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La anemia crónica, de contrapesos, que develó la encuesta de Reforma

Ricardo Anaya.Gabriela Pérez Montiel / Cuartoscuro

No veo a Anaya como un contrapeso de peso, que puede derribar los muros de la imagen de AMLO

Lecturas de fondo despierta la encuesta que publica hoy Reforma con la pregunta: ¿quién podría ser un contrapeso frente al presidente López Obrador?

Los resultados son los siguientes:

1.- Ricardo Anaya: 34%

2.- Margarita Zavala: 14%

3.- Enrique Alfaro: 9%

4.- Miguel Ángel Osorio Chong: 7%

5.- Francisco G. Cabeza de Vaca: 5%

6.- Alejandro Moreno: 2%

7.- Gustavo de Hoyos: 2%

8.- Otro: 1%

9.- Sin respuesta: 26%

Antes que nada, diré que confío plenamente en las encuestas de Reforma.

Hacen buenas mediciones.

Me vacuno anticipadamente. Discrepo de quienes señalen que Reforma es un medio panfletero del PAN, de la derecha, o que la chamba de Juan Pardinas ahí es posicionar a Anaya, o reposicionarlo, mejor dicho.

No.

No es el tema de este comentario. Pero no simpatizo demasiado con estas teorías de la conspiración.

Volvamos, entonces, a nuestro tema: la lectura del sondeo de Reforma sobre los contrapesos, o el peso de los contrapesos de AMLO.

¿En serio, Anaya es el más importante?

Temo decir que no es una encuesta a modo para Anaya y que los resultados del sondeo son ciertos.

Me late. Así ven, en efecto, los mexicanos, en la foto del momento, los personajes/contrapesos del presidente.

El resultado se debe a dos factores.

Primero a que aún está fresca en la mente de los mexicanos la figura de Anaya. Fue, claro, a gran distancia, el segundo lugar después de AMLO.

Pero también a que en la semilla de los opositores de AMLO, que está creciendo ―y que no es muy robusta porque la imagen del presidente sigue siendo elevada―, ven a Anaya como contrapeso porque dijo cosas ―antes― que a los ojos de quienes se han sentido defraudados por la 4T les parece lógicas ―que se veían venir, que él anticipó―, sobre todo en los segmentos de las clases medias y en algunas zonas del norte del país. Así piensan estos grupos.

Por lo demás, amén de los datos del sondeo de Reforma, los asegunes de Anaya son hartos. Ya fue salpicado por Lozoya, quien le pegó en su lado flaco, que son las suspicacias de corrupción, tema que lo lastimó bastante en la contienda presidencial. Por esto, aunque falta un buen, no lo veo en 2024, o catapultando la animadversión hacia el presidente. El ex joven maravilla del PAN tiene un problema, intrínseco, en su ADN, del cual difícilmente se desprenderá y que fue visible para los electores: la gente no le cree lo que dice, aunque sea cierto. Literal. No transmite. Lástima.

En mi carrera de encuestador he visto muchos casos de candidatos o gobernantes que son conocidos, que registran bien en algunas preguntas, como la que hizo Reforma, pero que no resisten el peso del análisis más profundo, bajo la óptica del FODA, el temible análisis de Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas ―la prueba del ácido por excelencia en el análisis del posicionamiento― que doblega al más puesto, que descubre fracturas no visibles al gran público. De modo que no, pese a que sea cierto lo que mide el periódico, no veo a Anaya como un contrapeso de peso, que puede derribar los muros ―que ahora se ven fuertes― de la imagen de AMLO, y de Morena, una derivación de la percepción presidencial.

Margarita Zavala, tampoco va por ahí

Algo similar digo de Margarita Zavala. Junto con su marido, Felipe Calderón, ha logrado construir, en México Libre, un frente opositor importante vs AMLO. El desagrado del presidente frente a Calderón ―lo digo como un dato― es más que evidente. Hay que decirlo con todas las letras en abono al ex presidente. Más que Peña, parece ser este el objetivo del show de Lozoya. El PAN es la verdadera oposición. El PRI, francamente, luce domesticado. De modo que no es extraño que los sondeos empiecen a detectar en las métricas lo ya se respira en el ambiente: las relativas fortalezas tanto del partido que están a punto de armar, como de la figura de Margarita; por ello el segundo lugar de ella en el sondeo de Reforma como contrapeso de López Obrador.

Con todo, al menos ahora, sigo creyendo que no va por ahí. Margarita no tiene, pese a sus varias fortalezas, el empaste, la solvencia ante la población para destornillar a la 4T. Sí, aclaro, para ganar posiciones, cosa distinta.

