María de las Heras

Conocí a María de las Heras en 1992. Me la presentó Luis Donaldo Colosio. Era la encuestadora en la que Donaldo más confiaba.

En el año 2000, cuando nació Milenio Diario, María no publicaba sus estudios en los medios. Por eso no se le invitó al proyecto periodístico que, en lo editorial, encabezaban Raymundo Riva Palacio, Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva.

Se contrató, para aplicar encuestas, a alguien que había estado en Reforma y que hoy trabaja para Felipe Calderón y el PAN, Rafael Giménez.

Hoy dice Carlos Marín, en su columna de Milenio, que él propuso a la señora De las Heras. Es verdad. Pero María, insisto, no hacía públicos sus trabajos. Como responsable del desarrollo de la mencionada empresa acepté a Giménez, el técnico sugerido por Riva Palacio.

Hubo problemas con el encuestador Giménez en la elección presidencial de 2000 (ya he hablado de ellos) y salió de Milenio. Como María había dado a conocer, en El Economista, una sola encuesta, después de que terminó el proceso electoral presidencial del año 2000 la llamé para pedirle que se encargara de las encuestas de Milenio. Accedió. Hizo muy buen trabajo.

Aunque más bien De las Heras resolvía con Marín los detalles de lo que publicaba, de vez en cuanto yo hablaba con ella para plantearle trabajos específicos.

En 2004, cuando se cumplieron 10 años de la muerte de Colosio, escribí un libro y pedí a María de las Heras que hiciera el prólogo. Lo hizo. Su texto, bellísimo, es una de las mejores cosas que ha habido en mi vida.

En 2005 dejé la dirección general de Milenio y ella siguió en ese diario. Uno o dos años después de las elecciones de 2006 se fue de Milenio porque no estuvo dispuesta a compartir el espacio con una empresa que dice hacer encuestas serias, pero cuyo trabajo no es técnicamente aceptable, Grupo de Comunicación Estratégica de Federico Berrueto y Liébano Sáenz.

A partir de entonces publicó en El País y, recientemente, en Uno Noticias. Fue muy activa en Twitter, participaba con frecuencia en debates de radio y era reconocida por su calidad profesional y, sobre todo, por su simpatía.

María de las Heras era polémica. En el año 2000 hizo una encuesta en la que Vicente Fox le ganaba a Francisco Labastida. Los priistas se enojaron con ella.

En 2006, a pesar de que era la que mayor ventaja daba a Andrés Manuel López Obrador, en la izquierda se le cuestionaba muchísimo porque decían que ella era priista. ¿Con qué pruebas? En México cuando los políticos acusan lo hacen sin evidencia de ningún tipo.

Cuando, en 2011, propuse que la izquierda contratara a María como otra encuestadora, se me dijo que no, porque ella militaba en el PRI. Era falso, desde luego.

En las elecciones de este año la de María de las Heras fue de las empresas encuestadoras que menos ventaja dieron a Enrique Peña Nieto sobre López Obrador, y de nuevo los enojados fueron los priistas. En su momento los izquierdistas la elogiaron, es decir, sus números les gustaron, pero hoy, con su discurso del fraude y de que Peña sin votos comprados perdió la elección, no la pueden alabar abiertamente. Hacerlo significaría reconocer que es correcto el resultado oficial de las elecciones, que da ganador a Peña Nieto por tres millones de votos. Es lo que decía la señora De las Heras.

Recuerdo que, antes de conocerla, Colosio me habló de ella: “Es extraordinariamente inteligente, de lo mejor que hay en mi equipo”.

Descanse en paz. Mi más sentido pésame a su esposo, César Augusto Santiago, y a su hijo Rodrigo Galván.

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