Opinión

    El lastre de la cancillería

    Es decir, si cae Ebrard, que caiga él, que no arruine a todo un proyecto de cambio político
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    Por Federico ArreolaMay 04, 2021 at 11:36 am CDT

    Hay corrupción en las obras públicas por varias razones: si su costo es excesivo, si resultan inútiles y sin son peligrosas para la población.

    Uno de los grandes monumentos a la corrupción mexicana es la línea 12 del metro de la Ciudad de México.

    Tal obra pública, realizada durante el gobierno de Marcelo Ebrard en el entonces Distrito Federal, sin duda cumple con todos los requisitos para ser considerada la campeona en la olimpiada nacional de la corrupción.

    La línea 12 del metro capitalino es nuestra mejor carta para presentarla en el campeonato mundial de la corrupción; de menos lograría la medalla de plata y tendría amplias posibilidades de quedarse con la de oro.

    La línea 12 del metro de la Ciudad de México, estará de acuerdo el presidente López Obrador, está entre lo peor de lo peor en la historia de las obras públicas costosas, inservibles y peligrosas.

    Costó demasiado, mucho más que obras similares en otros países; su servicio ha sido pésimo, ya que ha estado parada demasiado tiempo por fallas de todo tipo, y ahora su mal diseño estructural ha costado la vida de más de 20 personas y este número podría crecer porque hay bastantes heridos.

    ¿Es la línea 12 del metro una obra del periodo neoliberal? Sí y no.

    Se construyó durante el gobierno federal de Felipe Calderón, quien la inauguró risa y risa con Marcelo Ebrard; era la risa de alguien que pretendía burlarse de AMLO porque, al fin, el ilegítimo Calderón logró poner a comer de su mano a alguien cercano al entonces presidente legítimo de México.

    Pero lo cierto es que no fue una obra de la administración calderonista, sino del gobierno de izquierda de Ebrard.

    El problema para Andrés Manuel López Obrador es que Ebrard ahora mismo es uno de los próceres de la 4T.

    De hecho, cuando construyó la línea 12 del metro ya era Ebrard uno de los próceres del movimiento de AMLO.

    Personalmente nunca lo vi como prócer de nada, sino como lastre porque considero a Marcelo Ebrard no un político de principios, sino un ambicioso vulgar.

    Hoy la tragedia de la línea 12 golpea a una mujer que verdaderamente es un activo de la 4T, Claudia Sheinbaum, quien heredó una Ciudad de México prácticamente en ruinas después de dos administraciones fallidas, la de Marcelo Ebrard y la de Miguel Ángel Mancera, todos apoyados por la izquierda mexicana para llegar al poder en la capital de nuestro país.

    Los dos primeros gobernantes de izquierda de la CDMX realizaron muy buen trabajo. Lo que sea de cada quien, destacaron por honestos, trabajadores y eficientes tanto Cuauhtémoc Cárdenas como Andrés Manuel López Obrador.

    Ebrard no estuvo a la altura de sus antecesores, lo que se evidenció cuando quedó al descubierto la gran corrupción de su gobierno, particularmente la de la línea 12 del metro.

    Mancera gobernó igualmente muy mal. Lo que mejor que pudo haber hecho, castigar la corrupción de Ebrard, quedó a medias: demostró que todo estaba inadecuadamente construido en la línea 12, pero no fue capaz de castigar al hoy canciller. Mancera hizo política, pues, y no aplicó la justicia.

    Sheinbaum ha heredado esa obra que estuvo mal construida y que recibió, por lo visto, un pésimo mantenimiento en la pasada administración capitalina. No es lo único que está mal hecho en la CDMX; lo ha atendido la jefa de gobierno, pero a nadie le da la capacidad para resolver tantos problemas a la vez.

    Si alguien del actual gobierno capitalino falló en el mantenimiento de la línea 12, deberá ser castigado. Pero se equivocará Claudia si no va al mero origen del problema: la construcción de esa obra en tiempos de Ebrard y la irresponsabilidad de Mancera al dejarla operar si no había condiciones para ello.

    Andrés Manuel si no quiere que el prestigio de la 4T se manche muy fuertemente, deberá permitir que se investigue y, si hay elementos para hacerlo, se castigue a Ebrard. Y al dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, quien manejó los dineros de esa obra tan cuestionada. 

    No puede ser que la peor obra pública de la historia —por costosa, inservible y peligrosa—, construida en el sexenio de Ebrard, deba sumarse a los pasivos de la 4T.

    Marcelo Ebrard se ha hecho a sí mismo fama de operador eficiente porque, en el gobierno de AMLO, en todo se mete: compra pipas de gasolina, persigue migrantes pobres, grilla a embajadoras de carrera, compra vacunas, escribe en ruso y pone cara de trascendente en las mañaneras.

    Si ese es el eficiente de la 4T —ese, en efecto, el que construyó la que probablemente sea la peor obra pública de la historia—, pues entonces la gente empezará a pensar que Andrés Manuel no tiene equipo que valga.

    Pero sí tiene, así que sobra gente competente para reemplazar a Ebrard y a cualquier funcionario que realice indebidamente su trabajo.

    Hay muchas razones para cuestionar el trabajo de Ebrard como canciller, pero ninguna es tan grave como para que se le despida de inmediato.

    Es su pasado, que lo alcanzó, el que exige la destitución del canciller.

    Ebrard será investigado por el gobierno de la CDMX —no puede Claudia Sheinbaum dejarlo fuera de las pesquisas solo por razones políticas; no lo hará, no ella, mujer de principios para nada especializada en la grilla barata—, y si se le investiga con seriedad, entonces podría el canciller resultar culpable.

    Porque, no lo olvidemos, ya anunció Claudia que en la investigación participarán expertos extranjeros. Se les debe pedir que vayan mucho más allá de averiguar por qué se cayó un puente es decir, ¡¡¡deben ya auditar todo lo relacionado con la línea 12!!! Desde sus precios hasta sus materiales y su ingeniería. Y que caiga quien caiga.

    Ya cayó un tren y murieron personas. La oposición, lógicamente, está aprovechando para hacer política contra la 4T. Son tiempos electorales y se vale, es legal, así sea con recursos propagandísticos  muy poco éticos.

    El siguiente en caer no debe ser el prestigio de AMLO y la 4T. Por lo tanto, la lealtad no debe llevar al presidente López Obrador a mantener en su cargo a un funcionario tan cuestionado.

    Es decir, si cae Ebrard, que caiga él, que no arruine a todo un proyecto de cambio político que, no tengo dudas, es la última esperanza para que México salga del lamentable subdesarrollo en el que se encuentra.