Otra de @revistaproceso y su clásica irresponsabilidad, ahora con @ManelichCC

Manelich Castilla
Se respeta la sagrada libertad de Proceso de decir falsedades y no admitirloInternet

Ángel Alejandro Cuadros, director general de Comunicación Social de la Comisión Nacional de Seguridad, envió una carta a la revista Proceso.

El funcionario refutó algunas informaciones claramente falsas publicadas en Proceso sobre el recién nombrado comisionado general de la Policía Federal, Manelich Castilla Craviotto.

Los reporteros Jorge Carrasco A. y Patricia Dávila se equivocaron bastante:

1.- Dijeron que el padre de Manelich Castilla fue escolta del empresario Carlos Slim. Mentira. El padre del señor Castilla nunca ha trabajado en temas de seguridad.

2.- Dijeron que la carrera de Manelich Castilla empezó impulsada por el propio Slim y Genaro García Luna. Completamente falso. Es cierto es que Castilla trabajó en la Fundación Telmex, pero en el tema social, no de negocios ni en el área de seguridad.

3.- Los reporteros Carrasco y Dávila le atribuyeron a Manelich Castilla un operativo fallido en el aeropuerto capitalino. Falso. El señor Castilla no lo encabezó.

4.- Dijeron los periodistas de Proceso que Manuel Mondragón despidió a Manelich Castilla de la Comisión Federal de Seguridad. Mentira, Castilla renunció.

5.- La acusación más grave contra Manelich Castilla la basan los reporteros de Proceso en un portal poco riguroso que recurrió a fuentes anónimas. Nada de lo ahí mencionado ha podido jamás ser probado por nadie.

¿Qué respondieron los reporteros de Proceso?

En vez de simplemente aceptar con humildad que se equivocaron y pedir disculpas, insistieron en sus falsedades con argumentos tan baratos como este:

“Ante lo que la CNS considera ‘serias imprecisiones que rebasan el ámbito laboral’, reiteramos que no se puede deslindar la relación entre su trabajo en la Fundación Telmex y la entonces Secretaría de Seguridad Pública”.

¿Eso qué significa? Nada serio. Se trata de una vulgar calumnia, por cierto muy mal planteada.

Me encanta Proceso porque, ni hablar, sus editores y reporteros son tercos de terquelandia y soberbios de soberbialandia.  Y, por lo mismo, incapaces de admitir sus errores.

En Proceso trabajan los paladines de la sagrada libertad que nadie debe coartar de ser totalmente irresponsables.

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