Le da para jugar, no para ser factor clave de contrapeso.

No. En los tiempos convulsos que vivimos, donde la percepción electoral es el resultado de signos vitales (uno de ello la percepción y oposición hacia el gobierno) resultantes de una nación, convulsa, insuflada de odio, de polarización, de crisis múltiples, inéditas, que ponen los pelos de punta, que aterrorizan, con un mandatario que privilegia la lucha por la percepción por encima de los resultados ―una estrategia que hay que decirlo le está dando resultados―; en este ambiente, le digo, los contrapesos debieran brotar, naturales, potentes.

Pero no. El mapa que registra Reforma dice lo contrario.

La caballada de los contrapesos está flaca.

Sociedad de débiles contrapesos

Por lo demás, es algo que se respira en el ambiente.

Los partidos, como nunca, incluso el PAN, están muy, muy lejos de la sociedad. De abanderar sus causas, lo que les duele.

La gente, lo digo con respeto, está padeciendo su calvario, su dosis de crisis, pero sin ánimo de salir a la calle a protestar.

No hay, no, contrapesos de envergadura para el poder, inmenso, que despliega AMLO, y que construye y reconstruye cada día.

El tema es toral y concierne a la gigantesca pregunta de cuál es la capacidad de una sociedad para resistir un proyecto político construido en el autoritarismo, que representa un riesgo para los valores primigenios de convivencia, democracia, desarrollo económico, modernización de la genuina y de justicia social.

Se ve bastante limitada.

Nuestro país no produce figuras de peso. Líderes con mayúscula. Desde los tiempos lejanos de Clouthier papá, la gente no vibra con los opositores. Si lo hizo con AMLO, y por eso ganó. Tocó fibras sensibles.

¿Quién más?

Volviendo al momento, no sé, quizá Enrique Alfaro pueda crecer, puede... Su actuación reciente no ha sido la mejor.

¿Miguel Ángel Osorio Chong o Francisco García Cabeza de Vaca, cuestionados por presunta corrupción?

¿Alejandro Moreno, Alito, perdido en sus contradicciones?

Llama la atención que Gustavo de Hoyos, quien, con todo, con valor, ha señalado puntualmente las fallas del nuevo gobierno, registre un porcentaje tan pobre como un 2%, cuando se pregunta quién representa contrapeso para el presidente.

Quizá la pregunta debió haber sido espontánea. No sé si Reforma la hizo.

Por lo demás, no entiendo por qué no pusieron a Javier Corral, el gobernador de Chihuahua. O a Gilberto Lozano, ave de tempestades, con el que muchos no están de acuerdo, pero se ha convertido en un opositor activo del presidente con su movimiento. Se está no o de acuerdo con él, debiera medirse, creo.

Muy pocos a quien admirar

Me seduce, como encuestador, la pregunta de a quién admiran los mexicanos, una forma indirecta de plantear el trascendente tema. Y los resultados ―cuando la he hecho― siempre mueven al desánimo.

A nadie. A muy pocos.

Usted, y usted, por favor contesten. Anoten los nombres en una hoja en blanco. ¿Ya se dio cuenta?

Por angas o mangas, en este México convulso que nos ha tocado vivir, padecemos anemia de figuras a quien admirar, no sólo en la política, sino en la música, en las artes, en la literatura, en la clase empresarial y hasta en la iglesia. Quizá el cine, con cineastas de talla mundial, sea la excepción.

Puede ser que, en la fauna de la sociedad civil, lastimada, herida, surjan figuras. Quede muy poco tiempo. Quizá.

En los tiempos de crisis, de convulsión, como lo demostró Churchill, para mí el líder más grande del siglo XX, surgen grandes figuras. Personas que dan luz dentro de la oscuridad, Gente que toma el timón y conduce a las sociedades por encima de ellas mismas, con dolor, con coraje, hacia estadios superiores, como un padre, severo, que ―firme en el timón― conduce a sus hijos y les hace ver sus errores, que reconocen tarde que temprano.

En México, y América Latina, por lo menos, la aridez en esta materia es perceptible.

Por ahora, AMLO no tiene nada de qué preocuparse.

Los contrapesos no son de riesgo.

No sé si en los siguientes meses… la crisis crecerá sin remedio, sobre todo la económica; como dijo una buena amiga en un chat, las empresas están abriendo para cerrar.

Pero, por ahora, hay poco de que preocuparse.

Lástima.

No hay contrapesos.