Columnas

La obsesión del hombre, el desdén del presidente

Andrés Manuel López ObradorCortesía

López Obrador tiene claro al adversario: “los conservadores”.

El hombre, el político, tiene una marcada obsesión con y contra los medios y periodistas “tradicionales”; para bien y para mal, para la crítica persistente y el elogio innecesario. El presidente, a pesar de su celebración genérica de las redes sociales (“benditas”), desconoce o desdeña a los medios y periodistas independientes que fueron críticos con los gobiernos pasados -sus adversarios-, que fueron víctimas de estos, que fueron activos instrumentos de información, investigación, documentación, comunicación, que mucho contribuyeron a propiciar al hombre las condiciones para transformarse en presidente; y esto, mucho antes del fenómeno de los “youtubers”, que es reciente.

A. El hombre. Ya sea en las conferencias matutinas de Palacio Nacional o en los entablados de los mítines de las giras como escenario, López Obrador tiene claro al adversario: “los conservadores”, que en términos de los medios “tradicionales” son El Reforma, El Universal, Milenio, El Financiero, Proceso, Nexos, Letras Libres; entre otros. En cuanto a individuos, se refiere a periodistas conocidos por la voz popular como “chayoteros”: Loret de Mola, López Dóriga, Gómez Leyva, Hiriart Le Bert, Riva Palacio, Marín Martínez, Beltrán del Río y otros semejantes (incluyendo a un payaso, “Brozo”); también y sobre todo a dos “intelectuales orgánicos de la derecha” (que yo llamo intelectuales orgiásticos), Aguilar Camín y Krauze Kleinbort. Este universo de nombres representa al resto de “los conservadores” en el imaginario del hombre López Obrador. Universo con el cual ha tenido una relación heterogénea (encuentros y desencuentros) en el paso del tiempo pero que hoy, desde la presidencia, este hombre lo toma como adversario interlocutor.

Frente a este cúmulo de nombres y aún dentro de los medios “tradicionales”, aparecen los que merecen su panegírico: Aristegui Flores, Zepeda Patterson, Gutiérrez Vivó, Pedro Miguel, Galván Ochoa, los llamados “Moneros de La Jornada” y recientemente dos más, Arreola Castillo y Meyer Cossío (este último me parece acaso el mejor analista político del presente: contextualiza, ofrece argumentos históricos y presentes, establece referencias, encuentra aristas diversas al tema “X” y, sin reservas, no deja de mostrar su simpatía por el cambio que pretende el gobierno actual).

Son los nombres que pueblan sus meandros. A los demás, los encarna en lo que los nombres que invoca representan, los ignora o los manda al tobogán de la generalización: todos son “conservadores y neoliberales que NUNCA DIJERON NADA”. Son los nombres y los hombres con los que, directa o indirectamente, ha interactuado durante sus años como político o “luchador social”. Su universo no ha cambiado, continúa anclado en el recuerdo de lo vivido y experimentado por decenios; ¿es necesaria la reiteración hasta la náusea? Por ello, para la crítica y el elogio, es este mundo tradicional el que dicta su discurso.

B. El presidente. Y frente a los meandros anquilosados, se resisten a ser ignorados y desconocidos, continúan participando a pesar de todo, los que por lustros y decenios apoyaron al hombre López Obrador en su proceso de convertirse en presidente de México; que compartieron a la distancia con él la travesía farragosa. Al generalizar, el presidente los desconoce e ignora o exhibe su personal utilitarismo político: ha usado a tantos medios independientes como ha sido posible en todo el país, que fueron y son instrumentos de información, investigación, comunicación, los que confrontaron al régimen conocido como Prian, los que desmintieron, los que hurgaron y aun demandaron; los que murieron durante la batalla de años. Los ha ignorado y no tiene siquiera una palabra para ellos. Hasta que algunos se lo hacen saber, ejecuta una pausa breve, hace una referencia genérica y vuelve al discurso de siempre.

