El 1° de enero de 1994, México despertó con la noticia de que un grupo de indígenas armados habían intentado tomar por la fuerza siete cabeceras municipales en el estado de Chiapas, justo el mismo día que por órdenes del entonces mandatario mexicano, Carlos Salinas de Gortari, entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), acordado por Estados Unidos, Canadá y México.

Esta organización política de “izquierda” se hizo llamar el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que hasta el año de 2006, supuestamente fungió como un movimiento armado en oposición al Gobierno Federal. Su máximo dirigente, el Subcomandante Marcos, ha declarado en diferentes ocasiones que su movimiento es de corte marxista-leninista y que reivindica los derechos de las comunidades indígenas. De la misma manera, de acuerdo a sus propuestas, uno de sus principales objetivos ha sido la destitución del Presidente en turno y la implementación de una democracia participativa efectiva.

En teoría, durante más de 23 años este movimiento armado ha estado en pie de lucha en contra de los gobiernos neoliberales sucesores de Salinas de Gortari, ya que como lo mencioné al principio de este escrito, unos de sus principales propósitos era defender los derechos de los pueblos indígenas. Y digo en teoría porque desde hace ya bastante tiempo que no se sabía nada del mencionado movimiento, a tal grado que un servidor llegó a suponer de forma errónea que se había extinguido a consecuencia de las divisiones internas y las diferencias de opinión e ideales que normalmente suelen tener este tipo de organizaciones.

Pero no, resulta que en plena celebración de sus 25 años de existencia, en el emblemático estado de Chiapas, sorpresivamente el EZLN reapareció haciendo un llamado a “resistir” al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Cerca de la frontera con Guatemala, por casi una hora los zapatistas desfilaron al son de sus armas de madera, recordando aquel glorioso inicio de su levantamiento armado por allá de los años noventa con desfile militar, rechiflas y toda la cosa, reivindicando en todo momento la determinación de rechazar cualquier proyecto que AMLO pretenda llevar a cabo como Presidente Constitucional de este país.

Como suele suceder en estos tiempos en donde la tecnología forma parte de nuestro estilo de vida como sociedad globalizada, de forma inmediata los principales medios de comunicación esparcieron la noticia por doquier, y es que el EZLN no únicamente mostraba señales de vida, sino que lo hacía para pronunciarse en contra de un Gobierno legal y legítimo que, a su parecer, representa la continuidad del priismo rancio y autoritario que una vez más, están dispuestos a combatir: “Ese que está en el poder (López Obrador) va a destruir al pueblo de México, principalmente a los pueblos originarios, vienen por nosotros y en especialmente a nosotros al EZLN”, apuntó Moisés, el comandante de los zapatistas” (TelevisaNews, 01/l/19).

En este punto es importante hacer una brevísima retrospectiva a la historia nacional para recordarle a mis estimados lectores, con la intención de que no olviden una de  las más grandes contradicciones que se han suscitado al interior de este falso movimiento “liberador”, que fue el propio Salinas de Gortari, en el año de 1994, quien le concedió la amnistía al EZLN. Sí, así como lo lee, una AMNISTÍA que, contrariamente a lo que alguna vez aceptaron, fue duramente criticada y condenada por los zapatistas al momento de ser anunciada por López Obrador en su campaña política por la Presidencia de México, cuando fueron ellos los que alguna vez gozaron de sus efectos legales:

“El presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, anunció ayer una amnistía general para todos los guerrilleros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que se sublevaron a primeros de año en el Estado sureño de Chiapas. Esta amnistía cubrirá todos los delitos cometidos desde esa fecha hasta las once de la mañana de ayer (seis de la tarde hora peninsular española), pero no los que se produzcan a partir de ahora. Paralelamente, Salinas reveló que en los próximos días va a poner en marcha un plan especial para esta miserable zona del sur de México que tiene como fin corregir sus desequilibrios e injusticias históricas” (ElPaís, 17/l/94). ¡Qué absurdo más grande! ¿No lo cree?

Retomando el tema central, lo que hasta este momento resulta muy curioso y hasta un tanto sospechoso es que los llamados zapatistas jamás hayan sido perseguidos ni encarcelados con esa enjundia característica de los gobiernos antecesores al actual. ¿Recuerda el caso de José Manuel Mireles Valverde, mejor conocido como el “Doctor Mireles”; aquel valiente combatiente mexicano que en algún momento fue el principal líder de los llamados “Grupos de Autodefensa” que, en ausencia de la policía municipal, estatal y federal, decidió levantarse en armas en contra del grupo criminal autonombrado los “Caballeros Templarios” en el estado de Michoacán? Le menciono este emblemático caso porque en el momento que el gobierno de Enrique Peña Nieto, apadrinado político de Carlos Salinas de Gortari por cierto, se percató de la amenaza que significaba el movimiento de Mireles para su figura de autoridad, decidió reprimirlo y posteriormente exterminarlo con su encarcelamiento. 

De ahí también viene la contundente crítica del exlíder de las autodefensas michoacanas respecto a la incongruente posición del EZLN con los proyectos que AMLO encabeza: "Dudo de la autoridad moral del mov. zapatista; después del 94 jamás estuvieron ahí —ni de dicho, ni de hecho— donde se derramó sangre en el país. En Mich ni su solidaridad recibimos. Una lástima que líderes lucren pretendiendo hacer ver que los indígenas están en contra del cambio", son las palabras que escribió en su cuenta oficial de Twitter.

Porque yo me pregunto: ¿En dónde estuvieron cuando los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecieron? ¿Cuándo le reclamaron a Peña Nieto y a su gabinete de la grave crisis de derechos humanos que se desarrolló con semejante suceso? ¿Cuándo se pronunciaron por el aumento de los secuestros, de los desaparecidos, de los decapitados, de los descuartizados, de las asesinadas, de los marginados y de los desplazados anteriormente?  ¿No será acaso que se trata de un movimiento creado por la misma derecha priista con la intención de hacerle creer al pueblo mexicano que la oposición aún puede existir cuando en realidad sólo está al servicio de los intereses fácticos que se rehúsan a desaparecer? Juzgue usted mismo, estimado lector, que cuando los que se creían muertos políticos reaparecen, es porque algo o alguien los revivió con la intención de mantener su aposento de simulación intacto.