El relativo silencio del Padre Solalinde debe estar siendo, para él, ya no un sapo que se tiene que comer, quizá como el platillo más desagradable en toda su carrera política, no solo eclesiástica, sino como un activista que ha demostrado sus firmes convicciones con hechos y dichos loables, valientemente y sin tapujos, en cuanto a los asuntos de política nacional (y aun internacional) a los que se ha acercado, siempre con el fin de ayudar al prójimo en general, y al tan sufrido migrante (y ahí entraría, como anillo al dedo, la figura de Jesucristo y su vida); ya no digamos un sapo, sino sopa de murciélago, rata o alguno de los excéntricos menús de los chinos, tan tristemente mencionados en estos días, por la epidemia de coronavirus, que está cimbrando al gigante asiático. Platos que también, por cierto, ha tenido que probar el presidente López Obrador, aunque son su oficio político, cercano al genio, esto no se note tanto, y pueda capotear con éxito a ese bravo toro que le están soltando en las conferencias mañaneras y en las envenenadas columnas periodísticas y comentarios insidiosos de comunicadores con doble o triple agenda, vía las redes sociales.

Pero veamos, por más que la oposición, ya de plano no solo derrotada moralmente, sino francamente raquítica y cómica, se rasgue las vestiduras por "los horrores cometidos por la guardia nacional en la frontera sur", cuando esta misma siempre estuvo en contra de estas expresiones del espeluznante fenómeno global migratorio, exigiendo siempre que se impidieran, aduciendo el término de "frontera porosa". Ellos saben, a la perfección, que la concesión del "murito" mexicano en su frontera sur, no es más que la cristalización de la obsesión del presidente Trump, desde candidato, por este tema y su cantaleta de construir un faraónico muro en nuestra frontera norte, y vaya que sí tenía fichas para negociar el profesional negociador Trump al respecto, simplemente tenía a México agarrado del cogote, con la firme y real amenaza de cancelar el anterior TLC o NAFTA (por sus siglas en inglés).

En este tenso ambiente, se desarrollaron las negociaciones bilaterales (o trilaterales, Canadá incluido), con el ingrediente extra de encontrarse México en un proceso de cambio de estafeta en su gobierno.

Al final, las negociaciones encabezadas por los señores Seade y Ebrard, y con la protección de López Obrador, fueron, para sorpresa de los más, exitosas, se renegoció el tratado trilateral, rebautizado como T-MEC, incluso con algunos beneficios extra para México, en este clima turbulento, es imposible pensar que nuestro país no estaba obligado a dar algo a cambio, y no iba a ser al antojo de nuestros negociadores; la sesión principal, que se arrancó de México por parte de los gringos, a manera de asalto, apuntándonos firme y amenazantemente con un arma en la cabeza, fue el sellar nuestra frontera sur, así vaya, con todo el dolor de su alma, contra los principios morales enarbolados por la cuarta transformación y su cabeza más visible. Es lo que Porfirio Muñoz Ledo, con su ya legendaria veta de soñador utópico y romántico (y ahí está la flamante Constitución de la Ciudad de México como ejemplo, cuya confección coordinó él mismo) parece (o dice) no entender; los operativos con la finalidad de asegurar nuestra frontera sur, que dicho sea de paso, es la primera vez que veo que a eso se le puede llamar "FRONTERA", se han hecho con pulcros métodos y profesionalismo, sin provocar un rasguño siquiera, mediante el diálogo y el convencimiento se han repatriado, en aviones del Estado mexicano, a muchos hermanos centroamericanos, no sin darles la opción de quedarse en México de manera legal, y con ofertas de trabajo, las más de las veces, rechazadas por los mismos (junto con cualquier comida que contenga frijoles).

En las ya citadas negociaciones bilaterales, y tras bambalinas, el paquete puede tener algunos otros tópicos en los que México gane, por ejemplo, la decidida investigación, por parte de autoridades estadounidenses, de los crímenes de Estado cometidos durante el vergonzoso periodo del espuriato (2000 - 2006), o ya coloquial y popularmente llamado BOROLATO, que tanto daño infringió ambas naciones, pero muy por sobre todo a México, y cuyas secuelas seguimos y continuaremos arrastrando solo Dios sabe por cuánto tiempo más; si se llega hasta las últimas consecuencias, y se llega a extraditar y procesar penalmente al ex presidente Calderón, por todas su barbaridades cometidas, créanme, nuestro país saldría ganando aún mucho más, que ya al poner en el sitio histórico que merece este nefasto personaje no estaríamos ganando poco. El gobierno de la 4T, así como David frente a Goliat, se enfrentó al imperio más poderoso en la Historia de la humanidad, y que no se dude algo: contra casi todo pronóstico, salimos adelante.