De niño, tenía un sueño: quería tener mi propia bicicleta. Cuando me dieron la bicicleta, me sentía como el chico más feliz de Liverpool, quizás el más feliz del mundo.<br>La mayoría de los niños dejaban sus bicicletas en el patio durante la noche. Yo no. Insistía en guardarla en la casa. La primera noche que pasé con ella, la puse en mi cama.<br>

John Lennon.

“Eligen a Ramirez Cuellar para sacar del atasco a Morena”. Esta es la nota principal de La Jornada de hoy lunes 27 de enero de 2020.

Se refiere a lo que ayer ocurrió en el sexto Congreso Nacional Extraordinario de Morena , que eligió a Alfonso Ramírez Cuéllar como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partido.

El evento se celebró en la Sala de Sala de Armas Fernando Montes de Oca del autódromo Hermanos Rodríguez.

Los mil 310 congresistas que asistieron —de alrededor de 2 mil 600, dice La Jornada— compartieron el estacionamiento con aficionados al ciclismo que se ejercitan en ese lugar porque su pista es bastante buena y, sobre todo, segura.

A veces voy al autódromo capitalino con mis nietos; a pasear en bicicleta, sí. Ayer lo hice. Al llegar me di cuenta de que la gente de Morena había alquilado la Sala de Armas para alguna reunión. Pero no investigué más.

Supe que se trataba de un evento de lo mejor de Morena —la militancia decente, honesta, de principios firmes— cuando mi hijo, quien llegó en su propio coche, me comentó que había saludado a Rafael El Fisgón Barajas, un intelectual ciento por ciento íntegro.

Pregunté a otras personas que iban al congreso extraordinario y me dijeron que iban a elegir un nuevo dirigente porque están “hasta la madre” de las formas poco democráticas de la hasta ayer dirigente del partido Yeidckol Polevnsky.

¿La “hasta ayer dirigente de Morena”? En realidad, no será tan fácil la limpieza de ese partido.

Polevnsky recurrirá al tribunal electoral y, mucho me temo, va para largo el atasco en el que cayó Morena.

En las vueltas que dimos a la pista del autódromo jugaba con mis nietos mayores —de 9 y 7 años de edad— a que se estaban entrenando para participar en el próximo Tour de Francia y ganar tal competencia.

Admiro el idealismo de gente tan vertical como El Fisgón, pero creo que si le preguntara —¿qué es más fácil, (i) que mis nietos ganen el Tour o (ii) que Polevnsky deje ya la dirección de Morena—, el extraordinario monero de la Jornada me respondería que la realista es la primera opción.

En sus tiempos de dirigente del PAN, Luis H. Álvarez decía que había que ganar el poder sin perder el partido.

El panismo no logró hacerlo. Llegó con Vicente Fox a la presidencia de México y el PAN enfermó gravemente. Murió como partido político con credibilidad en el sexenio de Felipe Calderón, quien llegó a Los Pinos gracias al peor fraude electoral de la historia.

Algo descuidó Andrés Manuel López Obrador en Morena ya que, desde que él ganó las elecciones presidenciales y dejó de meterse en la operación del partido, este se ha hundido en el pantano de la división interna causada, sobre todo, por las ambiciones de una líder sin autoridad moral.

A la gente honesta de Morena le ha costado mucho trabajo higienizar su casa. Terminarán la tarea, estoy convencido de ello, pero todavía deberán pasar por muchas situaciones complicadas. A Yeidckol Polevnsky, desgraciadamente, el sistema legal que regula a los partidos políticos le ofrece recursos de sobra para aferrarse a su cargo, y ella enferma de poder no vacilará en utilizarlos.

Lo mejor sería que Polevnsky entendiera que desde hace tiempo, ya demasiado tiempo, su estilo casi priista es un lastre en Morena. Debería entenderlo y retirarse.