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El destierro de Arístides y las motivaciones psiquiátricas de la derecha contra AMLO

AMLO. Presidente de MéxicoTomada de Video

Juran que no insultan y calumnian a AMLO por razones económicas o políticas. Entonces, ¿por qué el odio contra el tabasqueño que solo hace su trabajo?

Leí por ahí que no se debe escribir Arístides, sino Aristides (sin tilde). No es una duda mayor, pero existe. Su sobrenombre no genera dudas: el Justo. Evidentemente —el mote lo dice todo—, era un político con enorme reputación. El historiador Heródoto (o Herodoto, se vale quitarle el acento) y el filósofo más sabio, Platón, calificaban a Arístides como el mejor hombre de Atenas, lo que es decir.

Pero, a pesar de sus méritos, Arístides fue ostraquizado, ¿o lo correcto será ostracizado? Lo que sea, se le envió al ostracismo o al destierro.

Interesante institución la del ostracismo. La inventó Clístenes, el primer gobernante democrático —aunque, lo leí en Historia de los griegos, de Indro Montanelli—, a veces se veía obligado a recurrir a ciertas formas autoritarias para que la democracia se impusiera.

En asamblea, los atenienses escribían en un pedazo de cerámica (óstrakon), normalmente en forma de concha, el nombre de quien cada ciudadano pensaba debía ser desterrado por considerarlo problemático, antisocial o por cualquier otro motivo. Se votaba y el perdedor marchaba al ostracismo, donde permanecía diez años. #ExilioNecesario, pues.

Nadie se salvaba. El propio inventor del ostracismo, Clístenes, fue ostraquizado. El célebre Arístides, también.

La razón por la que desterraron a Arístides invita a la reflexión. Un ciudadano que no sabía escribir le pidió que escribiera en su óstrakon el nombre de la persona a la que sugería enviar al exilio, que era ¡el propio Arístides! Este le preguntó al analfabeta que si Arístides le había hecho algún daño, y recibió la esperada respuesta: “Ni lo conozco. Pero me molesta que por todas partes le llamen el Justo”. Resignado, el Justo escribió su propio nombre.

Políticos y empresarios como Felipe Calderón, Gustavo de Hoyos y Javier Lozano, lo mismo que columnistas de distintos diarios o revistas (Denise Dresser, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Jesús Silva-Herzog Márquez, Valeria Moy, Francisco Martín Moreno, Raymundo Riva Palacio, Macario Schettino, Leo Zuckermann, Pablo Hiriart, etcétera) han decidido trabajar juntos y bien orquestados en el mismo proyecto: destruir al gobierno del presidente López Obrador.

Varias veces he dicho que tales protagonistas de la vida pública mexicana se han organizado contra Andrés Manuel porque han perdido privilegios; pero estas personas lo niegan: juran que no atacan, insultan y calumnian a AMLO por razones económicas y ni siquiera políticas.

Aceptemos que no mienten; entonces, ¿por qué tanto odio contra el tabasqueño? Solo hay una respuesta posible: lo detestan por su excelente reputación, más que consolidada, entre la mayoría del pueblo de México. En realidad sus críticos no conocen a Andrés Manuel, pero les molesta que la gente lo respete y lo quiera.

El gran problema de la derecha mexicana radica en que muchas veces no actúa por motivaciones políticas o ideológicas, sino psiquiátricas.