Columnas

Ricardo Anaya deberá conectar con los mexicanos que se sientan, dentro de tres años, defraudados por la “esperanza de México”.

Ricardo Anaya Cortés, ex candidato presidencial, anunció finalmente ayer su intención de contender nuevamente por el más importante cargo público del país. Ello derivó tras la invitación hecha por Marko Cortés para que el queretano aceptase una candidatura para diputado plurinominal del PAN. Anaya, como podíamos esperar, agradeció la cortesía, rechazó la propuesta y aprovechó el momento para informar sobre su intención de lanzarse por la presidencia de la República.

Ricardo Anaya, con miras a una posible candidatura presidencial en 2024, tiene un buen número de fortalezas, pero igual de debilidades. Entre sus fortalezas políticas se encuentra la propia debilidad de Acción Nacional, representada por un grupo de posibles candidatos sin carisma prácticamente desconocidos a nivel nacional.

Otra fortaleza es el espíritu del político; una personalidad jovial que transmite frescura y que podría presentar en 2024 una opción contrastante frente a sus opositores. De igual manera, recordemos que Anaya salió bien librado de las acusaciones en su contra con motivo de las naves industriales en Querétaro, y al día de hoy, el escándalo Lozoya relacionado con la supuesta corrupción del entonces presidente de la Cámara de Diputados se ha desvanecido de la arena pública.

Sin embargo, Ricardo Anaya podría enfrentarse a serios obstáculos en su carrera por la presidencia. Por un lado, si resulta concretada la alianza PRI-PAN para la carrera presidencial, el panista deberá reconciliar su discurso claramente antipriista de 2018 con una nueva narrativa marcada por la relevancia de arrebatar a Morena la silla. 

En otras palabras, deberá formular una eficaz estrategia comunicativa que tenga como bandera combatir a López Obrador y a sus huestes por encima de los bochornosos escándalos de corrupción que tanto dañaron la carrera presidencial de José Antonio Meade, mismos que Anaya no tuvo reparo en recordar a los votantes. En este tenor, no será fácil para el priismo olvidar las diatribas de Anaya contra el presidente Peña Nieto, así como sus amenazas públicas de conducirle a juicio penal.

Si, en contraste, el PAN busca la presidencia en solitario en la persona de Ricardo Anaya, el queretano deberá luchar contra el fantasma de ese ridículo 22.27% del total de los sufragios en su favor. Sin embargo, bien vale mencionar, el nombre de López Obrador no estará en la boleta, y difícilmente el candidato de Morena – sea el delfín Marcelo Ebrard o Claudia Scheinbaum- podría siquiera soñar con contar con el embrujo político del actual presidente de México, y menos esperar alcanzar aquel 53% del total de los sufragios.

Ricardo Anaya es un político joven, instruido y competente. Sus propuestas de política pública así lo demuestran, pues parece proponer a la luz de la evidencia empírica y en concierto con los consensos globales en materias diversas como economía, progresividad fiscal, energías renovables, entre otras. 

Desafortunadamente, ganar elecciones en México trasciende a las propuestas, y Anaya deberá conectar con los mexicanos que se sientan dentro de tres años defraudados por la “esperanza de México” y estén dispuestos a depositar su confianza en él. Solamente así podrá Anaya superar el 22.27% de los sufragios, y así alimentar sus esperanzas de ser el próximo presidente de México.