El Rincón del Chamán. ¿De veras hacen falta nuevos partidos?

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¿De veras hacen falta más partidos políticos en México?Archivo

Son los partidos y la clase política los que no han querido cambiar.

Si las cosas siguen como van, para julio tendremos el registro de cuatro nuevos partidos que en su mayoría se sumarán al mosaico de chiquipartidos o partidos satélite ya existente y que curiosamente, si no logran conservar su registro y desaparecen, no pasa nada.

En total, serán al menos 11 partidos los que participarán en la competencia federal intermedia de 2021; 7 con registro y 4 que probarán suerte.

Habrá partidos con nuevo registro pero en el fondo, los liderazgos políticos no son nuevos, son los mismos ya conocidos que nos remontan a las épocas del populismo echeverrista hasta nuestros días, lo cual muestra que en México no ha a habido renovación de cuadros de la clase política.

Análisis aparte tiene que ver con el perfil de los electores. Los nuevos electores han perdido el arraigo de los partidos tradicionales y el referente inmediato es la alternancia en el poder, por lo que un partido que gana hoy puede perder mañana.

La pregunta es, ¿de veras hacen falta más partidos políticos en México?

Los politólogos deben tener serios problemas incluso para definir el perfil ideológico de los partidos pues las posiciones geopolíticas de la izquierda, la derecha y el centro, ya no funcionan como las conocimos y se abre paso una tendencia gobernante hacia el conservadurismo.

Ante el colapso de las grandes fuerzas partidistas tradicionales (PRI, PAN y PRD) que atestiguamos en las elecciones de 2018, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) se convirtió de la noche a la mañana en el partido en el poder. Morena, una organización con escasos cinco años de operación, en sentido estricto no es de izquierda, tampoco de derecha sino todo lo contrario.

Eso sí, se ha venido reinventando sobre la marcha para afianzarse como partido en el gobierno con un amplio espectro en el Congreso, pero su fortaleza es al mismo tiempo su debilidad, pues las fallas o incumplimientos del gobierno los pagará con creces en las urnas.

Caras vemos

De las organizaciones que buscan convertirse en partido político destacan la que se formó con la inspiración de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo. Toda una vida dedicada a la política en la que el poder la premió, la cobijó pero también la encarceló y luego liberó. La maestra formó parte de los gobiernos del PRI -desde la época de Carlos Salinas hasta romper con Peña Nieto-, del PAN con Fox y Calderón, hoy va con Morena y mañana quién sabe.

El partido vinculado a Gordillo Morales, Redes Sociales Progresistas, tiene como base social no el magisterio en las aulas sino el magisterio como activos blogueros o tuiteros para defender posiciones de poder. Su expectativa no va más allá de convertirse en chiquipartido. Algo es algo.

Otra corriente que va de la mano con integrantes del magisterio, también de la era Elba Esther Gordillo, es la que dio vida al Partido Nueva Alianza (Panal) que en 2018 perdió su registro y brillo cuando la maestra fue detenida y procesada. Son los maestros que llegaron al Congreso y les gustó y aprovechando la estructura del Panal vuelven a la carga como Grupo Social promotor de México. Lo que caiga es bueno, ¿qué no?

Los que ya se vieron son los dirigentes de Encuentro Solidario, mejor conocidos como PES o Partido Encuentro Social. El PES que perdió su registro en 2018 pese a ser uno de los partidos que respaldaron la candidatura de #YaSabenQuién. El PES tiene gobernador en Morelos pero no le alcanzó para conservar el registro, hoy busca subirse al tren del cambio verdadero.

Pero de todos los partidos en ciernes, sólo hay uno que podría dar la batalla a las organizaciones partidistas ligadas o representativas del gobierno en turno, el que impulsa Margarita Zavala y Felipe Calderón. Aunque usted no lo crea el Partido México Libre será uno de los competidores más fuertes de Morena y el gobierno, pero también piedra en el zapato para lo que queda del PAN.

 

 

Partidos y dinero

En las últimas dos décadas, además de las principales fuerzas política conocidas por todos (PRI, PAN y PRD), un total de 22 partidos han recibido financiamiento público.

Apoyados en el trabajo del investigador parlamentario, Reyes Tépach Marcial, en dos décadas los partidos han recibido no menos de 70 mil millones de pesos en prerrogativas.

Visto con cabeza fría no es la autoridad electoral la que ha provocado la pérdida de confianza en la clase política por lo caro que resulta mantener a los partidos. El INE ha venido desarrollándose como garante de la organización de las elecciones, de que los votos se cuenten bien y se respeten los resultados.

Son los partidos y la clase política los que no han querido cambiar.

La propuesta de reducir el financiamiento público a los partidos es muy interesante, hasta plausible si se toma en cuenta que han sido un barril sin fondo. El problema es que el modelo del partido en el poder hoy es el mismo de hace 30 años, pues como lo fue el PRI durante mucho tiempo, su estructura está dentro del mismo gobierno y las instituciones sociales.

El clientelismo electoral es base estructural del modelo de siempre. La apuesta al voto joven vía las becas y el vinculado a los programas sociales es la apuesta del actual gobierno. Ni más ni menos.

 

Chiquipartidos por siempre

Parece que los partidos bonsái llegaron para quedarse, pues han encontrado la fórmula que les permite coexistir con el poder. Ninguno tiene un número de afiliados que se acerque siquiera al 0.5 por ciento del padrón nominal de electores en México.

El PVEM -concebido en su origen como partido familiar- encontró la manera de convivir con el PRI, ofrecieron su apoyo a la candidatura de Vicente Fox, regresaron con Peña Nieto y luego se desprendieron para apostar su futuro a López Obrador y a Sheinbaum. De acuerdo al INE tiene un padrón de 308 mil miembros.

El Partido del Trabajo cuya fuerza es regional, sobre todo en el norte del país, también se acomodó. El PT es una fuerza que está cumpliendo 30 años de fundado. Alberto Anaya siempre ha sido su dirigente y presume 513 mil afiliados. Antes era refugio del PRD y MC, hoy es de Morena y de los ex priistas, Manuel Bartlett fue uno de sus miembros distinguidos.

El Movimiento Ciudadano -el partido de Dante- se despegó de las alianzas tradicionales, apostó con candidato propio al gobierno de Jalisco y ganó, también tiene representación propia en el Congreso. Al menos tiene mayor independencia y un padrón estimado en 468 mil afiliados.

 

Futuro incierto

Para las tres fuerzas tradicionales, PRI, PAN y PRD, el futuro es incierto.

El PRI no acaba de recomponerse aún con el liderazgo de Alejandro Moreno Cárdenas y la prueba de fuego la tendrán en 2021 en virtud de que estarán en juego 8 gubernaturas priistas, más las posiciones que aún conserva en el Congreso. En un descuido quedan como partido bonsái.

La suerte tampoco le sonríe al PAN pues las divisiones internas los han carcomido en unos cuantos meses. El activismo de la familia Calderón no les ayuda, los limita. También puede terminar como los priistas, reducidos a una mínima expresión. Las prioridades del PAN es mantener sus tres gubernaturas que estarán en juego en 2021 y los espacios en el Congreso. No más.

La peor parte le puede tocar al PRD que además de desaparecer prácticamente del Congreso, podría perder la gubernatura que lo define, Michoacán. Curioso que uno de los fundadores del Partido del Sol Azteca en 1989, Andrés Manuel López Obrador, hoy es presidente vía el partido (Morena) que puso uno de los clavos en el féretro político del perredismo.

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