y sus vinculaciones con la estructura fiscal, laboral y social, por decir lo menos, elementos de los que la nueva secretaria carece para impulsar la urgente reactivación que requiere el país.

No se niega el probable talento de la exsenadora, pero por su práctica, lealtad y orientación si se generan beneficios serán para el proyecto político que representa y sin garantía de que los eventuales logros se traduzcan en el necesario progreso nacional.

@lusacevedop