Columnas

“Renunciar a la ciencia, hacer demagogia”. Andrés Manuel, lee por favor a Ricardo Raphael

Estrella de rock and roll que quiere ser presidente de la nación

Debemos contar mil veces la historia de cómo en México la politiquería mató a la ciencia

Dedicado a Marcela, el artículo de este sábado de Ricardo Raphael en Milenio“Daño irreparable”— debe ser leído varias veces por el presidente de México.

El columnista comienza contando que el pasado jueves fallecieron sus suegros —María Ester Gómez Monroy, Salvador Azuela Arriaga, “padre y madre bondadosos y amados”— y otras mil 801 personas.

Los mató el Sars-Cov-2, sin duda, pero también la necedad de un supuesto especialista con posgrado en Estados Unidos quien olvidó la ciencia para jugar a la política.

La pandemia, que en México ha sido utilizada por Hugo López-Gatell como instrumento de popularidad y símbolo de poder, ya ha matado a más de 147 mil personas.

Narra Ricardo Raphael que “Ester y Salvador perdieron la vida al mismo tiempo que salió volando por los aires el sistema de salud en la mayoría de las regiones del país. Cuando encontrar oxigeno se volvió un milagro, cuando no hay camas en los hospitales, cuando el personal médico ha llegado al límite de sus fuerzas, cuando faltan medicinas y equipo”.

La pandemia nos ha derrotado por su propia fuerza, evidentemente, pero también por no haber hecho lo correcto desde el principio.

El libro

Ricardo Raphael cita las conclusiones de la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie, jefa del laboratorio de genética molecular de la facultad de odontología de la UNAM, autora del libro Un daño irreparable: “El fondo del abismo no lo podemos siquiera imaginar”. Ello porque ha sido criminal la gestión de las políticas para atender la pandemia.

Laurie Ann Ximénez-Fyvie ha analizado “las decisiones tomadas durante los últimos 11 meses por el zar anticovid mexicano, el doctor Hugo López-Gatell”.

El crimen cometido por el rockstar de la epidemiología “no ha sido intencional ni premeditado, pero es el resultado de un grupo de médicos que renunciaron a la ciencia porque su móvil principal se volvió la política”.

El libro mencionado “es un esfuerzo serio por recorrer cada uno de los momentos, decisiones y discursos en que la ciencia —y los verdaderos científicos— fueron arrojados por el cubo de la escalera”.

Por más que Gatell haya logrado, con propaganda de calidad, convencer a personas inteligentes e influyentes de que hizo lo correcto, lo cierto es que nadie, como dice Ximénez-Fyvie, ni el jefe de la estrategia anticovid, “puede resistir un archivo”.

Vale la pena reconstruir la historia de la manera en que Hugo López-Gatell buscó acabar con la pandemia.

El presidente historiador (Krauze dixit) debe contarse a sí mismo esa historia 

La historia es importante, pero no hablo en esta ocasión de las hazañas de los héroes de la patria, sino nada más de recordar el origen del problema.

En su columna de SDP Noticias, el analista Javier Treviño recuerda un curso que hace años tomó en Harvard “sobre el uso de la historia para la toma de decisiones”.

No sabía yo que que existe la “Ley de Goldberg”, llamada así por el director general de una cadena de tiendas de Nueva Inglaterra, Stop and Shop. Este tipo decía: “Cuando uno de mis gerentes viene conmigo, nunca le pregunto ¿cuál es el problema? Lo que le digo es, a ver, cuéntame la historia. De esa forma, yo puedo encontrar lo que verdaderamente es el problema”.

Laurie Ann Ximénez-Fyvie cuenta en su libro Un daño irreparable la historia de lo mal que se administró la pandemia en México desde el principio. Ricardo Raphael, en su columna de Milenio, sintetiza esa historia, que es la de una enorme irresponsabilidad. Yo mismo tomo lo que ella y él han dicho para que no se nos olvide la historia de cómo se transformó el conocimiento científico en politiquería dando como resultado una brutal tragedia.

No ha sido culpa del presidente López Obrador, quien confió en un especialista en epidemias con excelente currículo. AMLO fue engañado, pero ya no hay razones para insistir en dejar el manejo de algo tan delicado en manos de un merolico con títulos de la Universidad Johns Hopkins.

Sintetizo la historia de lo que ha hecho Gatell tal como la cuenta Ricardo Raphael tomada del libro que aquí se ha comentado:

√ “Ximénez contrasta a López-Gatell contra López-Gatell para exhibir las innumerables incoherencias, contradicciones, mentiras y frivolidades pronunciadas por el subsecretario de Salud, desde el 27 de febrero de 2020 hasta el 10 de enero de este año”.

√ “Un daño irreparable es un resumen pertinente de una política epidemiológica” inflexible y arrogante.

√ Arrogancia que llevó a la “temprana necedad de López-Gatell por descalificar el uso de cubrebocas, con tal de agradar a un jefe que se negó en redondo a utilizarlo”.

√ Arrogancia que impidió un programa de pruebas diagnósticas masivas.

√ Arrogancia que estuvo detrás de “la asesina recomendación para que se quedaran en casa las personas contagiadas, a menos que tuvieran síntomas graves”.

√ Arrogancia para difundir y después olvidar como si nada hubiera pasado el fallido sistema Centinela.

√ Arrogancia para presumir, para después simple y sencillamente ignorar, un modelo matemático “supuestamente diseñado por científicos de Conacyt, pero alimentado con información chatarra”.

√ Arrogancia que se transformó en cinismo criminal al hablar de “las bondades de la inmunidad comunitaria —ofensivamente llamada de rebaño— como principal solución a la crisis sanitaria”.

√ Arrogancia para inclusive proponer que lo mejor que podía pasar al presidente López Obrador era que “adquiriera la enfermedad para luego volverse inmune”.

√ Arrogancia para declarar la guerra a las vacunas que López-Gatell, “para fortuna del país, perdió frente a otros integrantes del gabinete”. Se desperdició tiempo valioso y vamos con retraso en la campaña de inmunización, pero nunca es tarde para hacer lo correcto.

√ Ya no les dio tiempo a la autora del libro Un daño irreparable y al columnista de Milenio de contar el más reciente capítulo de la historia de López-Gatell: rechazar la posibilidad de que gobiernos locales y empresas privadas salgan al mercado a buscar vacunas para ayudar al agobiado gobierno federal. Eso ya era demasiado y el presidente AMLO simple y sencillamente ignoró la recomendación de su especialista y estableció reglas para que, cuando estén disponibles las vacunas, puedan comprarlas y aplicarlas gobernadores y empresarios que cumplan con las normas.

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Si Andrés Manuel se da tiempo de revisar la historia del rockstar de la epidemiología encontrará el verdadero problema que ha agravado la pandemia en México.