Las heridas invisibles del maltrato emocional

Abuso infantil
Cuando sufres de maltrato emocional, y más cuando éste empieza en la niñez y proviene de tu madre, te conviertes en una persona insegura y con muy baja autoestima.Internet

Hay varios tipos de maltrato: el físico, el pasivo y el emocional.

El maltrato emocional, es por lo regular imperceptible para los demás, pero en un niño, causa heridas invisibles y muy profundas, más cuando éstas provienen del padre y peor aún de la madre, en la cual el niño o la niña deberían encontrar refugio, comprensión y cariño. La madre es la mejor conocedora de las debilidades y carencias de sus hijos y ella produce las heridas, sabedora del efecto que van a producir sus palabras y sus actos, buscando la docilidad. Sí, son heridas invisibles, pero punzantes y permanentes que están siempre abiertas y que la mamá restriega, presiona con fuerza cada vez que siente que está perdiendo el control. Porque cuando ella está molesta, vuelve a golpear donde sabe que más duele… A pesar de que las heridas no se ven, la abusadora sí las ve, las conoce perfectamente, porque ella las infligió y sabe que siempre están ahí, listas para ser manipuladas para poder generar dolor, duda o culpa, lo que sea, con el único propósito de doblegar, minimizar a la niña.  Esas lastimosas heridas se convierten en el arma perfecta para la madre, para que nunca pierda el eterno control.

Cuando sufres de maltrato emocional, y más cuando éste empieza en la niñez y proviene de tu madre, te conviertes en una persona insegura y con muy baja autoestima…La persona más importante de tu vida, a la que más amas, se convierte en tu verdugo… lejos de defenderte, te agrede.

Desde temprana edad la niña se desvive por tener contenta a su madre, le aterra decepcionarla, hacerla enojar, no quiere provocar que le recuerde que es mala, que debido a su mal comportamiento su mamá vaya a enfermar y tal vez a morir y que por ello se arrepentirá toda tu vida, “llorarás lágrimas de sangre” por haber sido tan ingrata y mal agradecida. Tiene tan grabadas en su corazón las frases que despotrica su mamá…  “Me vas a matar de un coraje”, “Qué injusta eres conmigo”, “Algún día pagarás el daño que me has hecho...”.

A su madre no le gusta su forma de ser, tal vez porque la niña no es lo que su madre hubiese querido que fuera, o la niña es lo que mamá hubiese querido ser y no fue. Y tiene mucho coraje, y lo descarga en la criatura. El maltrato persiste, hasta que la niña se vuelve adolescente y éste se prolonga e intensifica a través del tiempo…

Entonces comienza a criticar de manera constante su forma de vestir. “ ¡Te ves horrible, lárgate no te quiero ver, pareces mujer fatal! ¿Qué, así saldrás a la calle?” “¡Para qué te bronceaste, te ves negra…!” Y si la adolescente se atreve a defenderse, recibe como respuesta: “Eres muy grosera, no tienes ninguna consideración para mí, contigo nunca encuentro consuelo”. Inmediatamente, la culpa y el remordimiento la invaden y se arrepiente de haber contestado, se pone triste, se deprime…

Ninguno de sus amigos y mucho menos sus pretendientes son lo suficientemente buenos para la mamá. Pero la verdad es que los considera rivales ya que ponen en riesgo su mandato absoluto. La quiere sólo para ella, por tal motivo no deja que salga, restringe y vigila todos y cada uno de sus movimientos, y a la menor provocación, viene la letanía… y entonces se sume de nuevo en la culpa.

Siempre tiene que estar de acuerdo con su madre, de lo contrario, la mamá estirará su mano invisible y apretujará alguna de las muchas laceraciones que tiene en su triste corazón, para hacerla ceder, para que de nuevo sienta la obligación de pedirle perdón y tener que aceptar que ella tiene la culpa, mientras la madre se siente victoriosa.

La madre abusadora invade su privacidad, quiere que le cuente todo, se lo exige de manera amable, y si ella considera que no le cuenta lo suficiente, entonces le recrimina diciéndole que no le tiene confianza, que por algo es su madre, que no hay nadie en el mundo que la pueda aconsejar mejor… pero se despide con un: “Allá tú”, frase que parece simple, pero no para la chica maltratada, que después se siente mal por no haberle tenido confianza. Vuelve a sentir que le falló, entonces le llama de nuevo, pero la madre ya está molesta, ya no quiere escuchar, ya no tiene deseos de hablar, entonces la hija tiene que hacer varias llamadas para que la insistencia la haga ceder y así conteste, entonces la víctima se ve obligada a inventar una larga historia, con el fin de tener a su mamá contenta.

La madre abusadora, irrumpe en su cuarto para ver qué cartas tiene, qué mensajes, si tiene un diario lo lee y lo confisca. Escucha sus conversaciones telefónicas, y si se atreve a pedirle que cuelgue, se ofende… Y le dice: “Eres muy dura conmigo, no sé qué te he hecho para que me trates tan mal…”.

La hija no tiene permitido ser libre e independiente, porque la verdugo, siempre la juzga y rechaza su proceder.

Pero la culpa no la deja… Está impregnada en ella, por cualquier eventualidad se siente mala hija, mala persona, insignificante… siente que no ha sido lo suficientemente buena, que le está fallando a su mamita y a todas las personas con las que se relaciona. Busca siempre la manera de hacer feliz a su madre, a pesar de su propio bienestar, y al no poder tener a la mamá contenta, siente una enorme tristeza, se frustra, se decepciona de sí misma, porque por más que hace, no lo logra, por más que intenta sólo fracasa… se sume en una depresión, porque recuerda sus palabras: “Cuando yo me muera, te arrepentirás...”

La inseguridad hace que le cueste mucho trabajo tomar decisiones y que siempre sienta miedos imprecisos. Tiene pavor de equivocarse. Porque cuando se ha equivocado, su mamá se lo ha recriminado: “¡Ves te lo dije!

La hija está ávida de ser aceptada y de ser querida sobre todo por su madre, pero también por las demás personas. Siente que no merece el cariño de nadie, se siente fea, sola, insegura, triste… Se afana en agradar, de ser comprensiva... Tiene terror al abandono, al rechazo de los demás.

Pasa gran parte de su vida, recriminándose, se autoflagela, se convierte en su peor y más cruel juez, se siente mala, cree que ha fracasado, pero siempre insiste en gustarle, en hacerla feliz, en complacerla. Cuando se da cuenta de que todo es inútil, que es imposible, recuerda que alguien le dijo que cuando eres maltratada emocionalmente, debes poner distancia, te debes alejar sin importar quién es el agresor… Que  cuando eres menospreciada, humillada, criticada, es porque tú lo permites…Hay que romper el vínculo.

Pero, ¿cómo te alejas de tu propia madre? Le aterra el simple hecho de pensarlo… ¡Imposible! Porque seguramente se arrepentirá…

¿Y tú, eres víctima de maltrato? Si lo eres, no tengas temor de pedir ayuda para que puedas romper el vínculo y así poder ser libre, recobrar fuerza y fortalecer tu quebrantada o inexistente autoestima.

Ninguna persona merece ser maltratada, ninguna…

 

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