Columna Incómoda. LA PEOR DERROTA DEL 2012

El 10 de octubre de 2011 publiqué en este espacio que Felipe Calderón estaba “enfermo”, literalmente hablando  http://sdpnoticias.com/columna/5168/Columna_Incomoda_La_enfermedad_de_Calderon : “… la enfermedad de Calderón, obsesiva y compulsiva contra dos de los presidenciables (Enrique Peña y AMLO), sumado al control que tiene de los recursos públicos y a la descomposición del ambiente por la narcoviolencia, es un caldo de cultivo poco amable para todos los que vivimos en este país que no aguantaría otro escenario similar o peor que el sucio proceso electoral de 2006”.

 

En concreto me refería a que Felipe Calderón no tiene el absoluto interés y voluntad para entregar el poder a alguien que sea de su partido o, quizá a un centro-izquierdista moderado (que obviamente no sería AMLO). No quiere ser marcado como el mandatario del PAN que entregó la Presidencia al candidato del viejo régimen.

 

Conforme se acerca el proceso electoral, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno federal y del PAN, su abanderada no repunta en las preferencias.  La única alternativa para frenar los dos escenarios indeseables –entregarle el poder al PRI o a AMLO- es reventar la elección, crear las condiciones para que la jornada electoral se incendie durante o previamente.

 

Observadores nacionales e internacionales han puesto mucha atención a lo que está pasando en México. Si bien muchos creen que el proceso electoral sería terso, muchos otros consideran que hay algo que no cuadra y que pueda descomponer todo el proceso de democratización del país.

 

Es cuestión de observar la espiral ascendente de narcoviolencia, el inusitado acelere para la detención de “jefes de la plaza” de diversos cárteles de la droga, la reaparición extraña del EPR, la presencia de gente armada en mítines de AMLO, la inaudita ofensiva mediática y jurídica contra ex gobernadores del PRI (Osorio Chong y Tomás Yarrington son los primeros, pero van sobre otros de cola larga como Natividad González, Fidel Herrera y Ulises Ruiz), una proliferación  de marchas callejeras de todo tipo y color, y la abierta intromisión de Felipe Calderón en el proceso electoral opinando contra sus adversarios y retando a la población a que se atrevan a salir a protestar en su contra. Además, no se pierda de vista a los duros de la derecha estadounidense e internacional, muy atentos al clima social que se está calentando previo al proceso electoral y listos para coadyuvar en filtraciones que debiliten a los opositores al PAN.

 

Ante esta tendencia, hay muchas posibilidades. Estas son algunas de las que he recogido al platicar con personajes de muy alto nivel y bien informados, que pueden estar equivocados o muy certeros. Todo es cuestión de tomarlo con mucha calma para entender que lo aquí se plantea son hipótesis y su grado de posibilidad:

 

¿Escenario del caos? Hay elementos para pensar que estamos ante una situación donde nadie pueda controlar a ninguno de los factores que se han venido calentando: política, sociedad, cárteles, gobiernos, agentes externos. No faltarían los actores anómicos que generarían movilizaciones en todas partes, en las ciudades principales, con el ánimo de alimentar el caos y la confusión. Dichos grupos se verían alentados desde grupos de políticos tradicionales, incrustados dentro de la administración federal o fuera de ella, como tradicionalmente ha ocurrido en buena parte de las crisis sociales que hemos padecido.

 

¿Un nuevo magnicidio sacudiría al país entero? Eso lo he escuchado en los últimos días como ejemplo los malos “negocios con el crimen organizado” podrían ser la causa del atentado. México sigue recordando el caso Colosio y la tesis del “loquito solitario” no sólo ha sido retomada por quien esto escribe. (Aclaro que no menciono a ningún candidato en específico, porque todos son objeto del mismo riesgo)

 

¿”El Chapo” Guzmán o “El Lazca”? Se calienta en los blogs especializados en estos temas las señales de que están por caer los jefes de jefes de los cárteles, claro, legitimando la necesidad de militarizar y llenar de federales a diversas ciudades del país. La narcoguerra de narcoguerrillas intensificada.

 

¿El desorden social? A un clima de terror e indefensión, con enfrentamientos entre el crimen organizado y los organismos de seguridad pública en las principales plazas, lugares de encuentro, servicios de transporte público. El DF y la zona conurbada no escaparían a esa dinámica. No olvidar que el narco cuenta con base social que ha sido capaz de marchar y hasta de bloquear avenidas de una ciudad tan importante como Monterrey.

 

¿Estado de excepción? La desesperación crearía las condiciones para que desde la propia ciudadanía surgieran voces de acuerdo a la eventual conculcación de garantías individuales, lo que sería el peor de los mundos, porque lo que algunos veían como posibilidad de un renacimiento del país, en realidad abriría la puerta al autoritarismo más recalcitrante.

 

¿El fin justifica los medios? Todo lo anterior, contra lo que muchos creen, podría cerrar la posibilidad de celebrar comicios, dada la “falta de condiciones por la violencia imperante” (argumento que quiso usarse para el proceso electoral en  Michoacán y para el caso de Ciudad Juárez), se conculcan garantías y Felipe Calderón podría dejar el gobierno a un consejo plural y provisional que organice nuevas elecciones presidenciales. En conclusión, así no le entregaría ni el poder al PRI ni la izquierda representada por AMLO. Nada para nadie, todos perdemos en esta posible apocalipsis política.

 

Como dice mi abuela, “primero diosito que nada de esto ocurra”. Y si llega a ocurrir, que no digan que nadie no lo dijo con anticipación.

 

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