Desde muy pequeño mostró su gran valentía, ahuyento a otro Coati, varias veces más grande y pesado que «Junior, el Coatí» que no permitió que se acercara a la casa que la ve como su dominio, donde se siente querido. «Junior, el Coatí» se sabe una estrella. Así que la atención que siempre que está con nosotros le damos, no la quiere compartir con nadie más salvo que llegue su mamá «Ella, la Coatí.»

Desde hace tres días, persiguiendo su aroma, se ha acercado curioso a la casa otro Coatí, de color claro, que lo referimos como «Güero, el Coatí» interesado por descubrir porque «Junior, el Coatí» habita en nuestra casa, con tanta alegría. Seguramente en una distancia, observó las atenciones que tenemos con él. Así que curioso en resguardo. Aprovechando la siesta en el árbol que toma «Junior, el Coatí» se esperó a que nos quedáramos solos, «Güero, el Coatí» se acercó, pasando desapercibido. Nos ofreció muestras de alegría. No se compara con «Junior, el Coatí» el más bello animalito del planeta, tampoco tiene su simpatía y nobleza, ni goza del afecto que se ha ganado. Aunque es amable y con mucho interés en nosotros. Tanto a mi esposa como a mí, nos agradó. A quien no le pareció fue a «Junior, el Coatí» que lo enfrentó y lo ahuyentó. El sabe que lo que él tiene aquí se lo ha ganado con sus detalles, alegría, muestras de afecto y sus gracias cuando nos busca por las ventanas hasta que nos encuentra para socializar. El lugar que ha logrado es producto de su esfuerzo, y su constancia, no lo piensa compartir con ningún intruso. Es fácil pensar que «Junior, el Coatí» es nuestro, yo tengo claro que el piensa que nosotros somos de él y no quiere compartirnos, los bocadillos que le agradan, los juegos, ni la relación de alegría que hemos construido que es agradable.

«Güero, el Coatí» ve la mesa puesta, la quiere y no se da por vencido, al acecho espera, oportunidad y así en cada ocasión que ha regresado, «Junior, el Coatí» lo ha confrontado y lo ha ahuyentado, pero regresa, está decidido en ganar un espacio. Toda esa simpatía y ternura queda a un lado cuando despliegan su ferocidad silvestre. Hoy sucedió un enfrentamiento terrible, se atacaron muy fuerte. Pelearon en ramas, «Junior, el Coatí» logró tirar a «Güero, el Coatí» de la copa del árbol, cayó de más de 10 metros de altura, dando un golpe afortunadamente en el jardín, no se lastimó. Salió corriendo veloz huyendo rumbo al bosque al que colindamos. Victorioso «Junior, el Coatí» busco nuestra cercanía para recibir atenciones, era su triunfo. En su alegría, no dio importancia a que cuando golpeó con tal fuerza en la mandíbula para derribar del árbol a «Güero, el Coatí» recibió una mordida o se cortó con el colmillo su mano izquierda de la cual está sangrando. Mas no pierde su amable carácter, y alegre personalidad además de un poco eufórico por su contundente triunfo. «Junior, el Coatí» se ha ganado incluso en pleitos, y merece conservar su vida y la alegría que da a todo aquel que lo ve, que le gana el corazón.

Así a sido de igual forma con nuestros pequeños empresarios en México, es el resultado de grandes sacrificios y de esfuerzo lograr un lugar pequeño, pero tan grande, tan importante para su sobrevivencia, la de sus familias, y las de sus empleados así sean pocos suman la gran mayoría de los empleados en economía formal. Pagan impuestos con los que financia el gobierno sus planes y proyectos. Dan estabilidad, prestaciones, sustento, salud.

Aunque heridos por el cierre por la pandemia. Que si le da manga ancha a los líderes políticos. Uno se pregunta, un esfuerzo así, que beneficios ha logrado. ¿Cuál ha sido su costo beneficio? ¿Se acabaron o de perdido son menos los contagios? ¿Se curaron los enfermos? Soy de los que pienso que no se logró nada positivo al resto de la sociedad. Creo en el beneficio que ofrece el Dióxido de Cloro, (CDS) contra el COVID-19 que, al brote de la pandemia de SIDA, y los contagios por medio de transfusiones de sangre, fue con Dióxido de Cloro, con lo que se evita. Si las transfusiones se aplican a personas en muy mal estado de salud, y no les afecta, los protege para disminuir cualquier virus incluido SIDA, y COVID-19.

El manejo de parar la economía será recordado junto con la frase de la genial idea de quien quemó el petate para matar las pulgas. Parar la economía, causa una hemorragia, acaba con la empresa descapitalizándola, así se desangran. Los grandes empresarios, compran gangas. Los pequeños no son invitados a eventos cupulares, no reciben reconocimientos, ni los buscan, nadie los presume, su principal meta es continuar activos en su negocio, trabajando por un mejor mañana para ellos y los suyos. En su conjunto son el corazón de nuestra economía, y de nuestra sociedad, no son un partido político, son México, a la mayoría ni les mueve la política, les interesa sus vidas, al empresario, su empresa, pagar las nóminas, proveedores, servicios, ser productivos. Para sobrevivir, los políticos necesitan construir egos poderosos. Esto les causa que crean que todo es en referencia a ellos. Están muy equivocados. A la gran mayoría, si les gustaría que los políticos fueran honrados, con vocación de servicio, están clasificados como parásitos, improductivos, que solo están para servirse. Salvo cuando les afecta sus abusos, corrupción, que decir de sus malas decisiones entonces se preocupan, y en ocasiones, hasta toman atención de ese mal. Quieren y merecen sobrevivir y aunque muy golpeados, con seres queridos que partieron anticipadamente, con grandes pérdidas económicas, pero con el espíritu de un campeón celebremos con ellos, en las risas envolveremos nuestras penas todos los mexicanos para alcanzar el triunfo del esfuerzo y sacrificio de todos nosotros por nuestra Patria.

Se ve en la foto a «Junior, el Coatí» como un boxeador vencedor con sangre después de la pelea de título. Campeón eufórico no sabe de golpes cuando está celebrando su triunfo. No sintió heridas. disfrutando un plátano. Solo que a veces hay victorias que no son. Esta parece ser una de esas. Llamamos a un veterinario, no deja de sangrar de su mano izquierda. «Junior, el Coatí» sintiéndose un campeón, se metió un poco en la alberca, se refresco y se fue al bosque a celebrar su victoria, no se dejó atender la herida. Lo hemos estado llamando, no ha regresado. estamos preocupados no sabemos qué pueda suceder. Porque sabemos que hasta los héroes en ocasiones también necesitan ayuda. Si la hemorragia se detuvo, regresara a recuperase de los días de fiesta, trasnochado, como otras veces antes, cojeando de una manita. Ojalá que sea así. Pido una oración por «Junior, el Coatí», por nuestros pequeños empresarios, y todos los habitantes de este hermoso país, tantas veces traicionado por sus líderes. Tenemos un gran futuro. Ese que nosotros, todos, hasta los que estorban, estamos construyendo. Como aquella poesía de Ricardo López Méndez que cuando era un niño, escuche con tanta emoción a Manuel Bernal y que me ha marcado para siempre en un compromiso que evocó su primera estrofa.

“México, Creo En Ti. Como en el vértice de un juramento. Tú hueles a tragedia, tierra mía, Y sin embargo, ríes demasiado, Acaso porque sabes que la risa es la envoltura de un dolor callado….”