Columnas

Hace falta contarle al presidente López Obrador la historia de la DEA para que él mismo encuentre lo que verdaderamente es el problema.

El presidente de México conversó con el presidente Biden ayer. Desde Monterrey, hablaron por teléfono sobre migración, covid-19, cooperación para el desarrollo y bienestar. AMLO dice que serán buenas las relaciones por el bien de nuestros pueblos y naciones. Me sorprendió que el comunicado del gobierno de México no menciona ni una palabra sobre la cooperación de ambos países en el combate a la delincuencia organizada.

Cuando estudié la maestría en políticas públicas en Harvard, de 1985 a 1987, analicé el caso de la DEA. Me interesaba entender a las organizaciones que participaban en la política antinarcóticos de Estados Unidos y su impacto en México.

Tomé un curso extraordinario, con Richard Neustadt, Ernest May y Greg Treverton, sobre el uso de la historia para la toma de decisiones. Y en una de las clases nos enseñaron que existe la “Ley de Goldberg”. Y no se referían a ningún personaje famoso, sino al director general de una cadena de tiendas de Nueva Inglaterra, que se llamaba Stop and Shop. Y en síntesis decía: “Cuando uno de mis gerentes viene conmigo, nunca le pregunto ¿cuál es el problema? Lo que le digo es, a ver, cuéntame la historia. De esa forma, yo puedo encontrar lo que verdaderamente es el problema”.

Mucho se ha hablado, en los medios y en las mañaneras, de la DEA y el caso del general Cienfuegos. Se cerró la puerta a la colaboración bilateral. No estoy seguro de que haya sido una buena idea. Creo que hace falta contarle al presidente López Obrador la historia de la DEA, la agencia del gobierno de Estados Unidos encargada de combatir el tráfico de drogas, para que él mismo encuentre lo que verdaderamente es el problema.

El presidente Richard Nixon creó la DEA en 1973, como resultado del “Plan de Reorganización No. 2”. La nueva organización absorbió varias agencias federales existentes cuya misión era la de colaborar en el esfuerzo de reducción de la oferta de drogas en Estados Unidos.

La nueva agencia incluyó a:

a) El Buró de Narcóticos y Drogas Peligrosas del Departamento de Justicia, el cual representaba el 75% del personal de la nueva DEA. Esta organización, a su vez, era producto de una reorganización anterior que unió al Buró Federal de Narcóticos del Departamento del Tesoro y al Buró de Control de la Drogadicción de la Administración de Alimentos y Medicamentos.

b)Dos organizaciones especializadas, la Oficina de Aplicación de la Ley contra la Drogadicción y la Oficina Nacional de Inteligencia sobre Narcóticos.

c) Un grupo de agentes y personal de apoyo que provenían del Servicio de Aduanas y que contaban con gran experiencia en actividades de investigación sobre contrabando de narcóticos.

El objetivo de esta reorganización era unir todas esas agencias para mejorar la coordinación y la efectividad en la lucha contra las drogas. Sin embargo, desde el nacimiento de la DEA, y como resultado de esta complicada reorganización, aparecieron serios conflictos burocráticos.

La DEA fue reconocida, en los primeros años de su existencia, como la organización a cargo de las tareas de aplicación de la ley antinarcóticos en la arena internacional. Era, a principios de la década de los años setenta del siglo pasado, la unidad burocrática responsable de articular una estrategia nacional e internacional de reducción de la oferta de narcóticos. La DEA siempre ha creído que tiene una misión que cumplir en el exterior.

Sin embargo, en 1978, con la creación, en el Departamento de Estado, del Buró de Asuntos de Narcóticos Internacionales, su función se vio limitada. De inmediato surgió un conflicto burocrático.

Uno de los elementos más importantes de la misión de la DEA en el extranjero consiste en recopilar inteligencia que pueda ayudar a identificar la capacidad de producción, los sitios de procesamientos, las rutas, métodos y tendencias del narcotráfico y las organizaciones criminales.

Bajo la guía del Departamento de Estado y sus embajadores, la DEA sigue siendo la agencia responsable de todos los programas relacionados con la aplicación de la ley en otros países. Actúa también como vínculo con Naciones Unidas, INTERPOL y otros organismos internacionales.

La DEA trabaja muy de cerca con el FBI, Aduanas, Guardacostas y otras agencias federales en operaciones internacionales. Los agentes de la DEA, así como sus analistas de inteligencia, trabajan en otros países, para participar en operaciones específicas.

Los agentes construyen una red de informantes y, en ese esfuerzo, algunas ocasiones se involucran en asuntos políticos internos del país en donde se encuentran. Se ha llegado a argumentar que, en ciertos países, los agentes de la DEA recaban más inteligencia política que la que recopilan los mismos agentes de la CIA.

Los agentes de la DEA tienen como misión identificar y detener a los principales miembros de las organizaciones criminales más poderosas que participan en la producción y distribución de drogas. Con esto se intenta reducir la disponibilidad de drogas en el mercado interno estadounidense. El método de operación de la DEA se basa en el sistema de casos, a fin de penetrar en las cadenas del tráfico de drogas.

Los funcionarios de la DEA y los agentes antinarcóticos saben de la importancia política, económica y social vinculada al problema de las drogas. Ellos sienten que están en una “guerra permanente”. El triunfo radica en lograr un buen número de aseguramientos y de arrestos de narcotraficantes poderosos.

En su intento por asegurar grandes cargamentos, de realizar arrestos y de romper las redes de las organizaciones criminales que operan a nivel internacional, la DEA considera que el problema de las drogas debe ocupar un lugar prioritario en la agenda gubernamental. Incluso creen que es más importante exponer a los funcionarios corruptos ante la opinión pública, aun cuando esta medida pueda causar una disrupción de la estabilidad política de un país.

De vida o muerte

Uno de mis profesores de la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard, Mark Moore, ha escrito sobre los problemas institucionales de la forma de operar de la DEA:

“Los agentes de la DEA no entienden sus funciones como “planificadores de políticas” o como “diseñadores de instituciones”. Ellos están entrenados para elaborar casos criminales. Su inclinación natural fue reforzada por un sistema de evaluación formal que ponía un gran énfasis en la producción de casos. En consecuencia, "en lugar de desempeñar el papel de asesores en la creación y entrenamiento de fuerzas policiacas, o el papel efectivo de vinculación en la formulación de casos específicos, los agentes tratan frecuentemente de operar por sí mismos, siguiendo la pista de casos en Marruecos como lo hacen en la ciudad de Nueva York. Cuando el idioma o las barreras políticas frustran sus actividades de formulación de casos individuales, los agentes entran en una etapa de nostalgia y desean regresar a casa”.

De lo anterior se puede comprender que la DEA está interesada en recopilar inteligencia, arrestar traficantes y romper las redes de distribución. En virtud de la geografía, en el caso mexicano, con mayor razón, el tráfico, y no la producción, es el foco de atención para los agentes de la DEA. La posibilidad de colaboración con el gobierno mexicano es de vida o muerte.