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En Contexto: ¿Qué se está haciendo por la educación en México?

Educación en pandemia.Rogelio Morales / Cuartoscuro

UNICEF y Banco Mundial señalan que 10 millones de estudiantes quizá ya no regresen a las aulas, tras  meses de confinamiento.

¡Por fin! Inició la vacunación masiva

La pregunta del título de esta colaboración parte del reconocimiento de que ¡por fin! Inició la vacunación masiva y que se abre, junto con la esperanza de alcanzar el control de la pandemia, la posibilidad de reactivar la economía, el crecimiento y la recuperación del tiempo perdido.

De funcionar el plan de vacunación tendrán que reanudarse la mayoría de las actividades esenciales, en donde la educación juega un papel esencial para la población, porque de ella depende construir las oportunidades que favorezcan el bienestar anhelado.

Nadie duda que 2021 puede ser diferente al año pasado, pero para mejorar las condiciones vigentes se requiere planeación e inversión para alcanzar, cuando menos, los niveles previos a la irrupción de la pandemia. Sin embargo, la evolución del virus y el retraso en la vacunación dificultan el panorama más optimista porque no hay programas estructurados y conocidos en caso de que regresen los confinamientos. Hoy ya nada es como antes.

En ese sentido, la educación es uno de los factores más importantes. Junto con el aprendizaje, que representa la capacidad para tener acceso a la comprensión y el razonamiento, constituye una experiencia social que en el caso de México ha sufrido meses inciertos e, incluso, de pérdida.

Sin que sea justificación, en América Latina y en Asia las clases se han interrumpido por más de 10 meses y no sorprenden la estimaciones de UNICEF y del Banco Mundial que señalan que 10 millones de estudiantes quizá ya no regresen a las aulas, aunque la cifra podría llegar a 24 millones.

En el caso de nuestro país ya enfrentábamos una crisis que se disparó a una situación de urgencia por la pérdida de aprendizaje y la desigualdad provocada por la pandemia.

Luego de muchos meses de espera, por fin entró en funciones la nueva secretaria de Educación Pública, es Delfina Gómez, una maestra normalista que se presenta como profesional con amplia experiencia docente, inclusive como directora escolar, aunque su pasado reciente la ubica principalmente como militante del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), fue presidenta municipal de Texcoco, diputada federal y candidata a gobernadora del Estado de México por su partido en las elecciones estatales de 2017, al lado de Andrés Manuel López Obrador.

En su presentación oficial la maestra se centró en el pasado, en las deficiencias que todos conocemos y padecemos. En su discurso, la relación con el presente educativo si bien se basó en el regreso a clases en “condiciones de limpieza, salubridad, infraestructura y recursos” y de acuerdo al semáforo epidemiológico de cada Estado.

Como su antecesor, el ahora embajador Esteban Moctezuma, tampoco estableció los cómo ni ofreció lineamientos de alguna estrategia para cuando se abran las escuelas y lo que se pretende hacia adelante.

Repitió el vacuo discurso oficial y eso preocupa, porque la educación necesita revisar el presente para abrir el camino del futuro en el que, las circunstancias obligaron a modificar perspectivas, cada vez más centradas en la ciencia y la tecnología para establecer conexión funcional entre maestros, estudiantes y el mercado de oportunidades.

El futuro inmediato, ya no puede enfrentarse bajo condiciones tradicionales, hay que pensar en plataformas digitales porque las condiciones sanitarias son inciertas que obligan a que la operación en las aulas resulte compleja y precisa, no solamente para la formación de políticas públicas innovadoras sino para los maestros, alumnos y sus padres.

Hace poco, el Banco Mundial advirtió que el futuro postcovid tiene que contemplar al menos 10 áreas indispensables para que la educación sea favorable y se remonte la pobreza. Mencionó a la inversión en infraestructura de agua y saneamiento, equipamiento y protocolos de protección sanitaria; adoptar un currículo flexible que priorice los aprendizajes fundamentales y socio emocionales; flexibilizar el año y la jornada escolares, en el tiempo y regionalmente.

Con ello, apoyar integralmente al maestro en habilidades digitales, en enseñanza remota e híbrida, en su salud mental y en su bienestar en general. Desarrollar modelos agresivos de educación remedial, tutoría u horas adicionales, y mejorar las condiciones de aprendizaje en el hogar, distribuyendo material de lectura, dispositivos electrónicos, negociando precio-cero para conexión a internet a sitios educativos.

Y algo muy importante: Montar campañas agresivas para mantener la conexión del estudiante con la escuela y eliminar la deserción escolar, especialmente entre las niñas.

La realidad nacional a partir del resultado de los discursos muestra, por ejemplo que la pérdida de empleos más amplia se observa en jóvenes y adultos mayores, en donde los programas asistencialistas carecen de sentido por las deficiencias educativas.

Esto se confirma en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en donde se muestra que en el grupo de 15 a 29 años se perdió alrededor de 25 por ciento de los empleos; en el grupo de 30 a 64 años, 18.9 por ciento y en grupo de 65 y más, 30.2 por ciento.

Otro dato más, las becas no aseguraron la permanencia de los estudiantes.

Es claro que a nadie le interesan los discursos políticos cuando las expectativas esenciales de vida se han deteriorado por razones internas y por causas extraordinarias. Lo que se requiere es pensar en el presente para avanzar en el futuro.

La salud y la educación son cimientos para el progreso y para sustentar la esperanza de la sociedad en su conjunto. Hay que trabajar en eso y no en tanto rollo.