September 22, 2019 04:13


Tú cállate, que eras gobernador…. y te odio

En esta época, la democracia se concibe como un sistema en el que tengo derecho a calumniar, escupir y defecar encima del nombre y la reputación de cualquiera que haya llegado más alto que yo

En derecho británico, no escrito pero admitido como de carácter constitucional, una de las obligaciones del monarca es la de ?ser espejo de las familias inglesas?; en términos reales, lo que quiere decir es que se espera que la conducta del monarca, tanto pública como privada, sea un ejemplo de la decencia que las familias inglesas tienen o aspiran a tener o aparentan tener. Esa fue una de las razones fundamentales por las cuales Eduardo VIII se vio obligado a abdicar al trono en 1936, al pretender casarse con una norteamericana en vías de divorciarse por segunda ocasión.

Los tiempos cambian pero la idea principal que nos mueve a la reflexión es que la presión de la opinión pública para que los notables de una sociedad tengan una vida acorde con lo que ellos (el respetable público) quieren, no es nueva ni mexicana. La exhumación y expulsión del panteón de los grandes hombres del cadáver del gran Mirabeaud, por ebrio y promiscuo, es otro ejemplo.

Sin embargo, destacan por su forma algunos ejemplos recientes. Por un lado, el caso de la señora esposa del ex gobernador Fausto Vallejo y por otro el de los diputados panistas filmados en su fiesta privada. Ni los diputados panistas ni la gestión de Vallejo me parecen especialmente loables. Digamos que, por lo que se puede ver en la calidad de los dictámenes que aprueban los primeros y por los datos duros del estado de Michoacán que se reflejan durante el gobierno del segundo, más bien son lo contrario. Pero no vamos por ahí.

En el caso de los políticos me interesa resaltar que, contrariamente a los escándalos de antaño, donde el funcionario simple y sencillamente presentaba su renuncia y no se volvía a saber de él el resto del sexenio, hay un intento franco, si bien tímido, nervioso y cabizbajo, de defensa. Los diputados dicen que las muchachas no fueron pagadas con dinero público, lo que a ojos de la sociedad mexicana es siempre un argumento inválido. ?Pues tu sueldo lo pago con mis impuestos?, contesta airadamente el ciudadano de a pie, comiendo en la comida corrida y escupiendo a la TV ante la inmoralidad de los blanquiazules. Porque, para los mexicanos, pagar impuestos siempre ha sido visto como un acto heróico, una carga casi bíblica, misionera. En contrapartida, tener un sueldo gubernamental, es siempre un privilegio, siempre excesivo y siempre inmerecido. Poco importa que en la vida real, a niveles equivalentes, los sueldos del servicio público sean irrisorios comparados con los de la iniciativa privada, igual de corrupta, ineficiente y que además no sólo se traga los impuestos (cuando los pagan) sino los ingresos completos de los mexicanos asalariados a cambio de bienes y servicios de tercera. Lo malo es que alguien tiene que seguir desasolvando las coladeras, expidiendo las licencias, patrullando las ciudades y redactando las leyes. Y no van a ser las agencias de publicidad.

En fin. Se espera, entonces, que los diputados sean ciudadanos ilustres en su vida privada. Y que, como su sueldo también es dinero público (no queda tan claro que la remuneración por mi trabajo le siga perteneciendo al alguien más, pero bueno) no deben gastar más que en lo que el pueblo considera prudente. Insisto: no el presupuesto de las Cámaras, el salario.

Por otra parte, Fausto Vallejo publica una carta exigiendo al periodista Loret de Mola que se retracte de acusaciones de vida privada (hasta sexual) y extorsiones relacionados con su esposa. Vallejo (o quien haya redactado la carta) propone que hay una clara línea que separa el escrutinio público de la función, también pública, del mero morbo o intromisión en asuntos que a todas luces pertenecen a la intimidad de las personas. Lo que aquí llama la atención son los comentarios en línea de los lectores. La mayoría son insultos furiosos, altisonantes, que no sólo le reclaman ser un ladrón, corrupto y análogos, sino que le exigen callarse. No decir nada a su favor, porque no tiene derecho. Eso es tan fuerte que no es posible dejarlo pasar. Es decir, una persona que fue gobernador parece estar obligado hacia la gente común y corriente a dejar que lo humillen, calumnien o difamen. Y también a su esposa. Porque, como político, eso y más merece, eso y más debe al pueblo. Él y su esposa. Porque antes que hombre y ser humano, es ex funcionario.

¿Será? En nada ayudan los criterios de órganos y organismos que conciben la defensa de los derechos humanos como el ataque frontal a todo lo que huela a gobierno. Hay demasiada tela para cortar. Sólo dejo un último apunte: me parece que en este país, en esta época, la democracia se concibe como un sistema en el que tengo derecho a calumniar, escupir y defecar encima del nombre y la reputación de cualquiera que haya llegado más alto que yo, por el motivo que sea. Resentimiento en estado puro. Si no fuera tan vergonzoso, sería espectacular.

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