En abril pasado critiqué esta memoria selectiva y la amnesia deliberada del presidente López Obrador respecto al tema: “Hablaré de esa franja, tal vez la más gruesa, que ha ejercido por lustros un periodismo crítico contra el poder del neoliberalismo teniendo como objetivo a la vez un proceso de cambio que ese periodismo ha creído vislumbrar con la elección de julio de 2018. Esa franja que AMLO desecha al establecer su juicio sobre el periodismo nacional a través de una aparente tapadera crítica, en realidad, al sentenciarlo al olvido desde una dicotomía entre memoria selectiva y amnesia deliberada” (SDPnoticias; 22-04-20). (https://www.sdpnoticias.com/columnas/periodismo-en-mexico-entre-la-memoria-selectiva-y-la-amnesia-deliberada-del-presidente-lopezobrador.html

Frente al discurso presidencial habitual: “los medios nunca dijeron nada ante la corrupción del neoliberalismo, guardaban silencio” (ya sabemos, se refiere a los “tradicionales”; y ahí también erra al generalizar), han surgido en la propia conferencia matutina voces que le hacen ver que con la generalización comete una injusticia, un olvido, un desdén, un desconocimiento, ignora la realidad, desdeña la historia del camino entre el hombre y el presidente.

Recuerdo ahora a tres periodistas que al tomar el micrófono han exhibido la memoria o la justicia selectiva del presidente (seguramente hay otros); aunque de manera no suficientemente enérgica, quizá por respeto a la investidura. Reyna Haydee Ramírez, Demián Duarte y, recientemente, Daniela Pastrana, que fue enfática en su reclamo: “me preocupa que usted, siendo una persona que conoce bien el país y le gusta la historia, esté borrando la historia del importante papel que hemos tenido periodistas y organizaciones en la construcción democrática de este país por 20 años”. ¡Este es el punto, carajo! Entre estos, periodistas que pagaron con su vida (100, cita Pastrana) o con el exilio; periodistas y medios que han subsistido a duras penas o con necesidad.

Ante la generalización sobre “los periodistas aplaudidores y quema incienso que me atacan” y la pregunta, “¿han ustedes leído últimamente una columna a favor del gobierno? En las ‘benditas redes sociales’ sí, pero eso es la gente, los ciudadanos; no hay equilibrio”, Duarte había establecido el 04-09-20: “Sí hay, ¿eh?, lo que pasa es que no estamos en los grandes medios nacionales quienes tenemos una opinión favorable o que somos objetivos al respecto”.

El 22-04-20, Ramírez argumentó: “hay muchos periodistas honestos aplicados en su labor, que no se venden, en todo el país, nada más que usted no los conoce y como que se ‘cicla’ en los grandes medios”.

En su respuesta a Pastrana, el presidente aceptó algo: que hay organizaciones independientes serias y responsables que han sido víctimas del autoritarismo y la represión: “pero yo me dirijo a los grandes medios de comunicación, a las grandes corporaciones porque negociaron con la libertad de prensa (vuelven los meandros del hombre a sobreponerse al presidente), que quieren una vuelta al pasado autoritario, corrupto y de simulación, que me atacan y ¡qué no me han hecho! estos medios y las grandes organizaciones que eran alcahuetas del régimen”. “No la mayoría” –replica la periodista-, “no, las más pequeñas no, y ¡lo pequeño es hermoso!”. Sin más palabras…

Al transitar de nuevo por las ramas del hombre como las iguanas, el presidente quedó a deber una vez más la respuesta a las dudas y preguntas de quienes por decenios contribuyeron a la democracia y al cambio. Es una lástima que, en relación a los medios de comunicación, prevalezca la enraizada valoración del individuo sobre la visión del hombre de Estado, el presidente de la república que reconozca la historia del pasado inmediato sin animadversión y de manera no selectiva, inclusiva. Pero esta historia no termina aún…