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¿Cómo toma AMLO sus decisiones? Aquí un primer análisis para la discusión.

El presidente de la República cumplió dos años en su encargo. En su mensaje de ayer destacó los logros de su gobierno, la manera diferente de hacer las cosas y el apoyo que recibe de la población. Más allá del anuncio de compromisos cumplidos y del ritual de las más de 500 conferencias de prensa matutinas, todavía no sabemos cómo toma las decisiones. ¿Hay un método? ¿Un sistema? ¿Deberíamos conocerlo?

Eso me recordó un análisis que hice, hace ya algunos años, sobre los modelos de toma de decisión de los presidentes de los Estados Unidos. Los Presidentes reciben asesoría e información de muchas maneras y de diferentes fuentes. Los problemas públicos se encuentran cada vez más interrelacionados. El poder en el Ejecutivo es cada vez más difuso y, sin embargo, la clientela del Presidente espera políticas más coherentes e integrales. Por todo ello, los Presidentes han intentado reconciliar su método de toma de decisiones con los múltiples objetivos de la agenda presidencial.

Antes de tomar una decisión, los Presidentes necesitan información relevante y confiable, presentada de una manera que sea clara y útil, precedida de un análisis cuidadoso en el que se presente una gama completa de alternativas realistas, puntos en controversia identificados claramente, además de la descripción de las ventajas y desventajas de cada una de las diferentes opciones. Los Presidentes también necesitan establecer un proceso de asesoría que diferencie los problemas graves de los menores, de tal manera que puedan dedicar su tiempo de una manera más eficiente. El sistema de asesoría debe responder rápida y efectivamente ante las crisis y generar enfoques creativos ante los problemas cotidianos.

Cuando se establece un sistema de asesoría presidencial en la Casa Blanca, se considera cómo se influirá en la capacidad de liderazgo del Presidente y cómo se asegurará la instrumentación de las decisiones tomadas. Roger B. Porter, profesor de la Universidad de Harvard y consejero presidencial de Ford y Reagan, señala que desde el establecimiento de la Oficina Ejecutiva del Presidente y el aumento en el equipo de asesores y consultores de la Casa Blanca, los Presidentes han seguido por lo general uno de los tres enfoques generales para organizar la información proveniente de su equipo de asesores y consultores, de los departamentos ejecutivos y las agencias: la “adhocracia” (que proviene del término “ad hoc”) , la “administración centralizada” y la “promoción y defensa múltiples” (multiple advocacy).

En el artículo de hoy, sólo voy a hablar de la “adhocracia”. Cualquier parecido con la realidad mexicana es mera coincidencia. El fundamento de este sistema es confiar cada vez menos en procesos regulares y sistemáticos para recibir asesoría. El Presidente distribuye las tareas, selecciona a aquéllos a los que va a escuchar y decide cuándo lo hará. Es él quien define las actividades de sus asesores, o de los expertos a quienes encarga un trabajo determinado.

Este sistema debería ser utilizado sólo durante un período corto, que corresponde a la transición presidencial. En virtud de la falta de experiencia de los colaboradores que llegan a un nuevo puesto, el Presidente encarga una tarea específica a un individuo, o a un grupo de trabajo, mientras se llega a conocer la institución. Sin embargo, algunos Presidentes deciden que este sistema no se utilice temporalmente, sino que lo instituyen de manera permanente, como su “sistema móvil” de asesoría. Es decir, se asigna la responsabilidad a un individuo o a un grupo para una tarea específica y una vez tomada la decisión se deshace el grupo.

Este sistema, en su origen, provoca el caos. Se comenta que Franklin D. Roosevelt utilizaba este método de manera frecuente y gustaba de enfrentar a sus colaboradores, encargando la misma tarea a dos o más funcionarios. Roosevelt se preocupaba por los detalles y sólo él tenía la información completa, mientras que sus colaboradores tenían sólo fragmentos.

El sistema de Roosevelt daba lugar al caos. Por ello, la realidad se impuso y después de FDR todas las oficinas de asesores y consultores de la Casa Blanca se constituyeron en una especie de “red de seguridad” para evitar cualquier tipo de “accidente en la toma de decisiones”. Así, la “adhocracia” se convirtió en un “bilateralismo múltiple” en el que el Presidente establece una relación bilateral con un individuo o grupo asesor, y una vez recibida la información, se consulta a otros individuos sobre el mismo problema. De esta manera se trata de garantizar un proceso más ordenado.

La adhocracia es un sistema atractivo porque proyecta la imagen de un Presidente que está al mando del gobierno personalmente. Esto explica la proliferación de los grupos de trabajo y los comités presidenciales. Cuando se crea un nuevo cuerpo que responde directamente ante el Presidente, se demuestra “su preocupación e interés” sobre el problema y se proyecta una idea y una imagen del “hombre en acción”.

Otra ventaja de la adhocracia es que el Presidente puede controlar fácilmente el número de asesores que participan en un tema, lo que lleva a mantener la confidencialidad. Por último, la adhocracia es muy flexible, puesto que no se finca en procedimientos rutinarios. Con este sistema se puede responder rápidamente ante cualquier problema.

Sin embargo, también hay desventajas al apoyarse en un sistema adhocrático. Su carácter aleatorio y asistemático conduce a que los temas sean tratados de manera irregular; los individuos o grupos designados son responsables de recabar la mejor información que esté a su alcance, de realizar el mejor análisis, de identificar y pensar en todas las consideraciones que el Presidente debe observar antes de tomar una decisión. Así que un examen integral de un problema, bajo este esquema, es difícil y poco probable.

La adhocracia es, por esencia, fragmentada. Quita mucho tiempo al Presidente porque es un proceso de toma de decisiones en constante estado de flujo y requiere que sea el Presidente mismo quien integre las políticas. En otras palabras, el Presidente deberá considerar, constantemente, la composición y tiempos de las tareas; debe escuchar a mucha gente, y tiene que tomar muchas decisiones sobre temas importantes y sobre temas que no lo son.

El sistema adhocrático excluye, la mayoría de las veces, a todos aquéllos que tienen un legítimo interés en el asunto. Además, se corre el riesgo de que los responsables se conviertan en promotores de ciertos puntos de vista e intereses, y que no le presenten al Presidente todas las opciones posibles. Henry Kissinger decía que el problema con los “promotores de políticas” es que cuando hay una crisis te recomiendan tres opciones: a) guerra nuclear, b) rendición incondicional, c) la opción que ellos quieren.

Más adelante escribiré sobre los otros dos sistemas, la “administración centralizada” y la “promoción y defensa múltiples”.