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Mientras tanto, Peña paseará por la Castellana y hará sus compras en la calle de Serrano, en la bella capital española.

El gabinete del expresidente Enrique Peña Nieto parece volver a sufrir una buena embestida. El abogado defensor de Rosario Robles, Sergio Arturo Ramírez, acusó ayer públicamente al ex canciller y ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray, de haber participado en el fraude conocido como “La Estafa Maestra”, el cual, como el lector recordará, presuntamente consistió en un complejo desvío de recursos del gobierno federal destinados a campañas electorales y a la subcontratación ficticia de servicios por parte de supuestos beneficiarios de los fondos, entre ellos, algunas universidades públicas.

Videgaray, por su parte, desde Cambridge, Massachusetts, ciudad sede de la renombrada universidad de Harvard y del MIT, desmintió vía comunicado las acusaciones en su contra, y aseguró que durante su gestión en Hacienda las ampliaciones presupuestales se hicieron conforme a la Ley. Posteriormente, tras su paso por la Secretaría de Relaciones Exteriores, el ex canciller aseveró acertadamente que no tenía competencias para decidir el destino de los recursos aprobados.

El priista mexiquense, tras su declaración de “No fui jefe de Robles” pareciera abrir la posibilidad de desviar la atención hacia quien sí que fue superior jerárquico de Rosario, de José Antonio Meade, y de él mismo, a saber, el expresidente Enrique Peña Nieto, quien, según ha trascendido, reside en Madrid, España.

Por lo visto, la oficina del fiscal Alejandro Gertz Manero comenzará el año 2021 con una pila incandescente de expedientes. Por un lado, a reserva de recibir luz verde presidencial, deberá iniciar el proceso de investigación contra el general Cienfuegos (si procede, lo cual es dudoso) y por el otro, tendrá que dar cauce a un caso presentado ahora por el abogado de Rosario Robles contra ex funcionarios de la administración peñista.

Tras el descrédito provocado por el escándalo de la “casa blanca” y las propiedades de Luis Videgaray en Malinalco, supuestamente financiadas por el grupo inmobiliario preferido desde la gestión de Peña en el Estado de México, aunado a las sospechas de corrupción por la Estafa maestra, el futuro político del mexiquense se antoja sombrío, o si quiere, hundido.

Mientras los procesos siguen su curso, Videgaray continuará sus labores académicas en el MIT, y Peña paseará por la Castellana y hará sus compras en la calle de Serrano, en la bella capital española. En México, por lo pronto, el presidente López Obrador, con los casos Cienfuegos, Robles, Videgaray, Lozoya, entre otros, tendrá a su alcance elementos discursivos invaluables para promocionar las bendiciones de su autoproclamada cuarta transformación, en medio de un descrédito público por el manejo de la pandemia, y frente a los comicios electorales del próximo año.