5 de diciembre de 2021 | 15:24
Opinión de Alberto Rodríguez

    ¿Llegará la 'Gatellmanía' a la carrera presidencial de 2024?

    El político de moda de la Cuarta Transformación parece estar mucho más lejos de la lucha por el cargo de lo que muchos quieren pensar. 
    Hugo López-Gatell
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    Ya casi nadie lo recuerda, pero en febrero de 2012 se vivió un fenómeno cultural conocido como ‘Linsanity’ cuando los aficionados a los Knicks de Nueva York se rindieron ante Jeremy Lin, el primer sino-estadounidense en jugar NBA, abarrotando el Madison Square Garden y agotando las playeras con el número 17 que lo caracterizaba.

    Visto en retrospectiva, parece casi tonto: todo lo que hizo Lin fue ayudar a su equipo a ganar siete juegos consecutivos (una racha modesta en una liga con 82 partidos en temporada regular) y alcanzar los playoffs. No llegó a campeón y de hecho fue vendido al final de la temporada pues los entrenadores siempre lo vieron como un jugador de banca; un buen revulsivo, pero banca al fin. En la actualidad, el muchacho juega en la liga profesional china.

    ¿Qué va a pasar con Hugo López-Gatell, el fenómeno político del momento? Algunos insisten en que un buen manejo de la pandemia por Covid-19 lo catapultará a la candidatura de Morena a la Presidencia de la República en 2024, y la gran popularidad que goza -especialmente entre el electorado joven- parece confirmarlo.

    Otros más ven en el subsecretario de Salud una clásica llamarada de petate al puro estilo Lin; una Gatellmanía, si se quiere, que será anecdótica cuando los pesos pesados de la izquierda institucional mexicana -a saber, Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum- comiencen a pelear por relevar a Andrés Manuel López Obrador en el cargo.

    La administración de AMLO ha demostrado su impredecibilidad desde el día uno y así seguirá hasta su último respiro, para bien y para mal. Parece temprano para saber qué le depara el destino al político más de moda de la llamada cuarta transformación y, para colmo, se observan señales encontradas.

    Algunos dicen que el presidente ha decidido bajarle las revoluciones a Gatell, pero sigue encabezando seis o siete días a la semana una conferencia que ya hasta roba reflectores a la institucional ‘mañanera’. Un día aparece en la parte trasera de la conferencia presidencial y no toma el micrófono, pero horas después se le ve con la esposa del mandatario dialogando sobre cómo hablarle a los niños sobre la pandemia.

    ¿Qué quiere decir todo esto? Naturalmente quiere decir que, en efecto, estamos demasiado lejos de la sucesión; pero significa también que el fenómeno podría extenderse y no quedarse en algo parecido a lo que vivió nuestro estimado Lin. El hecho de que la salud sea una de las grandes apuestas de esta administración, y que la creación del Insabi tendrá al tema en primeras planas al menos hasta diciembre, refuerza ésta última teoría.

    En todo caso, en este momento el funcionario tiene todo a su favor para ser la gran revelación de este sexenio y todo lo que tiene que hacer es ayudar al país a superar una crisis que AMLO llama transitoria mientras que algunos académicos la califican como civilizatoria -lo que sea que eso signifique-. Nada más, y nada menos.