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La discusión parece encontrarse con una contradicción. Si estamos otra vez en semáforo rojo, ¿por qué no actuamos igual que en el primer semáforo rojo? O inclusive, ¿por qué no tomamos medidas más estrictas? Al fin y al cabo, ha pasado mucho tiempo y las defunciones siguen en aumento.

La pandemia nos ha hecho aprender bastante. Lo más relevante, tristemente, es que mucha gente ha muerto y que el costo económico incurrido ha sido muy alto.

Así como hay claridad en el grave contagio ocasionado por las reuniones familiares y las fiestas en lugares cerrados, no hay duda de que los espacios públicos al aire libre son un ingrediente fundamental del bienestar físico y mental de las personas.

Resulta indispensable ofrecer a las personas, sobre todo en las ciudades, espacios al aire libre que sean agradables y seguros, para mitigar el impacto negativo que ha tenido el estar encerrados en nuestras casas.

La receta para que pueda haber visitantes en un parque como La Mexicana y que corran el mínimo riesgo posible es muy sencilla:

TAPABOCAS OBLIGATORIO Y SANA DISTANCIA.

El aire libre nos ayuda a mitigar el contagio, pero no sirve de mucho si no hay uso del cubrebocas.

La mascarilla disminuye el contagio, te la tienes que poner. No hay discusión.

En un breve ejercicio a un grupo de visitantes de La Mexicana les pregunté: “Considerando que todos sabemos que el uso del tapabocas ayuda significativamente a disminuir el contagio, ¿qué harías si alguien frente a ti no lo usara? Rápidamente contestaron: “multa”; “cárcel”, dijeron algunos; “darle una tunda”, otros opinaron.

De este ejercicio se hace evidente una postura que vale la pena mencionar. ¿Por qué no usamos la presión social para hacer que todos usen un tapabocas?

Sería más eficiente que entre los visitantes del parque se recordaran a sí mismos, e incluso llamaran la atención los unos a los otros para que todos se pusieran su mascarilla.

Curiosamente, muchas veces respondemos con mayor juicio y cordura cuando algo nos es pedido por nuestros iguales, que por una autoridad. Así que, ¿por qué no sacarle el mayor provecho a eso?

PONTE EL TAPABOCAS, y asegúrate que los que te rodean se lo pongan. 

Juntos podemos disminuir los contagios. Así de fácil, aunque esto solo funciona si todos nos hacemos cargo de nuestra parte y asumimos la responsabilidad cívica que nos corresponde.

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(La autora, ciudadana y activista del espacio público, es la presidenta de Colonos de Santa Fe y responsable de @mexicanaparque).