Percepciones. Televisión

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La pandemia es una oportunidad para sacar al viejo conejo de la chistera y reconquistar auditorios. Es una pena que los encargados de nuestra televisión no lo vean así.

¿Por qué no pensar en transmitir los cientos de conciertos de artistas famosos que tienen en sus videotecas?

“Cuando la televisión es buena, nada es mejor. Cuando es mala, nada es peor”Newton Norman Minow

 

Fui un niño de la televisión, no porque haya salido en su pantalla desde muy pequeño, sino porque nací pocos años después de su aparición en México y la veo desde que tengo uso de razón, a tal grado que me enamoré perdidamente de ella.

Esa fascinación se adentró en mi y encontró maneras de llevarme una y otra vez a ella hasta terminar por hacerla mi forma de vida. Si bien al principio mi sueño era salir a cuadro y leer noticias o ser cronista taurino, una vez que la conocí detrás de cámaras aquello fue el broche del lazo que sello de manera indisoluble mi vida a ella.

Y recorrí el camino de ser desde asistente de cámara, pasando por camarógrafo, jefe de piso, director de cámaras, editor, llegando a productor y con el tiempo directivo de varios canales. Aún hoy la encuentro fascinante y en donde que quiera que estoy hay una pantalla encendida.

En estos tiempos de confinamiento social he sostenido que la cuarentena saca lo mejor y lo peor de las personas y en el caso de nuestra TV resulta triste que nos entregue lo peor.

Porque al decretarse una orden de quedarnos en casa, los programadores de las televisoras deberían dar un paso al frente y no conformarse con atiborrarnos de noticias y mensajitos de lávate las manos o quédate en casa, sino ser mucho más creativos dejando de lado su muy aburrida y sosa programación para brindar contenidos interesantes.

Porque además, al proyectar series, películas y contenidos grabados, reduces el riesgo de mis queridos compañeros delante y detrás de cámaras al liberar horas de convivencia que pueden resultar riesgosas.

Tienen el ejemplo enfrente y no lo ven. A cada rato, en algún lugar del planeta, se programa un concierto de uno o varios músicos en Internet y aquello se vuelve la locura. ¿Por qué no pensar en transmitir los cientos de conciertos de artistas famosos que tienen en sus videotecas?

Tienen películas que son verdaderas joyas y que tienen probada audiencia, ¿por qué no programar seriales de Pedro Infante, de Joaquín Pardavé, de Resortes, Clavillazo, Viruta y Capulina? Tienen miles de horas grabadas con partidos de futbol y los aficionados están ávidos de volver a disfrutar su deporte favorito, ¿es tan difícil pensar que todos los sábados y domingos puedas programar la repetición de partidos importantes o famosos?

Pero no, nos tienen atados a sus mismos contenidos aburridos, esos que está por demás demostrado han sido rebasados por los canales de paga. Y lo peor está por venir ya que en unos días será Semana Santa y volveremos a ver las mismas películas que nos ensartan año con año, esas que nadie mira.

La pandemia es una oportunidad para sacar al viejo conejo de la chistera y reconquistar auditorios. Es una pena que los encargados de nuestra televisión no lo vean así.

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